La violencia que se esconde dentro del movimiento LGBT que no se comenta

Como todos saben, hoy día la violencia de género se destaca y se combate con vehemencia de muchas formas, los especialistas, la prensa y las redes sociales ayudan  a concientizar a las personas sobre el tema, sin embargo, se comenta y se habla muy poco sobre la violencia que existe entre todas las personas que componen el movimiento LGBT , esto porque según algunos estudios existe más promiscuidad y más infidelidad en las personas que pertenecen a todos esos grupos y ocultan estos hechos porque los índices son mucho más altos que entre los heterosexuales como lo veremos a continuación.

Se afirma que la violencia intragénero, es aquella que se produce dentro de las relaciones, ya sean matrimoniales o no, entre personas del mismo sexo.

Los datos sobre violencia intragénero se vienen publicando hace ya algún tiempo, por ejemplo, un reportaje publicado en un sitio de Internet denominado religiónenlibertad.com menciona un estudio titulado “Victimization and Perpetration Rates of Violence in Gay and Lesbian Relationships: Gender Issues Explored”, publicado en 1997 en la revista Violence and Victims, revela que sobre una muestra de 283 personas homosexuales, el 47,5% de las lesbianas y el 29,7% de los varones gays había sido víctima de acciones violentas perpetradas por una pareja del mismo sexo”. https://www.religionenlibertad.com/polemicas/48936/las-cifras-del-matrimonio-gay-mas-breve-y-mas-conflictivo-segun.html

Un sitio denominado colegas.com nos explica que “Hay estadísticas de los Estados Unidos, el Reino Unido y Australia y todos tienen casi la misma información. En los Estados Unidos, el Centro para el control de la enfermedad hizo una encuesta de cuantas personas LGTB han sido una víctima de la violencia doméstica. El porcentaje de ‘sí’ fue 38% para las lesbianas, 61.1% para las mujeres bisexuales, 25% para los hombres homosexuales, y 37.3% para los hombres bisexuales. Otra encuesta dice que 34.6% de todas las personas transgéneros han sufrido la violencia doméstica.  Stonewall, una ONG en el Reino Unido hizo una encuesta y una cuarta parte de las lesbianas y mujeres bisexuales y la mitad de los hombres gais y bisexuales respondieron sí. La encuesta del Centro de investigación australiano de salud y sexualidad dice que en la población LGTB, 41% de los hombres y 28% de las mujeres han sufrido la violencia doméstica”.

“En comparación, 35% de las mujeres heterosexuales y 29% de los hombres heterosexuales han sido víctimas en los Estados Unidos. El porcentaje para el Reino Unido es 25% para todas las mujeres y 16.6% para todos los hombres, independientemente de la orientación sexual”. Todos los países tienen sus propias estadísticas, pero el resultado mundial es que las parejas LGTB sufren la violencia doméstica en casi la misma proporción que las parejas heterosexuales”.  http://www.colegas.lgbt/violencia-intragenero/

Y la Escuela de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern, en Chicago, señala que “Las tasas de violencia doméstica entre parejas del mismo sexo son consistentemente más altas que las de parejas heterosexuales”, afirmó Richard Carroll, psicólogo y coautor del informe”.

Un estudio en Estados Unidos indica que las relaciones entre parejas del mismo sexo sufren niveles mucho más altos de violencia doméstica que sus contrapartes heterosexuales. Es un problema que, hasta hace poco tiempo, ni la sociedad en general ni la misma comunidad LGBT (a lesbianas, gais, bisexuales y transexuales) querían afrontar muy abiertamente”. “La nueva realidad de uniones civiles y matrimonios gay en EE. UU. ha cambiado la percepción de este problema y varias instituciones desde el ámbito gubernamental hasta el comunitario están tomando cartas en el asunto”. https://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/11/141120_cultura_violencia_domestica_parejas_homosexuales_wbm

Además, existen otros problemas de desigualdad y de violencia, que se publican muy poco, un ejemplo es el caso de la luchadora Shang Mau Bi que murió tras ser golpeada por Nilika Dobronev, un hombre que se cree mujer y participa en la liga femenina de Vale Todo, aquí uno se pregunta ¿acaso no hay violencia y abuso cuando se sabe que un hombre (aunque se crea mujer) es más fuerte que la mujer?

Interesante hasta donde han llegado las cosas, ¿no les parece?

https://www.elmundo.cr/la-violencia-que-se-esconde-dentro-del-movimiento-lgbt-que-no-se-comenta/

Aborto libre: ¿De qué lado está la evidencia?

Aborto libre: ¿De qué lado está la evidencia?

Independiente de la cantidad de muertes, el aborto clandestino es una realidad extendida en Chile con más de 100.000 por año, lo que pone en riesgo potencial a las mujeres. La evidencia al respecto es más cauta en este punto. Amnistía Internacional (2016) muestra que las cifras de aborto pueden rondar entre los 33.000 , 70.000 o 160.000 al año, según tres estudios diferentes. Me parece que, si se quiere llevar un debate serio sobre el aborto, los dirigentes no pueden seguir sosteniendo discursos que no representan la realidad del país. Es urgente que se hable con transparencia a la ciudadanía y sin caricaturizar posturas. Esto recién comienza y el tiempo dirá si la evidencia es tomada en cuenta.

La marcha pro un aborto libre se basa en el lema “Educación para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”. Hasta ahí sería insensato no dar cabida en la legislación del país a mujeres que están muriendo. Hagamos “doble clic” sobre este punto y revisemos qué dice la evidencia científica al respecto.

Según el estudio de Donoso y Oyarzún (2004) Chile entre 1990 y 2000 redujo en un 50% la tasa de muerte materna, convirtiéndose en el país más seguro de la región. Más aún, en otro estudio (Donoso, 2004) calcula la tasa de mortalidad materna multiplicando la cifra oficial por la estimación de subregistros, es decir, agregado los casos teóricos de abortos clandestinos, estimando una cifra máxima entre 2 a 4 mujeres por año. Lo más interesante de todo esto, es que los científicos no creen que el aborto legal solucioné las muertes maternas que aún persisten en el sistema, sino que se debe abogar por políticas de prevención del embarazo no deseado (Szot y Moreno, 2003).

Un segundo punto muy interesante, es que, independiente de la cantidad de muertes, el aborto clandestino es una realidad extendida en Chile con más de 100.000 por año, lo que pone en riesgo potencial a las mujeres. La evidencia al respecto es más cauta en este punto. Amnistía Internacional (2016) muestra que las cifras de aborto pueden rondar entre los 33.000 , 70.000 o 160.000 al año, según tres estudios diferentes.

La presentación de estas cifras es poco rigurosa, porque no distingue entre abortos espontáneos y abortos inducidos. La cifra de 33.000, es corroborada por el investigador Elard Koch (2014) a partir de las tipificaciones CIE-10, contemplando aborto espontáneos e inducidos, estimando un máximo de 18.071 abortos provocados por año. En segundo lugar, el informe anual de Derechos Humanos de la Universidad Diego Portales  (2013) asegura que hay entre 60.000 y 70.000 abortos por año: sin embargo, no se logra distinguir entre abortos espontáneos o provocados.

Al consultar la referencia utilizada para estimar esta cifra, no se encuentra disponible en la página web indicada (además que la página no cuenta con una sección de investigación científica sobre aborto, y sí sobre otros temas médicos). Por último, la cifra de 160.000 abortos por año ha sido la más cuestionada. Según el estudio de Jorge Szot (2008) está cifra se desprende de un informe del Instituto Guttmacher (s/f). Ahora bien, el mismo instituto (2016) indica que las cifras que superan los 60.000 abortos por año no han sido corroboradas. Además, dos estudios (Koch et al, 2012; Koch et al, 2014) critican que esta cifra (160.000) fue calculada en Chile bajo serias falencias metodológicas: esto fue advertido primero en Colombia cuando se usó una metodología similar (encuestas de opinión subjetivas) y se entregó una cifra de 1 aborto por cada 1,8 nacidos vivos.

Un último punto, que ha enfrentado a la sociedad es que el aborto seguro es un privilegio de los ricos (que los justifican como apendicitis). No olvidemos que la ex Ministra Helia Molina hizo una acusación grave a las clínicas privadas, lo que a lo postre le costaría el cargo, precisamente porque la evidencia muestra lo contrario. El estudio de Koch (2012) demostró que desde el cambio de ley en 1989 que restringió el aborto en todas sus causales, no ha habido aumento en hospitalizaciones por apendicitis u otras cirugías comunes.

A nivel internacional, la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2012) asegura que “los abortos que cumplen con los requisitos de seguridad se convierten en el privilegio de los ricos” (p.18), basándose en el estudio de Shusheela Singh y colaboradores (2009). Sin embargo, los datos que entrega este estudio sólo muestran que en 4 países (Uganda, Pakistán, México y Guatemala) hay diferencias en el acceso a atención médica post abortos clandestinos entre las categorías “pobres” y “no pobres”, pero en ningún momento entrega evidencia sobre abortos realizados por gente con altos ingresos económicos. Es imposible pensar que la sociedad se divide entre pobres (que según Casen presentan el 13% de la población) y no pobres (el otro 87%). Quizás habría que indagar si está cifra aumentó en el extranjero, pero hacer un rastreo de este tipo a nivel científico resulta imposible.

Me parece que, si se quiere llevar un debate serio sobre el aborto, los dirigentes no pueden seguir sosteniendo discursos que no representan la realidad del país. Es urgente que se hable con transparencia a la ciudadanía y sin caricaturizar posturas. Esto recién comienza y el tiempo dirá si la evidencia es tomada en cuenta o no.

http://www.elmostrador.cl

Viral: Un embrión de 7 semanas es un ser humano, no un cúmulo de células.

https://drive.google.com/open?id=1GZ2uoJ1sse4UW-v99GzYrslWHNiemyIO

https://web.facebook.com/fatherfrankpavone/videos/10153442293855670/

Argumentos #científicos en contra del #aborto

Dr. Jorge B. Aquino

“El embrión humano desde el primer momento es un ser humano y una persona”

http://web.austral.edu.ar/uadinamica/Curriculum_Docente.aspx?usuario=am/YCXqsmS7ev9xW8rE40Q==&&unidad=VNZ3Wja7EyM=

Licenciado en ciencias biológicas por la universidad del mar del plata

Doctor en medicina por el instituto karolinska de Suecia

Investigador independiente del CONICET

Áreas de trabajo e investigación:

  • Biología del desarrollo
  • Medicina regenerativa

¿Están sesgados los “estudios de género”?

Desde los años 90 del siglo pasado arrecian críticas académicas a los “estudios de género” y las tendencias asociadas con el posmodernismo, el relativismo y la “teoría crítica”, dentro de lo que se ha denominado a veces “science wars”. Un reproche frecuente contra esta área de las ciencias humanas es que está particularmente afectada de ideología y por una agenda política concreta, lo cual se percibe como una limitación extracientífica que reduce el espacio de las explicaciones consideradas a priori aceptables. 

Uno de los últimos episodios de este conflicto es la publicación de un fraude al estilo Sokal por parte de Peter Boghossian y James Lindsey: “El pene conceptual como construcción social”.

La validez y el alcance de este experimento se han cuestionado, pero se dispone ya de evidencias más sólidas acreditando sesgos en los estudios de género que no son tan comunes en otras áreas de las ciencia, incluso de las ciencias humanas.

Therese Söderlund, de la universidad sueca de Umeå, es la autora principal de un trabajo publicado en la revista Scientometrics (2017) que por primera vez pasa revista a estas acusaciones corrientes e intenta cuantificar el peso de los sesgos ideológicos en la literatura científica sobre género.

Analizar estas limitaciones es relevante, habida cuenta de que los estudios de género reciben una financiación muy generosa por parte del estado, contando con al menos ⅙ de todo el dinero concedido a las humanidades y las ciencias sociales en Suecia. Por otra parte, los resultados de este tipo de estudios no son meras curiosidades intelectuales, sino que influyen en la política gubernamental, ya que sus conclusiones y recomendaciones se incorporan a menudo a las propuestas de legislación tanto a nivel nacional como europeo de forma corriente.

Los autores de este trabajo han analizado los sesgos de los estudios de género mirando artículos indexados en las bases de datos de Web of Science y Scopus –entre 1991 y 2011– examinando “hasta qué punto las afirmaciones de tales publicaciones reflejan sesgos, activismo político y normatividad, en el sentido de que se intente establecer o preescribir una norma”.

Las conclusiones del trabajo dan algún apoyo empírico a las críticas tradicionales que veían sesgos ideológicos en los estudios de género, tanto en términos de objetividad como en la elección de las explicaciones: “Cuánto más fuerte es la perspectiva de género, más se tienden a atribuir explicaciones ambientales o sociales, en lugar de biológicas o psicológicas”. Para poner un ejemplo, la probabilidad de encontrar una explicación psicológica o evolucionista en un estudio de género es 13 veces inferior a la probabilidad de encontrarla en un trabajo perteneciente a otra área de las ciencias sociales.

Como mínimo resulta llamativo que, según este trabajo, los estudios de género sean a la vez los mejor financiados y los más sesgados en el conjunto de las humanidades.

Fuente: http://www.terceracultura.net/tc/estan-sesgados-los-estudios-de-genero/

¿Aborto legal para bajar la mortalidad materna?

La sociedad argentina ha demostrado ser sensible ante la muerte de mujeres jóvenes que intentan poner fin a su embarazo. Quizás ello justifique la adhesión a la despenalización del aborto como solución del problema. Así, ha surgido la idea de que las muertes se reducirán una vez legalizado el aborto, y para ello se citan a países con mínima mortalidad materna y aborto legal.

Como temo que bajo esta lineal conclusión causa-efecto subyazca un pensamiento mágico, revisé la evidencia científica sobre la asociación estatus legal del aborto y mortalidad materna. Encontré lo que sintetizo a continuación.

Las estadísticas de países de Europa, Norteamérica y Oceanía dan cuenta de una mortalidad promedio de 17 puntos, justo la mitad de los 34 puntos reportados por el Ministerio de Salud de la Nación en 2016. Si sumamos el hecho de que esos países poseen los ingresos per cápita más abultados del planeta y, además, casi todos tienen aborto legal, se entenderá por qué se citan como ejemplos. Por ende, vale la pena conocer qué acciones implementaron para llegar hasta ahí.

Loudon estudió la mortalidad materna de 70 años (1880-1950) de Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, Bélgica, Escocia, Inglaterra, Gales, Suecia, Países Bajos, Noruega y Dinamarca. E identificó que todos pasaron por tres períodos históricos: 1) de 1880 a 1900, cuando reconocieron el problema, eliminaron las causas directas y desarrollaron cuidados obstétricos profesionales y accesibles; 2) de 1900 a 1935-1937, en el que mejoraron la calidad de los cuidados e implementaron estudios de vigilancia; y 3) de 1935-1937 a 1950, cuando se afianzaron los logros alcanzados. Cuando estos países ejemplares comenzaron a legalizar el aborto, desde fines de los 60, llevaban 20 o 30 años de cifras muy parecidas a las de hoy. La serie histórica de Loudon demostró claramente que el 75% de reducción de mortalidad, en promedio 46 puntos, aconteció antes de 1950, aplicando acciones sanitarias y sin cambiar el estatus legal del aborto que se mantuvo penalizado. Luego de 1990, esos Estados ya con aborto legal, poseen una mortalidad que ronda el 25% de los valores de 1880, habiendo decrecido en apenas 1,55 puntos promedio.

En países de Europa oriental, otrora socialistas, que legalizaron el aborto en la década del 50, el análisis de 55 años de estadísticas (1960-2015) expone que en la Unión Soviética el aborto se contabilizó por millones. En 1965 ese país registró 8.551.351 abortos, a razón de dos abortos por cada nacido. Sin embargo, en todos esos países el número de aborto comenzó a disminuir a partir de 1990 sin que mediara algún cambio del estatus legal; salvo Polonia, que ha intercalado liberalizaciones y restricciones. En Rusia el aborto descendió de 206 cada 100 nacidos vivos (1990) a 43 (2015). En Bielorrusia, con leyes muy liberales, las curvas de descenso de mortalidad y aborto no son correlativas una con otras. En Polonia, los abortos bajaron de 10,8 (1990) a 0,04 (2000) para luego ascender en 2014; y, no obstante, la curva de mortalidad materna sigue en descenso.

Países como Irlanda, Malta, Nueva Zelanda, Kuwait y algunos estados de Australia, sin haber despenalizado el aborto, presentan un descenso sostenido de mortalidad que en 2015 promedió 8,9 puntos, lo que los coloca a la par de aquellos con baja mortalidad y aborto legal.

En la región, Chile disminuyó la mortalidad 40 puntos entre 1980 y 2015 sin despenalizar, y la modificación de la causal “aborto terapéutico” no cambió la curva decreciente. También Uruguay redujo la mortalidad en 30 puntos entre 2001 y 2011, período precedente a la despenalización de 2012.

Como se ve, la condición legal del aborto no presenta relación causal con la mortalidad materna, entendiéndose como causa a que un evento sea el resultado de la ocurrencia de otro evento. Tampoco parecería ser correlación, pues la bibliografía revisada no reporta el número que describe el tamaño y la dirección de la relación entre mortalidad y estatus legal.

En cambio, sí está demostrado que la mortalidad baja con la profesionalización y el acceso de la atención del embarazo, parto y puerperio; con la precisión de datos; la inversión en educación de la mujer; el acceso al agua potable y alcantarillado; el control de la tasa de fecundidad y la disminución de la violencia contra la mujer. Esto debemos resolverlo en un contexto en que, según el Banco Mundial, mientras los países europeos a quien nos queremos parecer incrementaron su gasto en salud en un 25% del PBI entre 1994 y 2014, la Argentina desinvirtió el 42 por ciento.

La misma OMS reconoce que la mortalidad materna en el mundo entero está en descenso y no somos la excepción. Por eso, exhorto a los tomadores de decisiones a profundizar los aciertos, y corregir las políticas sanitarias, educativas, de saneamiento y reducción de pobreza. No existe sustento científico para pensar que el cambio del texto de una ley sea el “abracadabra” que evite la muerte de al menos una mujer embarazada.

El autor es magíster en Ética Biomédica, especialista en Medicina Crítica, investigador y docente del Instituto de Bioética de la Universidad Católica Argentina.

Visto en: https://www.infobae.com/opinion/2018/06/12/aborto-legal-para-bajar-la-mortalidad-materna/

Cuatro grandes estudios sobre “reasignación de sexo” coinciden: no hay evidencia alguna de beneficio

Cuatro grandes estudios sobre «reasignación de sexo» coinciden: no hay evidencia alguna de beneficio

La presión ideológica está produciendo que se recomienden tratamientos asumiendo que no hay evidencia clínica de su eficacia.

¿Sobre qué base científica se están llevando a cabo las intervenciones de “reasignación de sexo”, ya sean farmacológicas o quirúrgicas? Los cuatro estudios o revisiones de estudios más importantes, por su independencia y amplitud, coinciden en que la evidencia de beneficio para las personas que se someten a ellas es muy baja.

Universidad de Birmingham
En julio de 2004, el Aggresive Research Intelligence Facility, un departamento de la Universidad de Birmingham que evalúa procedimientos sanitarios para asesorar al sistema de salud pública en su área, llevó a cabo una revisión de 100 estudios médicos de todo el mundo sobre transexuales sometidos a intervenciones quirúrgicas de “reasignación”. El resultado, publicado por The Guardian, fue que “no hay evidencia concluyente de que las operaciones de cambio de sexo mejoren la vida de los transexuales… Muchas personas mantuvieron una angustia severa y comportamientos suicidas tras la operación… No se encontró una sólida evidencia científica de que la reasignación de género sea clínicamente eficaz“.

El entonces director del departamento, Chris Hyde, actualmente profesor de Salud Pública y Epidemología Clínica en a Universidad de Exeter, lo sintetizaba así: “Existe una enorme incertidumbre sobre si cambiarle a alguien el sexo es algo bueno o malo. A pesar de que, sin duda, se actúa con mucho cuidado para asegurar que reciben reasignación de género los pacientes adecuados, sigue habiendo un gran número de personas que se someten a la cirugía pero permanecen traumatizados, hasta el punto de cometer suicidio”.

Una de las razones que invalidaban numerosos estudios fue la elevada tasa de abandono en el seguimiento. Por ejemplo, en un estudio de cinco años sobre 727 personas sometidas a cambio de sexo, 495 (el 68%) abandonaron el programa “por razones desconocidas”. “Aunque está claro que a algunas personas la cirugía de reasignación de sexo les va bien”, explicó Hyde, “las investigaciones disponibles no permiten asegurar a cuántos pacientes les va mal y, en tal caso, cómo de mal”.

Instituto Karolinska de Estocolmo
En febrero de 2011 se publicó un estudio sobre seguimiento a largo plazo (treinta años: 1973-2003) de pacientes sometidos a cirugía de “reasignación de sexo” en Suecia: 191 hombres a mujer y 133 mujeres a hombre. El estudio lo firmaron seis investigadores del prestigioso Instituto Karolinska de Estocolmo, y la conclusión fue rotunda: “Las personas con transexualismo, después de la reasignación de sexo, tienen un riesgo considerablemente mayor de mortalidad, comportamiento suicida e incidencia psiquiátrica que la población general”, con una tasa de suicidio veinte veces superior entre los diez y quince años posteriores a la cirugía.

Hayes, Inc., líder en evaluación tecnológica médica
En mayo de 2014, Hayes Inc., una empresa de referencia en la evaluación de tecnología médica, elaboró tres informes sobre el impacto de la terapia hormonal, la cirugía de reasignación de sexo y los procedimientos secundarios (modificaciones faciales o de voz) en el tratamiento de la disforia de género.

La conclusión para los tres procedimientos fue otorgarles el nivel más bajo en cuanto a “calidad de la evidencia” del beneficio para el paciente tal como se desprende de los estudios revisados: “No se ha demostrado consistentemente mejorías estadísticamente significativas… En general los estudios tienen deficiencias asociadas con su realización…”. Entre ellas, “falta de aleatoriedad”, “periodos de seguimiento desconocidos o muy cortos”, “variable duración del seguimiento”, “posible sesgo en la selección”, “falta de una medición objetiva y validable de los resultados”…

Asesoría científica de Medicare
En agosto de 2016, y a pesar de sufrir enormes presiones de la Administración Obama para que la cirugía de reasignación de sexo fuese cubierta por Medicare (el sistema público de salud), los Centers for Medicare & Medicaid Services (CMS) opinaron en contra con una razón contundente: “Actualmente, los contratistas locales de Medicare determinan la cobertura de la cirugía de reasignación de género caso por caso. Hemos recibido una petición completa y formal para que decidamos que las soluciones quirúrgicas para el trastorno de identidad de género, ahora conocido como disforia de género, reciban una cobertura nacional. Los CMS no van a tomar en este momento una decisión de cobertura nacional para la cirugía de reasignación de género para los beneficiarios de Medicare con disforia de género porque la evidencia clínica no es concluyente para la población bajo Medicare”.

En una anterior decisión de junio, ya anticipaban que “sobre la base de una revisión exhaustiva de la evidencia clínica disponible en este momento, no hay suficiente evidencia para determinar si la cirugía de reasignación de género mejora los resultados de salud de los beneficiarios de Medicare con disforia de género. Había estudios con resultados discutidos (inconsistentes), y de los estudios mejor diseñados, unos informaban de beneficios mientras que otros informaban de perjuicios“.

Lo reconocen incluso quienes la apoyan
Esta última decisión de los expertos de Medicare reviste especial importancia por mostrar su independencia de criterio ante la presión política, algo realmente difícil dada la estrategia de intimidación del establishment político, cultural, educativo y mediático para imponer la ideología de género, que tiene en la normalización del cambio de sexo su principal plasmación práctica.

La aceleración e intensificación de ese proceso de coerción sobre los profesionales es patente en los dos últimos años, y dos publicaciones recientes son ejemplo de ello.

En octubre de 2017, un estudio publicado por la JAMA sobre tratamiento de la disforia de género ofrece seis recomendaciones, tres de las cuales incluyen terapia hormonal y cirugía pos-terapia hormonal, al tiempo que reconoce que están apoyadas en “baja” o “muy baja” evidencia.

Un mes antes, la Endocrine Society publicó unas directrices para el tratamiento de la disforia de género, con objeto de “establecer un marco para el tratamiento apropiado de estas personas”, en sentido favorable a la “reasignación de sexo”. Cada una de las 28 recomendaciones va acompañada de una valoración sobre su evidencia clínica. Pues bien: de las 28 recomendaciones, 6 no reciben calificación (por tratarse de pautas generales), 5 tienen una “muy baja” evidencia, 14 una “baja” evidencia y 3 una “moderada” evidencia. Ninguna alcanza el nivel máximo de “alta” evidencia.

No es extraño, pues, que en julio de 2017 tres médicos de primer nivel alertaran contra la supresión hormonal en adolescentes: los doctores Paul W. Hruz, pediatra y profesor de Endocrinología y Fisiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en St. Louis; Lawrence S. Mayer, psiquiatra en la Facultad de Medicina del hospital Johns Hopkins y de informática biomédica en la Clínica Mayo; y Paul R. McHugh, que fue durante 26 años jefe del departamento de Psiquiatría del Hospital Johns Hopkins.

La intimidación
¿Qué conduce a unos especialistas a recomendar la aplicación de terapias de eficacia no contrastada sobre organismos sanos para resolver un problema psicológico, o incluso a pura petición del interesado?

Una parte de la explicación reside en el temor. Como explica la doctora Michelle Cretella, presidenta del Colegio Americano de Pediatras, “nadie está libre de disentir sin ser castigado. Los castigos abarcan desde no ser tenido en cuenta en los ascensos a ser cesado de puestos de dirección, pasando por sufrir la pérdida de fondos para investigación o un intenso acoso por parte de tus compañeros y amenazas de muerte por parte de activistas”.

Fue el caso del doctor Paul McHugh, durante veinte años jefe del departamento de Psiquiatría en el Johns Hopkins Hospital. Allí empezaron a hacerse las primeras cirugías de reasignación de sexo, hasta que en 1979 decidió suprimirlas ante la evidencia de que no ayudaban a las personas con disforia de género. A partir de entonces cayó en desgracia, existen páginas web creadas exclusivamente para atacarle y fue acusado en diversos medios de comunicación de “poner en peligro la vida de los jóvenes transgénero” (The Huffington Post).

Los presupuestos filosóficos
Pero otra parte de la explicación va más allá de la medicina.

Según Ryan Anderson, autor de When Harry became Sally, también importa la filosofía personal de cada profesional. “Algunos médicos puede considerar que los sentimientos y creencias desconectados de la realidad son parte del funcionamiento normal del ser humano y no deben preocuparnos a no ser que produzcan angustia. Otros médicos peuden considerar que esos sentimientos y creencias son disfuncionales en sí mismos (aun si el paciente no los considere causa de estrés), porque indican un problema en los procesos mentales. Pero las opiniones de unos u otros psiquiatras a efectos de diagnóstico y tratamiento no pueden resolver las cuestiones filosóficas: ¿es bueno o malo o neutral albergar sentimientos y creencias que chocan con la realidad? ¿Debemos aceptarlos como la última palabra, o intentar entender sus causas y corregirlas, o al menos mitigar sus efectos?”.


When Harry became Sally [Cuando Harry se convirtió en Sally. Respondiendo al momento transgénero], de Ryan Anderson, es una obra recién publicada cuyo autor se sintió movido a escribir ante las desagarradoras historias de personas que se han arrepentido de los tratamientos de “reasignación de sexo” sufridos.

Y lo cierto es, subraya Anderson, que, contrariamente a lo que pretenden los ideólogos de género, “el sexo no se ‘asigna’ al nacimiento, y por esa razón no puede ser ‘reasignado’. El sexo es una realidad corporal que puede reconocerse antes del nacimiento… En un organismo el sexo se identifica y define por la forma en la que dicho organismo se organiza para la reproducción sexual“. Y eso permanece más allá de las transformaciones hormonales o quirúrgicas que puedan introducirse artificialmente en él.

“En el corazón de la ideología [de género]”, dice Anderson, “está la pretensión radical de que los sentimientos determinan la realidad”. Eso no es bueno para quien padece disforia de género, pero peor es que se convierta en dogma: “Si la identidad de género se la crea uno mismo, ¿por qué los demás deben aceptarla como una realidad? Si debemos ser libres para elegir nuestra realidad de género, ¿por qué algunas personas pueden imponer a los demás su idea de la realidad solo porque se identifican como transgénero?”.

Son las contradicciones que esa ideología es incapaz de responder, por lo cual, para imponerse, ha de hacerlo, señala el pediatra Andre Van Mol, “como una religión subvencionada por el estado“.

Fuente: https://www.religionenlibertad.com/cuatro-grandes-estudios-sobre-reasignacion-sexo-coinciden-hay-evidencia-63057.htm