¿Están sesgados los “estudios de género”?

Desde los años 90 del siglo pasado arrecian críticas académicas a los “estudios de género” y las tendencias asociadas con el posmodernismo, el relativismo y la “teoría crítica”, dentro de lo que se ha denominado a veces “science wars”. Un reproche frecuente contra esta área de las ciencias humanas es que está particularmente afectada de ideología y por una agenda política concreta, lo cual se percibe como una limitación extracientífica que reduce el espacio de las explicaciones consideradas a priori aceptables. 

Uno de los últimos episodios de este conflicto es la publicación de un fraude al estilo Sokal por parte de Peter Boghossian y James Lindsey: “El pene conceptual como construcción social”.

La validez y el alcance de este experimento se han cuestionado, pero se dispone ya de evidencias más sólidas acreditando sesgos en los estudios de género que no son tan comunes en otras áreas de las ciencia, incluso de las ciencias humanas.

Therese Söderlund, de la universidad sueca de Umeå, es la autora principal de un trabajo publicado en la revista Scientometrics (2017) que por primera vez pasa revista a estas acusaciones corrientes e intenta cuantificar el peso de los sesgos ideológicos en la literatura científica sobre género.

Analizar estas limitaciones es relevante, habida cuenta de que los estudios de género reciben una financiación muy generosa por parte del estado, contando con al menos ⅙ de todo el dinero concedido a las humanidades y las ciencias sociales en Suecia. Por otra parte, los resultados de este tipo de estudios no son meras curiosidades intelectuales, sino que influyen en la política gubernamental, ya que sus conclusiones y recomendaciones se incorporan a menudo a las propuestas de legislación tanto a nivel nacional como europeo de forma corriente.

Los autores de este trabajo han analizado los sesgos de los estudios de género mirando artículos indexados en las bases de datos de Web of Science y Scopus –entre 1991 y 2011– examinando “hasta qué punto las afirmaciones de tales publicaciones reflejan sesgos, activismo político y normatividad, en el sentido de que se intente establecer o preescribir una norma”.

Las conclusiones del trabajo dan algún apoyo empírico a las críticas tradicionales que veían sesgos ideológicos en los estudios de género, tanto en términos de objetividad como en la elección de las explicaciones: “Cuánto más fuerte es la perspectiva de género, más se tienden a atribuir explicaciones ambientales o sociales, en lugar de biológicas o psicológicas”. Para poner un ejemplo, la probabilidad de encontrar una explicación psicológica o evolucionista en un estudio de género es 13 veces inferior a la probabilidad de encontrarla en un trabajo perteneciente a otra área de las ciencias sociales.

Como mínimo resulta llamativo que, según este trabajo, los estudios de género sean a la vez los mejor financiados y los más sesgados en el conjunto de las humanidades.

Fuente: http://www.terceracultura.net/tc/estan-sesgados-los-estudios-de-genero/

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¿Aborto legal para bajar la mortalidad materna?

La sociedad argentina ha demostrado ser sensible ante la muerte de mujeres jóvenes que intentan poner fin a su embarazo. Quizás ello justifique la adhesión a la despenalización del aborto como solución del problema. Así, ha surgido la idea de que las muertes se reducirán una vez legalizado el aborto, y para ello se citan a países con mínima mortalidad materna y aborto legal.

Como temo que bajo esta lineal conclusión causa-efecto subyazca un pensamiento mágico, revisé la evidencia científica sobre la asociación estatus legal del aborto y mortalidad materna. Encontré lo que sintetizo a continuación.

Las estadísticas de países de Europa, Norteamérica y Oceanía dan cuenta de una mortalidad promedio de 17 puntos, justo la mitad de los 34 puntos reportados por el Ministerio de Salud de la Nación en 2016. Si sumamos el hecho de que esos países poseen los ingresos per cápita más abultados del planeta y, además, casi todos tienen aborto legal, se entenderá por qué se citan como ejemplos. Por ende, vale la pena conocer qué acciones implementaron para llegar hasta ahí.

Loudon estudió la mortalidad materna de 70 años (1880-1950) de Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, Bélgica, Escocia, Inglaterra, Gales, Suecia, Países Bajos, Noruega y Dinamarca. E identificó que todos pasaron por tres períodos históricos: 1) de 1880 a 1900, cuando reconocieron el problema, eliminaron las causas directas y desarrollaron cuidados obstétricos profesionales y accesibles; 2) de 1900 a 1935-1937, en el que mejoraron la calidad de los cuidados e implementaron estudios de vigilancia; y 3) de 1935-1937 a 1950, cuando se afianzaron los logros alcanzados. Cuando estos países ejemplares comenzaron a legalizar el aborto, desde fines de los 60, llevaban 20 o 30 años de cifras muy parecidas a las de hoy. La serie histórica de Loudon demostró claramente que el 75% de reducción de mortalidad, en promedio 46 puntos, aconteció antes de 1950, aplicando acciones sanitarias y sin cambiar el estatus legal del aborto que se mantuvo penalizado. Luego de 1990, esos Estados ya con aborto legal, poseen una mortalidad que ronda el 25% de los valores de 1880, habiendo decrecido en apenas 1,55 puntos promedio.

En países de Europa oriental, otrora socialistas, que legalizaron el aborto en la década del 50, el análisis de 55 años de estadísticas (1960-2015) expone que en la Unión Soviética el aborto se contabilizó por millones. En 1965 ese país registró 8.551.351 abortos, a razón de dos abortos por cada nacido. Sin embargo, en todos esos países el número de aborto comenzó a disminuir a partir de 1990 sin que mediara algún cambio del estatus legal; salvo Polonia, que ha intercalado liberalizaciones y restricciones. En Rusia el aborto descendió de 206 cada 100 nacidos vivos (1990) a 43 (2015). En Bielorrusia, con leyes muy liberales, las curvas de descenso de mortalidad y aborto no son correlativas una con otras. En Polonia, los abortos bajaron de 10,8 (1990) a 0,04 (2000) para luego ascender en 2014; y, no obstante, la curva de mortalidad materna sigue en descenso.

Países como Irlanda, Malta, Nueva Zelanda, Kuwait y algunos estados de Australia, sin haber despenalizado el aborto, presentan un descenso sostenido de mortalidad que en 2015 promedió 8,9 puntos, lo que los coloca a la par de aquellos con baja mortalidad y aborto legal.

En la región, Chile disminuyó la mortalidad 40 puntos entre 1980 y 2015 sin despenalizar, y la modificación de la causal “aborto terapéutico” no cambió la curva decreciente. También Uruguay redujo la mortalidad en 30 puntos entre 2001 y 2011, período precedente a la despenalización de 2012.

Como se ve, la condición legal del aborto no presenta relación causal con la mortalidad materna, entendiéndose como causa a que un evento sea el resultado de la ocurrencia de otro evento. Tampoco parecería ser correlación, pues la bibliografía revisada no reporta el número que describe el tamaño y la dirección de la relación entre mortalidad y estatus legal.

En cambio, sí está demostrado que la mortalidad baja con la profesionalización y el acceso de la atención del embarazo, parto y puerperio; con la precisión de datos; la inversión en educación de la mujer; el acceso al agua potable y alcantarillado; el control de la tasa de fecundidad y la disminución de la violencia contra la mujer. Esto debemos resolverlo en un contexto en que, según el Banco Mundial, mientras los países europeos a quien nos queremos parecer incrementaron su gasto en salud en un 25% del PBI entre 1994 y 2014, la Argentina desinvirtió el 42 por ciento.

La misma OMS reconoce que la mortalidad materna en el mundo entero está en descenso y no somos la excepción. Por eso, exhorto a los tomadores de decisiones a profundizar los aciertos, y corregir las políticas sanitarias, educativas, de saneamiento y reducción de pobreza. No existe sustento científico para pensar que el cambio del texto de una ley sea el “abracadabra” que evite la muerte de al menos una mujer embarazada.

El autor es magíster en Ética Biomédica, especialista en Medicina Crítica, investigador y docente del Instituto de Bioética de la Universidad Católica Argentina.

Visto en: https://www.infobae.com/opinion/2018/06/12/aborto-legal-para-bajar-la-mortalidad-materna/

Cuatro grandes estudios sobre “reasignación de sexo” coinciden: no hay evidencia alguna de beneficio

Cuatro grandes estudios sobre «reasignación de sexo» coinciden: no hay evidencia alguna de beneficio

La presión ideológica está produciendo que se recomienden tratamientos asumiendo que no hay evidencia clínica de su eficacia.

¿Sobre qué base científica se están llevando a cabo las intervenciones de “reasignación de sexo”, ya sean farmacológicas o quirúrgicas? Los cuatro estudios o revisiones de estudios más importantes, por su independencia y amplitud, coinciden en que la evidencia de beneficio para las personas que se someten a ellas es muy baja.

Universidad de Birmingham
En julio de 2004, el Aggresive Research Intelligence Facility, un departamento de la Universidad de Birmingham que evalúa procedimientos sanitarios para asesorar al sistema de salud pública en su área, llevó a cabo una revisión de 100 estudios médicos de todo el mundo sobre transexuales sometidos a intervenciones quirúrgicas de “reasignación”. El resultado, publicado por The Guardian, fue que “no hay evidencia concluyente de que las operaciones de cambio de sexo mejoren la vida de los transexuales… Muchas personas mantuvieron una angustia severa y comportamientos suicidas tras la operación… No se encontró una sólida evidencia científica de que la reasignación de género sea clínicamente eficaz“.

El entonces director del departamento, Chris Hyde, actualmente profesor de Salud Pública y Epidemología Clínica en a Universidad de Exeter, lo sintetizaba así: “Existe una enorme incertidumbre sobre si cambiarle a alguien el sexo es algo bueno o malo. A pesar de que, sin duda, se actúa con mucho cuidado para asegurar que reciben reasignación de género los pacientes adecuados, sigue habiendo un gran número de personas que se someten a la cirugía pero permanecen traumatizados, hasta el punto de cometer suicidio”.

Una de las razones que invalidaban numerosos estudios fue la elevada tasa de abandono en el seguimiento. Por ejemplo, en un estudio de cinco años sobre 727 personas sometidas a cambio de sexo, 495 (el 68%) abandonaron el programa “por razones desconocidas”. “Aunque está claro que a algunas personas la cirugía de reasignación de sexo les va bien”, explicó Hyde, “las investigaciones disponibles no permiten asegurar a cuántos pacientes les va mal y, en tal caso, cómo de mal”.

Instituto Karolinska de Estocolmo
En febrero de 2011 se publicó un estudio sobre seguimiento a largo plazo (treinta años: 1973-2003) de pacientes sometidos a cirugía de “reasignación de sexo” en Suecia: 191 hombres a mujer y 133 mujeres a hombre. El estudio lo firmaron seis investigadores del prestigioso Instituto Karolinska de Estocolmo, y la conclusión fue rotunda: “Las personas con transexualismo, después de la reasignación de sexo, tienen un riesgo considerablemente mayor de mortalidad, comportamiento suicida e incidencia psiquiátrica que la población general”, con una tasa de suicidio veinte veces superior entre los diez y quince años posteriores a la cirugía.

Hayes, Inc., líder en evaluación tecnológica médica
En mayo de 2014, Hayes Inc., una empresa de referencia en la evaluación de tecnología médica, elaboró tres informes sobre el impacto de la terapia hormonal, la cirugía de reasignación de sexo y los procedimientos secundarios (modificaciones faciales o de voz) en el tratamiento de la disforia de género.

La conclusión para los tres procedimientos fue otorgarles el nivel más bajo en cuanto a “calidad de la evidencia” del beneficio para el paciente tal como se desprende de los estudios revisados: “No se ha demostrado consistentemente mejorías estadísticamente significativas… En general los estudios tienen deficiencias asociadas con su realización…”. Entre ellas, “falta de aleatoriedad”, “periodos de seguimiento desconocidos o muy cortos”, “variable duración del seguimiento”, “posible sesgo en la selección”, “falta de una medición objetiva y validable de los resultados”…

Asesoría científica de Medicare
En agosto de 2016, y a pesar de sufrir enormes presiones de la Administración Obama para que la cirugía de reasignación de sexo fuese cubierta por Medicare (el sistema público de salud), los Centers for Medicare & Medicaid Services (CMS) opinaron en contra con una razón contundente: “Actualmente, los contratistas locales de Medicare determinan la cobertura de la cirugía de reasignación de género caso por caso. Hemos recibido una petición completa y formal para que decidamos que las soluciones quirúrgicas para el trastorno de identidad de género, ahora conocido como disforia de género, reciban una cobertura nacional. Los CMS no van a tomar en este momento una decisión de cobertura nacional para la cirugía de reasignación de género para los beneficiarios de Medicare con disforia de género porque la evidencia clínica no es concluyente para la población bajo Medicare”.

En una anterior decisión de junio, ya anticipaban que “sobre la base de una revisión exhaustiva de la evidencia clínica disponible en este momento, no hay suficiente evidencia para determinar si la cirugía de reasignación de género mejora los resultados de salud de los beneficiarios de Medicare con disforia de género. Había estudios con resultados discutidos (inconsistentes), y de los estudios mejor diseñados, unos informaban de beneficios mientras que otros informaban de perjuicios“.

Lo reconocen incluso quienes la apoyan
Esta última decisión de los expertos de Medicare reviste especial importancia por mostrar su independencia de criterio ante la presión política, algo realmente difícil dada la estrategia de intimidación del establishment político, cultural, educativo y mediático para imponer la ideología de género, que tiene en la normalización del cambio de sexo su principal plasmación práctica.

La aceleración e intensificación de ese proceso de coerción sobre los profesionales es patente en los dos últimos años, y dos publicaciones recientes son ejemplo de ello.

En octubre de 2017, un estudio publicado por la JAMA sobre tratamiento de la disforia de género ofrece seis recomendaciones, tres de las cuales incluyen terapia hormonal y cirugía pos-terapia hormonal, al tiempo que reconoce que están apoyadas en “baja” o “muy baja” evidencia.

Un mes antes, la Endocrine Society publicó unas directrices para el tratamiento de la disforia de género, con objeto de “establecer un marco para el tratamiento apropiado de estas personas”, en sentido favorable a la “reasignación de sexo”. Cada una de las 28 recomendaciones va acompañada de una valoración sobre su evidencia clínica. Pues bien: de las 28 recomendaciones, 6 no reciben calificación (por tratarse de pautas generales), 5 tienen una “muy baja” evidencia, 14 una “baja” evidencia y 3 una “moderada” evidencia. Ninguna alcanza el nivel máximo de “alta” evidencia.

No es extraño, pues, que en julio de 2017 tres médicos de primer nivel alertaran contra la supresión hormonal en adolescentes: los doctores Paul W. Hruz, pediatra y profesor de Endocrinología y Fisiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en St. Louis; Lawrence S. Mayer, psiquiatra en la Facultad de Medicina del hospital Johns Hopkins y de informática biomédica en la Clínica Mayo; y Paul R. McHugh, que fue durante 26 años jefe del departamento de Psiquiatría del Hospital Johns Hopkins.

La intimidación
¿Qué conduce a unos especialistas a recomendar la aplicación de terapias de eficacia no contrastada sobre organismos sanos para resolver un problema psicológico, o incluso a pura petición del interesado?

Una parte de la explicación reside en el temor. Como explica la doctora Michelle Cretella, presidenta del Colegio Americano de Pediatras, “nadie está libre de disentir sin ser castigado. Los castigos abarcan desde no ser tenido en cuenta en los ascensos a ser cesado de puestos de dirección, pasando por sufrir la pérdida de fondos para investigación o un intenso acoso por parte de tus compañeros y amenazas de muerte por parte de activistas”.

Fue el caso del doctor Paul McHugh, durante veinte años jefe del departamento de Psiquiatría en el Johns Hopkins Hospital. Allí empezaron a hacerse las primeras cirugías de reasignación de sexo, hasta que en 1979 decidió suprimirlas ante la evidencia de que no ayudaban a las personas con disforia de género. A partir de entonces cayó en desgracia, existen páginas web creadas exclusivamente para atacarle y fue acusado en diversos medios de comunicación de “poner en peligro la vida de los jóvenes transgénero” (The Huffington Post).

Los presupuestos filosóficos
Pero otra parte de la explicación va más allá de la medicina.

Según Ryan Anderson, autor de When Harry became Sally, también importa la filosofía personal de cada profesional. “Algunos médicos puede considerar que los sentimientos y creencias desconectados de la realidad son parte del funcionamiento normal del ser humano y no deben preocuparnos a no ser que produzcan angustia. Otros médicos peuden considerar que esos sentimientos y creencias son disfuncionales en sí mismos (aun si el paciente no los considere causa de estrés), porque indican un problema en los procesos mentales. Pero las opiniones de unos u otros psiquiatras a efectos de diagnóstico y tratamiento no pueden resolver las cuestiones filosóficas: ¿es bueno o malo o neutral albergar sentimientos y creencias que chocan con la realidad? ¿Debemos aceptarlos como la última palabra, o intentar entender sus causas y corregirlas, o al menos mitigar sus efectos?”.


When Harry became Sally [Cuando Harry se convirtió en Sally. Respondiendo al momento transgénero], de Ryan Anderson, es una obra recién publicada cuyo autor se sintió movido a escribir ante las desagarradoras historias de personas que se han arrepentido de los tratamientos de “reasignación de sexo” sufridos.

Y lo cierto es, subraya Anderson, que, contrariamente a lo que pretenden los ideólogos de género, “el sexo no se ‘asigna’ al nacimiento, y por esa razón no puede ser ‘reasignado’. El sexo es una realidad corporal que puede reconocerse antes del nacimiento… En un organismo el sexo se identifica y define por la forma en la que dicho organismo se organiza para la reproducción sexual“. Y eso permanece más allá de las transformaciones hormonales o quirúrgicas que puedan introducirse artificialmente en él.

“En el corazón de la ideología [de género]”, dice Anderson, “está la pretensión radical de que los sentimientos determinan la realidad”. Eso no es bueno para quien padece disforia de género, pero peor es que se convierta en dogma: “Si la identidad de género se la crea uno mismo, ¿por qué los demás deben aceptarla como una realidad? Si debemos ser libres para elegir nuestra realidad de género, ¿por qué algunas personas pueden imponer a los demás su idea de la realidad solo porque se identifican como transgénero?”.

Son las contradicciones que esa ideología es incapaz de responder, por lo cual, para imponerse, ha de hacerlo, señala el pediatra Andre Van Mol, “como una religión subvencionada por el estado“.

Fuente: https://www.religionenlibertad.com/cuatro-grandes-estudios-sobre-reasignacion-sexo-coinciden-hay-evidencia-63057.htm

El aborto, ¿es aborto?

Alberto Benegas Lynch (h) estima que decidir si la vida se inicia o no al momento de concepción ya es una cuestión acerca de la cual existe evidencia empírica.

Es verdaderamente inaudito que a esta altura del siglo xxi se ponga en duda el hecho de la vida humana en el seno materno y, por ende, se niegue la equiparación de ese ser con el resto de las personas y, consecuentemente, se le niegue el derecho a la vida, el primero y más fundamental de los derechos individuales inscripto en todas las normas de convivencia civilizada.

Debo reiterar parte de lo que he apuntado antes sobre la materia. Antiguamente no se establecía conexión causal entre el acto sexual y la procreación. Actualmente, la microbiología muestra que desde el instante en el que el óvulo es fecundado hay una célula única, distinta del padre y la madre, un embrión humano que contiene la totalidad de la información genética (ADN o ácido desoxirribonucleico). Una persona que tiene la carga genética completa, una persona en acto que está en potencia de desarrollar sus características futuras, del mismo modo que el adolescente es una persona en acto y en potencia de ser eventualmente anciano.

En el momento de la fusión de los gametos masculino y femenino —que aportan respectivamente 23 cromosomas cada uno— se forma una nueva célula compuesta por 46 cromosomas que, como queda dicho, contiene la totalidad de las características del ser humano.

Solo en base a un inadmisible acto de fe en la magia más rudimentaria puede sostenerse que diez minutos después del nacimiento estamos frente a un ser humano pero no diez minutos antes. Como si antes del alumbramiento se tratara de un vegetal o un mineral que cambia súbitamente de naturaleza. Quienes mantienen que en el seno materno no se trataría de un humano del mismo modo que una semilla no es un árbol, confunden aspectos cruciales. La semilla pertenece en acto a la especie vegetal y está en potencia de ser árbol, del mismo modo que el feto pertenece en acto a la especie humana en potencia de ser adulto. Todos estamos en potencia de otras características psíquicas y físicas, de lo cual no se desprende que por el hecho de que transcurra el tiempo mutemos de naturaleza, de género o de especie.

De Mendel a la fecha, la genética ha avanzado mucho. Luis F. Leujone, el célebre profesor de genética en La Sorbonne escribe que “Aceptar el hecho de que con la fecundación comienza la vida de un nuevo ser humano no es ya materia opinable. La condición humana de un nuevo ser desde su concepción hasta el final de sus días no es una afirmación metafísica, es una sencilla evidencia experimental”.

La evolución del conocimiento está inserta en la evolución cultural y, por ende, de fronteras móviles en el que no hay límite para la expansión de la conciencia moral. Como ha señalado Durant, constituyó un adelanto que los conquistadores hicieran esclavos a los conquistados en lugar de achurarlos. Más adelante quedó patente que las mujeres y los negros eran seres humanos que se les debía el mismo respeto que a otros de su especie.  Hoy en día los llamados abortistas, en una macabra demostración de regresión a las cavernas, volviéndole la espalda a los conocimientos disponibles más elementales y encubriendo las contradicciones más groseras, mantienen que el feto no es humano y, por tanto, se lo puede descuartizar y exterminar en el seno materno.

Bien ha dicho Julián Marías que este brutal atropello es más grave que el que cometían los sicarios del régimen nazi, quienes con su mente asesina sostenían que los judíos eran enemigos de la humanidad. En el caso de los abortistas, no sostienen que aquellos seres inocentes e indefensos son enemigos de alguien. Marías denomina al aborto “el síndrome Polonio” para subrayar el acto cobarde de liquidar a quien —igual que en Hamlet— se encuentra en manifiesta inferioridad de condiciones para defenderse de su agresor.

La secuencia embrión-mórula-balstoncito-feto-bebe-niño-adolecente-adulto-anciano no cambia la naturaleza del ser humano. La implantación en la pared uterina (anidación) no implica un cambio en la especie, lo cual, como señala Ángel S. Ruiz en su obra sobre genética “no añade nada a la programación de esa persona” y dice que sostener que recién ahí comienza la vida humana constituye “una arbitrariedad incompatible con los conocimientos de neurobiología”. La fecundación extracorpórea y el embarazo extrauterino subrayan este aserto.

Se ha dicho que la madre es dueña de su cuerpo, lo cual es del todo cierto pero no es dueña del cuerpo de otro. Se ha dicho que el feto es “inviable” y dependiente de la madre, lo cual es también cierto, del mismo modo que lo son los inválidos, los ancianos y los bebes recién nacidos, de lo cual no se sigue que se los pueda exterminar impunemente. Lo mismo puede decirse de supuestas malformaciones: justificar la matanzas de fetos justificaría la liquidación de sordos, mudos e inválidos. Se ha dicho que la violación justifica el mal llamado aborto, pero un acto monstruoso como la violación no justifica otro acto monstruoso como el asesinato. Se ha dicho, por último, que la legalización del aborto evitaría las internaciones clandestinas y antihigiénicas que muchas veces terminan con la vida de la madre, como si los homicidios legales y profilácticos modificaran la naturaleza del acto.

Entonces, en rigor no se trata de aborto sino de homicidio en el seno materno, puesto que abortar significa interrumpir algo que iba a ser pero que no fue, del mismo modo que cuando se aborta una revolución quiere decir que no tuvo lugar. De más está decir que no estamos aludiendo a las interrupciones naturales o accidentales sino a un exterminio voluntario, deliberado y provocado.

Tampoco se trata en absoluto de homicidio si el obstetra llega a la conclusión —nada frecuente en la medicina moderna— que el caso requiere una intervención quirúrgica de tal magnitud que debe elegirse entre la vida de la madre o la del hijo. En caso de salvar uno de los dos, muere el otro como consecuencia no querida, del mismo modo que si hay dos personas ahogándose y solo hay tiempo de salvar una, en modo alguno puede concluirse que se mató a la otra.

Se suelen alegar razones pecuniarias para abortar, el hijo siempre puede darse en adopción pero no matarlo por razones crematísticas, porque como se ha hecho notar con sarcasmo macabro, en su caso “para eso es mejor matar al hijo mayor ya que engulle más alimentos”.

Es increíble que aquellos que vociferan a favor de los “derechos humanos” (una grosera redundancia ya que los vegetales, minerales y animales no son sujetos de derecho) se rasgan las vestiduras por la extinción de ciertas especies no humanas pero son partidarias del homicidio de humanos en el seno materno. La carnicería que se sucede bajo el rótulo de “aborto” constituye una enormidad, la burla más soez a la razón y al significado más elemental de la civilización.

La lucha contra este parricidio en gran escala reviste mucha mayor importancia que la lucha contra la esclavitud, porque por lo menos en este caso espantoso hay siempre la esperanza de un Espartaco exitoso, mientras que en el homicidio no hay posibilidad de revertir la situación.

Estremecen las historias en donde por muy diversos motivos y circunstancias hubo la intención directa o indirecta de abortar a quienes luego fueron, por ejemplo, Juan Pablo II, Andrea Bocelli, Steve Jobs, Cristiano Ronaldo, Celine Dion, Jack Nicholson y Beethoven. Por supuesto que no es necesario de que se trate de famosos para horrorizarse frente al crimen comentado. Todos los seres humanos son únicos e irrepetibles en toda la historia de la humanidad. Cada uno posee un valor extraordinario y no puede ser tratado como medio para los fines de otros puesto que es un fin en si mismo.

Lo dicho es la razón por la que en las normas de países civilizados se destaca el derecho a la vida de las personas en el seno materno y desde la concepción. El eminente constitucionalistaGregorio Badeni ha enfatizado este punto en el ilustrativo caso argentino. Así explica Badeni los siguientes seis puntos. Primero, el autor del Código Civil de 1871, Dalmasio Vélez Sarfield, apunta en su nota al artículo 63 que “las personas por nacer no son personas futuras pues ya existen en el seno materno”. Segundo, el artículo 70 de ese código “establece que la vida de las personas comienza desde su concepción”. Tercero, el artículo 75, inciso 23, de la Constitución argentina “impone la protección de la niñez desde el embarazo”. Cuarto, el artículo 4 inciso primero de la Convención Americana “citada en el artículo 75 inciso 22 de nuestra Ley Fundamental, y que tiene jerarquía superior a las de las leyes del Congreso, prescribe que el derecho a la vida está protegido desde la concepción”. Quinto, la ley 23.849 “establece, con relación a la Convención sobre los Derechos del Niño, que en la Argentina reviste ese carácter toda persona desde su concepción y hasta los 18 años de edad”. Y sexto, el Código Penal establece “entre los delitos contra la vida (artículos 85 a 88), sanciona a quien cause un aborto con dolo o culpa, a los médicos, parteras y farmacéuticos que provoquen o cooperen en causar un aborto y a la propia madre que produzca o consienta su propio aborto. La pena prevista, considerando las circunstancias agravantes de cada caso, es la prisión de 6 meses a 15 años”. Concluye Badeni en su escrito de 2001 que “para la legislación argentina, la vida de las personas comienza antes de su nacimiento y el aborto es un homicidio”.

En estos contextos debe tenerse muy presente la indispensable responsabilidad que es perentorio que asuma cada cual al mantener relaciones sexuales y no solo vinculado al importante tema matrimonial. Hay infinidad de métodos que evitan el embarazo, no es cuestión de tomar el asunto frívolamente y luego arremeter contra una vida. Va de suyo que este comentario sobre la responsabilidad individual no se aplica al caso espantoso y repugnante de la violación sobre lo que ya nos pronunciamos más arriba o, en línea equivalente, la aberración indescriptible del incesto forzoso, pero en las relaciones voluntarias se comprueba una enorme dosis de irresponsabilidad y cinismo superlativo.

Para cerrar esta nota periodística, es pertinente subrayar que, tal como escribe Niceto Blázquez—doctor en filosofía y en psicología médica— “la escalada mundial del aborto legalizado es un fenómeno extraño de última hora, más o menos desde la segunda guerra mundial en adelante para los países social-comunistas y sus satélites” y se detiene a considerar muchos casos históricos de sociedades consideradas “primitivas” que castigaban lo que se denomina aborto en la parla convencional, comenzando desde el Código de Hammurabi más de mil setecientos años antes de Cristo. Marcamos al abrir esta nota que en la antigüedad no había necesariamente noción del nexo causal entre el vínculo sexual y la aparición de la prole, pero si había clara idea de la vida en el seno materno, de allí la tendencia a los castigos  y reprimendas a los que atentaban contra esas vidas. Ahora la “modernidad” en gran medida se inclina por arrojar al basurero a seres humanos indefensos. Es de desear que esto cambie radicalmente puesto que remite a las bases más elementales de la sociedad civilizada.

Vía: https://www.elcato.org/el-aborto-es-aborto

¿Qué es la posmodernidad?

Alberto Benegas Lynch (h) describe el posmodernismo y cómo este se diferencia del racionalismo crítico y constructivista.

Nuevamente reiteramos de modo parcial lo que hemos consignado sobre la denominada posmodernidad que, al igual que la posverdad se traducen en construcciones contrarias a la realidad de las cosas. La modernidad es heredera de una larga tradición cuyo comienzo puede situarse en la Grecia clásica, en donde comienza el azaroso proceso del logos, esto es, el inquirir el porqué de las cosas y proponerse la modificación de lo modificable en lugar de resignarse a aceptarlas sin cuestionamiento. Louis Rougier afirma que en esto precisamente consiste el mito de Prometeo, que expresa el intento de una ruptura con la superstición y que la “contribución de Grecia a la civilización occidental consistió en darle sentido a la palabra ‘razón’. En contraste al Oriente, que se sometía en silencio a los mandatos de los dioses y los dictados de los reyes, los griegos trataron de entender el mundo en el que vivían” Pero el modernismo propiamente dicho es renacentista aunque pueden rastrearse rasgos más o menos marcados en algunos escolásticos y especialmente en la escolástica tardía de la Escuela de Salamanca. En todo caso, el llamado modernismo hace eclosión en la Revolución Francesa antes de sumergirse en la contrarrevolución de los jacobinos, el terror y el racionalismo iluminista.

El posmodernismo, por su parte, irrumpe aparentemente a partir de la sublevación estudiantil de mayo de 1968 en París y encuentra sus raíces en autores como Nietzsche y Heidegger. Los posmodernistas acusan a sus oponentes de “logocentristas”, rechazan la razón, son relativistas epistemológicos (lo cual incluye las variantes de relativismo cultural y ético) y adoptan una hermenéutica de características singulares, también relativista, que, por tanto, no hace lugar para interpretaciones más o menos ajustadas al texto. George B. Madison explica que “una de las cosas que el posmodernismo subraya es que, de hecho, no hay tal cosa como el sentido propio de nada”. El posmodernismo mantiene que todo significado es dialéctico. Esto, como queda dicho, en última instancia se aplica también al “significado” del propio posmodernismo. Por eso es que Denis Donoghue señala que a prácticamente todo estudiante de nuestra cultura se le requiere que, entre otras cosas, exponga su posición frente al posmodernismo, aunque en realidad signifique cualquier cosa que queramos que signifique.

Isaiah Berlin se refiere a algunos aspectos que resultan consubstanciales con los del posmodernismo, aunque esta terminología no existía en esa época. Berlin se refiere a un punto de inflexión en la historia que se produce “hacia finales del siglo XVIII, principalmente en Alemania; y aunque es generalmente conocido bajo el nombre de ‘romanticismo’, su significado e importancia no han sido completamente apreciados incluso hoy día”. Afirma que se trata de “una inversión de la idea de verdad como correspondencia”. Dice Berlin que para el romanticismo sólo el grupo existe y no el individuo, lo cual “lleva en su forma socializada la idea de autarquía —la sociedad cerrada, planificada centralmente de Fichte y de Friedrich List y de muchos socialistas— que los aísla de la interferencia exterior para poder ser independientes y expresar su propia personalidad interna sin interferencia de otros hombres”. Insiste Berlin que este modo de ver las cosas significa una “inversión de valores […] Es en este tiempo cuando la propia palabra ‘realismo’ se vuelve peyorativo”. Asimismo, Berlin sostiene que “una actitud de este tipo es la que ha revivido en épocas modernas en forma de existencialismo […] Pues las cosas no tienen, en este sentido, naturaleza alguna; sus propiedades no tienen relación lógica o espiritual con los objetos o la acción humana”. Y concluye que “Ningún movimiento en la opinión humana ha tenido una envergadura y efecto similares. Todavía aguarda a sus historiadores […] Esto, por sí solo, me parece razón suficiente para prestar atención a ese extraordinario, y a veces siniestro, fenómeno”, todo lo cual es aplicable a lo que hoy se denomina posmodernismo.

Cuando se alude a la razón debe, en primer lugar, precisarse qué se quiere decir con la expresión racionalismo. Hay dos vertientes muy distintas y opuestas en esta materia. Por un lado, el racionalismo crítico, para recurrir a una expresión acuñada por Karl Popper, y, por otro, el racionalismo constructivista, término que adopta F.A. Hayek. En el primer caso, se hace referencia al rol razonable de la razón como herramienta para hilar proposiciones en la argumentación según las reglas de la lógica en el afán de buscar el mayor rigor posible para incorporar dosis crecientes de verdades ontológicas. En el mar de ignorancia en que nos debatimos, de lo que se trata es de que a través de debates abiertos entre teorías rivales resulte posible incorporar fragmentos de tierra fértil en que sostenernos, en base a corroboraciones provisorias pero siempre sujetas a posibles refutaciones. La conciencia de las limitaciones de la razón y el escribir esta expresión con minúscula, desde luego que no significa tirar por la borda el instrumento fundamental de que disponemos para entendernos a nosotros mismos e intentar el entendimiento del mundo que nos rodea. De la falibilidad no se sigue el escepticismo, que, por otra parte, en contradicción con sus propios postulados, pretende afirmar como verdad que le está vedado a la mente la posibilidad de captar verdades.

La ingeniería social y la planificación de vidas y recursos ajenos proviene de la arrogancia del racionalismo constructivista o del Iluminismo que no considera que la razón tenga límites y que todo lo puede abarcar. Hayek atribuye la inspiración al espíritu totalitario y el inicio de esta vertiente a autores como Francis Bacon y Thomas Hobbes, incluso en Descartes con su referencia al “legislador sabio”, para no decir nada de Platón con su “filósofo rey”. A su vez, Ortega y Gasset, también en su crítica al racionalismo de este tipo (que distingue de lo que denomina la “razón vital”). Sin duda que resulta natural que a Hayek le parezca inaceptable el racionalismo constructivista, especialmente si se declara heredero de Bernard MandevilleDavid HumeCarl Menger y de Adam Ferguson de quien ha tomado la diferencia central entre acción humana y designio humano.

Es conveniente, sin embargo, aclarar que las limitaciones de la razón no significan que en el ser humano —el animal racional— puedan tener lugar acciones irracionales. Ludwig von Mises explica este punto cuando sostiene que frecuentemente se utiliza el término “irracionalidad” para aplicarlo a acciones equivocadas en lo que se refiere a la utilización de ciertos medios y métodos con la intención de lograr específicos fines. Afirma que “las prácticas de la magia hoy se califican de irracionales. No eran adecuadas para lograr las metas apetecidas. Sin embargo, las personas que recurrían a ellas creían que eran las técnicas correctas, del mismo modo que, hasta mediados del siglo pasado [XIX], los médicos creían que la afluencia de sangre curaba varias enfermedades. […]. Resulta confusa la calificación de las acciones de otros como irracionales para aludir a personas cuyos conocimientos están menos perfeccionados respecto de quien hace la descripción”. Esta confusa terminología nos convertiría a todos en irracionales, dado que el conocimiento siempre será incompleto e imperfecto. Distinta es la afirmación que indica que se está usando mal la razón en el sentido de que no se siguen las reglas de la lógica, para lo cual es mejor recurrir a la expresión ilógico o, en su caso, que no se la está utilizando con propiedad para apuntar a la verdad ontológica al efecto de señalar la falsedad de una proposición, o cuando las conductas se estiman reprobables, pero, cualquiera sea la situación, el término irracional no ayuda a clarificar el problema.

Aunque no resulte novedoso, conviene recordar lo que se conoce desde el siglo VII aC como “la trampa de Epiménides”, a saber que dado que el relativista sostiene que todo es relativo, esa aseveración también se transforma en relativa y, por ende, se convierte en una postura autodestructiva. Si el relativista afirmara que todo es relativo menos esta aseveración, habría que señalar que para fundamentar la razón de esta excepción, debe contarse con un criterio de verdad, lo cual, a su turno, pone de relieve la necesidad de sustentarse en juicios que mantengan correspondencia con el objeto juzgado. Por otra parte, deberían explicar también por qué no recurren a criterios de verdad para todo lo demás que quedaría excluido del conocimiento. A su vez, cualquier afirmación que se haga en dirección a explicar por qué el criterio de verdad puede ser solamente utilizado para revelar las razones por las que “todo es relativo” y excluir este criterio  todo lo demás, se daría como otro criterio de verdad.

Para incorporar conocimientos se debe recurrir al rigor lógico (a la lógica formal) para que tenga validez el razonamiento, esto es, la verificación de los silogismos, lo cual implica que la concatenación de las proposiciones sean consistentes y, al mismo tiempo, recurrir a los procedimientos de la lógica material para que las proposiciones resulten verdaderas (los argumentos son válidos o inválidos, sólo las proposiciones resultan verdaderas o falsas). El relativista posmoderno puede sustituir la expresión “verdad”  por “conveniencia o inconveniencia circunstancial” pero sólo recurriendo a las ideas de verdad o falsedad es que se puede explicar el porqué de la referida “conveniencia”. Malcom W. Browne da cuenta de una reunión en la New York Academy of Sciences que congregó a más de doscientos científicos de las ciencias sociales y de las ciencias naturales de diferentes partes del mundo que, alarmados, contraargumentaron la “crítica ‘posmoderna’ a la ciencia que sostiene que la verdad depende del punto de vista de cada uno”. Para recurrir a un ejemplo un tanto pedestre, a un tigre hambriento se lo podrá interpretar como una rosa, pero quien ensaye el acercarse a oler la rosa (en verdad al tigre) difícilmente podrá escapar de las fauces del felino. Semejante experimento pondrá en evidencia que, sencillamente, un tigre es un tigre y una rosa es una rosa. Claro que, como dice Mariano Artigas, “la verdad de un enunciado no implica una semejanza material entre el enunciado y la realidad, puesto que los enunciados se componen de signos, y la realidad está compuesta por entidades, propiedades y procesos. La verdad existe cuando lo que afirmamos corresponde a la realidad, pero esa correspondencia debe valorarse teniendo en cuenta el significado de los signos lingüísticos que utilizamos”.

El lenguaje, un instrumento esencial para pensar y trasmitir pensamientos, es el resultado de un orden espontáneo, no es el resultado de ningún diseño, se trata de un proceso evolutivo. Los diccionarios son libros de historia, son un ex post facto. Cuando se ha diseñado una lengua como el esperanto, no ha servido a sus propósitos. La lengua integra un proceso ininterrumpido de convenciones, pero de allí no se sigue que se pueda interpretar de cualquier modo una palabra, lo cual imposibilitaría la comunicación y significaría la destrucción del lenguaje. No se trata entonces de interpretaciones frívolas según la moda del momento. De la antes mencionada convención no se sigue que pueda impunemente desarticularse o disociarse la definición de una palabra con su correspondencia con la realidad sin caer en el sin-sentido. He aquí el meollo del posmodernismo.

Vía https://www.elcato.org/que-es-la-posmodernidad

Expertos desmontan las mentiras de los estudios a favor de la adopción homosexual

La página web de la Columbia Law School, que forma parte de la prestigiosa Columbia University de Nueva York, ha publicado los resultados de los 79 estudios llevados a cabo hasta ahora en los Estados Unidos sobre el bienestar de los niños en familias homoparentales.

Sus conclusiones son sorprendentes y parecen definitivas: dicen que no hay ninguna desventaja en ser hijos de una pareja de mujeres o de hombres en lugar de serlo de una pareja formada por un hombre y una mujer.

Los invitados del Centro di Ateneo di Studi e Ricerche sulla Famiglia han desmontado esos estudios, tirando por la borda la conclusión de los mismos

75 de ellos apoyan esta teoría por tan solo cuatro que muestran datos contrarios. Pero he aquí que los invitados del Centro di Ateneo di Studi e Ricerche sulla Famiglia, de la Universidad Católica de Milán, han desmontado esos estudios, tirando por la borda la conclusión de los mismos y sus métodos científicos.

Los responsables de la rectificación han sido Paul Sullins, Elena Canzi, Eugenia Scabini y Vittorio Cigoli, en un seminario internacional titulado “Homogenitorialidad y filiación”, que tuvo lugar el 28 de septiembre pasado.

Dos grandes fallos

La primera crítica de estos expertos hacia estos estudios atañe a la falta de representatividad y a la reducida dimensión de los tipos de población utilizados en los informes favorables al colectivo LGTBI.

“Un detallado recuento por parte de los revisores, tanto favorables como críticos, concuerdan que sólo 5  estudios de todo el grupo han utilizado un tipo casual. Esto significa que 70 de los 75 estudios que sostienen la opinión de que a los niños no les afecta tener padres homosexuales no utilizan un tipo representativo en apoyo de su inferencia”.

Es decir, casi todos los estudios favorables al lobby LGTBI presentados como “investigación” están basados en sondeos de contactos y amigos, y conocidos de los amigos o de los propios investigadores.

“Este procedimiento no es creíble. Intentar valorar lo bien que van las cosas para los niños criados por parejas gays entrevistando a redes receptivas a las peticiones de los gays, es como intentar valorar el índice de religiosidad de una población entrevistando a los participantes a un curso de estudios bíblicos y a sus amigos”.

En cambio, los 5 estudios que revelan desventajas para los hijos de parejas homosexuales están basados todos en tipos casuales y cuantitativamente representativos.

“El 61% de los casos identificado como ‘padres del mismo sexo’ consistía en parejas progenitores de sexo distinto”

El segundo tipo de error es de orden fáctico. Es el caso de tres de estos estudios se incluyeron a parejas heterosexuales erróneamente clasificadas como homosexuales.

Estos errores materiales no son raros y condicionan mucho los resultados porque, al ser el número de las parejas homosexuales muy pequeño comparado con el de las heterosexuales, no refleja las proporciones efectivas en la realidad, según recoge ReL.

En el estudio de J.L. Wainright “el 61% de los casos identificado como ‘padres del mismo sexo’ consistía en parejas progenitores de sexo distinto. En otro reciente estudio basado en datos del censo holandés, casi el 65% del tipo de progenitores del mismo sexo consistía en progenitores heterosexuales asignados erróneamente“.

Al final, los estudios más fiables del total de los 75 son aquellos que contradicen la conclusión que se publica en la página, y es que los hijos en situaciones homoparentales tienen más problemas que los que tienen como progenitores a un hombre y una mujer que viven juntos.

Visto en: www.actuall.com

La verdad en cifras: salud psíquica y emocional de niños criados por parejas homosexuales

El estudio de Paul Sullins es el mayor realizado hasta ahora y el más completo en el análisis de variables.

Una investigación reciente acaba de lanzar una bomba sobre la cuestión incendiaria de los progenitores del mismo sexo. En su artículo publicado en el British Journal of Education, Society & Behavioural Science, una publicación revisada por pares, el sociólogo estadounidense Paul Sullins concluye que “los problemas emocionales de los niños con progenitores del mismo sexo son más del doble respecto a los que tienen progenitores de sexo opuesto”.

Afirma: “Ya no se puede afirmar que ningún estudio haya concluido que los niños con progenitores del mismo sexo están en desventaja respecto a los que tienen padres de sexo opuesto”.

Sin embargo, algunos podrían cuestionar que el estudio tiene un claro sesgo por el hecho de que Paul Sullins es un reverendo de una universidad católica, para aquellas personas les recuerdo un dato histórico:

El descubridor de la teoría de la inflación cósmica que hoy conocemos como “Big Bang” fue un sacerdote católico que origen belga llamado George Lemaitre.  http://www.bbc.com/mundo/noticias-36469530

Es seguro que esta desafiante refutación de la hipótesis de la “no diferencia” armará mucho revuelo; mientras tanto, el Tribunal Supremo [de Estados Unidos] se prepara a indagar los argumentos en favor y en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo. A los críticos les será imposible ignorarlo, porque se fundamenta en más datos que cualquier otro estudio previo: 512 niños con progenitores del mismo sexo escogidos de la Encuesta Nacional de Entrevistas de Salud de los EEUU. Los problemas emocionales incluyen mala conducta, signos de ansiedad, depresión, mala relación con los coetáneos e incapacidad para concentrarse.

La filiación biológica, factor decisivo

Tras analizar los datos, Sullins concluyó que los progenitores de sexos opuestos proporcionan un ambiente mejor. “La filiación biológica es lo que diferencia de manera excepcional y profunda los resultados infantiles entre los niños con progenitores de sexo opuesto y los que tienen a los progenitores del mismo sexo”, escribe.

Tal como él demuestra, esto tiene inmensas implicaciones para las políticas públicas. El modelo de amor espléndido y edulcorado de Elton John y David Furnish hacia su descendencia, fruto de un vientre de alquiler, no funciona. Lanzando el guante ante los defensores del matrimonio entre personas del mismo sexo, Sullins afirma que “el beneficio principal del matrimonio para los niños, por lo tanto, no es que los presenta como los padres mejores (más estables, más ricos, etc., aunque también lo hace), sino que los presenta como sus propios padres”.

La Última Tule del matrimonio entre personas del mismo sexo [NdT: por Última Tule se entendía, en la geografía romana y medieval, cualquier lugar distante situado más allá de las fronteras del mundo conocido] -el reconocimiento legal y social de las relaciones gays y lesbianas-, no reducirá el riesgo de problemas emocionales. “Las dos formas familiares seguirán teniendo fundamentalmente efectos diferentes, incluso contrastantes, sobre el componente biológico del bienestar del niño, en detrimento de los niños de progenitores del mismo sexo”.

La “homofobia” no es la causa

Sullins analiza también si otros factores pueden explicar la diferencia en el bienestar emocional. Según sus observaciones, ninguno lo hace.

Un factor podría ser la inestabilidad. Los niños no maduran en ambientes inestables. Los progenitores gays y lesbianas tienden a alquilar más que a ser propietarios de la casa donde viven, lo que implica el trauma de mudarse y volver a asentarse. Esto puede indicar también que los progenitores son menos estables en su relación. El sufrimiento psicológico de los progenitores influye también en el aumento del riesgo de que el niño tenga problemas emocionales. Nada de esto explicaba las diferencias.

La explicación más ampliamente aceptada ante los malos resultados emocionales y de conducta entre los niños con progenitores del mismo sexo es la homofobia. Los defensores de los progenitores del mismo sexo atribuyen el escaso bienestar emocional a la estigmatización. Estos niños son dañados, dicen, porque son señalados, son acosados y son objeto de burla. Si sus coetáneos fueran menos homófobos, las cosas serían distintas.

El lobby LGTB alega que el acoso a los hijos de padres del mismo sexo por homofobia sería la causa de su mayor propensión a la inestabilidad emocional. El estudio de Sullins demuestra que no.

Y otros estudios publicados desmienten también dicha afirmación.

“Contrariamente a la suposición que subyace a esta hipótesis, los niños con progenitores de sexo distinto son más perseguidos y acosados que los niños con progenitores del mismo sexo”.

Esto puede parecer sorprendente, pero en otro artículo publicado el año pasado en el British Journal of Medicine and Medical Research y basado en los mismos datos, Sullins concluyó que los niños de progenitores del mismo sexo tienen más riesgo de sufrir TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad). Y si tienen TDAH, son estigmatizados siete veces más a causa de su mermada capacidad de relación interpersonal. En otras palabras, si los niños de hogares con progenitores del mismo sexo son acosados más, esto es debido a que no tienen capacidad de relación interpersonal, no porque sus progenitores sean gays o lesbianas.

Visto en: http://www.religionenlibertad.com/la-prevalencia-de-problemas-emocionales-se-duplica-en-hijos-de-parejas-40697.htm

Referencias:

https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=2500537

http://ipr.cua.edu/faculty/sullins.cfm

http://www.sciencedomain.org/abstract/7834