Hombre que se cree mujer es aceptado en colegio femenino tras fuerte presión de los medios y el lobby LGTB

El adolescente estuvo respaldado por la ley de identidad de género que permite el cambio de nombre y sexo en la documentación.

Insólito. Un joven chileno transexual identificado como Arlén Aliaga ingresó al Liceo 1 Javiera Carrera, un emblemático colegio público de Santiago, luego de batallar porque se le permitiera ingresar a la escuela exclusiva de mujeres a pesar de ser varón.

“Es un día histórico, quizás soy la primera. Sé que hay otras personas que lo intentaron antes pero no pudieron, y claramente se pudo”, dijo Aliaga a periodistas que le esperaron en el ingreso a su nuevo colegio, al que llegó en compañía de su madre vistiendo un jumper azul oscuro, tradicionalmente usado por las escolares chilenas.

Transición de hombre a mujer”

Aliaga abandonó el Liceo Barros Borgoño, según él por ser “víctima de discriminación” por parte del cuerpo directivo y docente, luego que en 2017 comenzara a hacer el “tránsito” de hombre de a mujer y se dejara crecer el pelo y solicitara el uso de jumper como uniforme escolar, lo cual le fue aceptado.

Aliaga habría pasado por varios enfrentamientos con el personal del liceo. Uno de ellos con una profesora de Química que le habría sacado del salón para reprocharle el uso de maquillaje y del jumper, utilizando como argumento que no lo necesitaba y que “estaba llamando la atención”.

“Me gritó que me fuera del liceo porque era un liceo de hombres”, también le habría dicho otro integrante del plantel. Además, el joven transexual aseguró que en el establecimiento ordenaron a una persona que la siguiera hasta el baño, a ella y a otros estudiantes, según declaraciones a CNN Prime.

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Ley de identidad de género

El adolescente que se cree mujer estuvo respaldado por la ley de identidad de géneroque permite  a los transexuales el cambio de nombre y sexo en la documentación.

La norma, promulgada en noviembre del año pasado, fue debatida por cinco años en el Congreso chileno y permite a la población trans cambiar su nombre y sexo en su documentación de identidad a partir de los 18 años, bajo su propia voluntad y solo con el requisito de llevar dos testigos.

En el caso de los jóvenes de entre 14 y 18 años deberán tener el permiso de sus padres o tutores y realizar la petición ante un juez de familia, quien definirá si la petición procede o no.

Fuente: http://laresistencia.pe/mundo.php?id=transexual-es-aceptado-en-colegio-para-mujer-tras-fuerte-presin-de-los-medios-y-el-lobby-lgtb&fbclid=IwAR1uucz9SYq9O0da_hkqcYOSFKIKTU4am2OsK6OnkHYQk-F0nilaiBRaq9Y

La directora feminista de un colegio de Huelva castiga a los niños sin patio por ser hombres

ninos castigados

Francisco Serrano, presidente de VOX en el Parlamento de Andalucía, ha denunciado a través de su cuenta de Twitter que un instituto de Huelva“castigará el 8M sin recreo a los alumnos varones, por solo el hecho de serlo”.

El líder andaluz de VOX muestra un documento del centro en el que se explican las actividades previstas para el Día Internacional de la Mujer, un visionado de vídeos, realización de carteles sobre el 8M y la más conflictiva: de todas a las 11:10 tocará la sirena “en ese momento el profesorado entregará a las alumnas (SOLO A LAS CHICAS) de la clase en la que está impartiendo su materia, los marca páginas que previamente se les habrá dado”. El folio insiste: “Tras dar el marca páginas a las alumnas (A LOS CHICOS NO), las chicas podrán iniciar su recreo”.

La justificación que dan en ese papel para tal medida es que “se hace para que los chicos y chicas, comprendan lo que ha sentido la mujer durante mucho tiempo en la historia, donde simplemente por el sexo se le ha prohibido hacer determinadas tareas”.

Hay que estar muy enferma, muy tarada y ser una verdadera psicópata emocional para castigar a unos niños por el mero hecho de ser hombres. Educar valores sembrando odio entre sexos. ¿Hasta qué punto vamos allegar?

Fuente: https://www.mediterraneodigital.com/feminismo/feminazis-1/la-directora-feminista-de-un-colegio-de-huelva-castiga-a-los-ninos-sin-patio-por-ser-hombres.html?fbclid=IwAR2Eya4BFBYbbJW1EBWQKtBAqE74rCgRO0WYQU3COvchl4hdbDOpAtagGdw

Ministro de Educación de Brasil elimina la Secretaría de diversidad

El nuevo ministro de Educación brasileño Ricardo Vélez Rodríguez eliminó la Secretaría de diversidad que se encargaba de ver los temas de diversidad, derechos humanos y relaciones étnicas raciales.

El Ministerio de Educación reemplazará dicha secretaria para crear una que se dedicará únicamente a la alfabetización.

Vélez Rodríguez es un filósofo que trabajó en academias militares y en los últimos años daba clases en la Universidad Federal de Ouro Preto. Ha escrito más de 30 libros, principalmente contra la izquierda.​

El filósofo dijo en una carta publicada el viernes que quiere trabajar “en el contexto de la preservación de los valores que son queridos para la sociedad brasileña, que es, en esencia, conservadora y contraria a las experiencias que pretenden ignorar los valores tradicionales conectados a la preservación de la familia y la moralidad humanista”.

Rodríguez, nacido en Colombia, ha escrito en su blog que los brasileños deben “recordar y celebrar” el golpe militar de 1964 mediante el cual se instaló una dictadura que gobernó el país hasta 1985. También dijo que la corrupción no sería endémica en Brasil si se hubiera instaurado una monarquía.

Por su parte el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro escribió en su perfil de la red social de Twitter que esta decisión ayudará a formar ciudadanos preparados para el mercado de trabajo, siendo un enfoque opuesto al de gobiernos anteriores, que según indicó “intencionalmente invirtieron en la formación de mentes esclavas de las ideas de dominación socialista”.

Twitter

Fuente: https://www.elmundo.cr/ministro-de-educacion-de-brasil-elimina-la-secretaria-de-diversidad/

Chuck Norris denuncia los “campos de adoctrinamiento izquierdista” en las aulas

“¿Es meramente una coincidencia que la elección privada de la escolaridad de los ciudadanos fuera prohibida por el Estado soviético en 1919, por Hitler y la Alemania nazi en 1938, y por la China comunista en 1949?” se pregunta el actor norteamericano.

El actor Chuck Norris es promotor de una fundación de karate para adolescentes. / chucknorriskarate.com

Carlos Ray ‘Chuck’ Norris (Oklahoma, EEUU, 1940) no ha tenido que tirar de recursos marciales como excampeón mundial de karate o exmilitar para dar su penúltimo golpe contra el progresismo en los Estados Unidos.

Como personaje de fama mundial, Norris es invitado en numerosas ocasiones a ofrecer conferencias y, en especial, discursos en actos de graduación, dada su dedicación a la formación juvenil a través de su fundación de karate.

Este año, al encontrarse fuera de los Estados Unidos, ha decidido hacer públicas algunas reflexiones para padres y alumnos que no dejan indiferente a quien las lee.

En primer lugar, refiere un elogio al profesorado: “Estoy seguro de que la mayoría están sobrecargados de trabajo y mal pagados. Nadie se está haciendo rico enseñando niños. Aplaudo a los verdaderos maestros que trabajan arduamente en esta tierra”.

A continuación aborda la cuestión de la politización de las universidades, escoradas ideológicamente a la izquierda. En este sentido, el protagonista de ‘Walker, Texas Ranger’ expresa que su mayor preocupación al respecto es “el estado de las universidades a las que se dirigen tantos graduados de la Escuela Secundaria” y en particular “porque se han convertido en poco menos que campos de adoctrinamiento izquierdista donde demasiados profesores simplemente están vendiendo ideologías progresistas empaquetadas bajo el disfraz de la educación”.

“En lugar de alentar el librepensamiento, la educación superior en Estados Unidos, especialmente en las artes liberales, es una comunidad de adoctrinamiento”

Sobre esta cuestión, cita el libro ‘La caída libre de la Universidad Americana: Cómo nuestros colegios están corrompiendo las mentes y la moral de la próxima generación’, de Jim Nelson Black, fundador del Sentinel Research Associates, quien documentó los “desequilibrios izquierdistas” en la educación superior de los Estados Unidos.

En él se documentan algunas estadísticas que el actor destaca. El 57% de los profesores de las facultades más destacadas se declaran partidarios del Partido Demócrata americano y sólo el 6% se identifica como convservador.

Traición a los Padres Fundadores

A juicio de Chuck Norris, “el entorno educativo unilateral de las universidades, con sus códigos de discurso restrictivos, prejuicios contra los estudiantes conservadores y propaganda para causas radicales y estilos de vida, está muy lejos de lo que Thomas Jefferson y otros fundadores pretendían para las futuras generaciones de Estados Unidos”. Y añade: “En lugar de alentar el librepensamiento, la educación superior en Estados Unidos, especialmente en las artes liberales, es una comunidad de adoctrinamiento”

Siguiendo la línea argumental el actor lamenta que “demasiados padres asumen ciegamente que cualquier universidad, o cualquier universidad con un nombre grande o popular, servirá para sus hijos e hijas”. Así, les anima a pedir a los responsables de la Universidad en cuestión que acepten la Declaración de Derechos Académica y la Declaración de Derechos del Estudiante.

Devolver la educación a los padres

Norris propone además como solución para invertir la tendencia y el sesgo izquierdista de las universidades públicas norteamericanas que los padres conservadores animen a los hijos que tengan vocación docente a seguir su carrera porque “la única forma en que finalmente cambiaremos el sesgo académico es asegurando el nombramiento de maestros conservadores en la facultad y la administración de nuestras instituciones de educación superior”.

“Si queremos volver a lo básico en educación, podemos comenzar eliminando a los burócratas educativos y devolviéndole ese dinero a los padres, o al menos invirtiéndolo en los estudiantes”

Además, aboga por reducir la extralimitación del gobierno federal en la educación, objetivo para el que se hace necesario a su entender “eliminar el Departamento de Educación federal” y permitir más libertad a las entidades estatales y locales, amén de proteger el papel principal de los padres en la educación de sus vástagos.

“Si queremos volver a lo básico en educación, podemos comenzar eliminando a los burócratas educativos y devolviéndole ese dinero a los padres, o al menos invirtiéndolo en los estudiantes”, subraya.

Y añade: “Los niños pertenecen a sus padres, no al gobierno. Y los padres deben tener el derecho, y el apoyo del gobierno, de personalizar la educación de sus graduados como mejor les parezca. Y donde el Departamento de Educación, los sindicatos de docentes u otras organizaciones o burócratas impiden sus decisiones, deben ser detenidos”.

“¿Es meramente una coincidencia que la elección privada de la escolaridad de los ciudadanos fuera prohibida por el Estado soviético en 1919, por Hitler y la Alemania nazi en 1938, y por la China comunista en 1949?”, concluye el actor.

Visto en: https://www.actuall.com/educacion/chuck-norris-denuncia-los-campos-de-adoctrinamiento-izquierdista-en-las-aulas/

La ideología de género mata, el maligno doctor John Money

El experimento definitivo sobre la ideología de género ya tuvo lugar en 1966.

Al encontrarme con este caso en al menos tres obras —“La tabla rasa” (2003) del científico cognitivo de Harvard Steven Pinker, “Ideología de género y feminismo radical” (2015) del cristiano ortodoxo Mario Cely y en “El libro negro de la nueva izquierda” (2016) del politólogo Agustín Laje que retoma lo dicho por Pinker— y entendiendo la importancia que nuevamente toma en el debate público, a continuación, hago reseña del experimento del psicólogo John Money.

En 1966, con tan solo 8 meses, Bruce Reimer perdió su pene producto de una circuncisión mal hecha. Los padres muy preocupados por el futuro de su hijo y sin saber qué hacer, confiaron en la gran reputación que tenía en ese entonces el doctor John Money —quien sostenía que el género no es algo natural sino algo aprendido— lo contactaron y aceptaron su sugerencia de reasignación de sexo, así, se prosiguió 14 meses después, a retirar los testículos de Bruce y a crearle una vulva artificial, desde entonces sería conocido como Brenda y estaría sometido a tratamiento psicológico y hormonal.

Este experimento sería la prueba reina a favor de los teóricos de la construcción social, ya que Bruce tenía un hermano gemelo homocigótico (del mismo “huevo”), Brian, el cual, al compartir el 100% de los genes y la misma familia, haría posible demostrar que lo importante para determinar la identidad de género es el entorno.

Dada la tesis de Money, de que el género es algo que se aprende, —por decirlo de forma simple, no se nace, se hace— él le dijo a la familia que nunca le contarán la verdad a Brenda y, además, que la trataran como a una niña. Si la tesis de Money era correcta, y los bebés vienen al mundo con la mente en blancosolo hacía falta que al antes Bruce Reimer, lo educaran como niña, le pusieran vestidos y le comparan muñecas para que el experimento fuera exitoso.

El nombrado caso que Money llamó John/Joan fue expuesto al mundo como un éxito rotundo, sin embargo, en 1977 saldría a luz que:

[…] desde muy pequeña, Brenda se sentía un niño atrapado en un cuerpo de niña y un rol de género. Rasgaba los vestidos con volantes, rechazaba las muñecas y prefería las armas, le gustaba jugar con chicos y hasta insistía en orinar de pie. A los 14 años se sentía tan desgraciada que decidió que o bien vivía su vida como chico o bien acababa con ella, y al final su padre le contó la verdad. Se sometió a una nueva serie de operaciones, asumió una identidad masculina y hoy está felizmente casado con una mujer. [1]

Durante al menos 10 años Money estuvo dando apoyo psicológico a Brenda, y evaluando los resultados de su operación y reasignación de sexo. Lo que dice otra parte de esta historia es que a los 13 años Brenda amenazó a sus padres con suicidarse si la seguían obligando a ver al doctor Money, las visitas al doctor money eran «traumáticas más que terapeuticas». Cuenta Agustín Laje:

[…] a medida que la “niña” se negaba a adoptar su nuevo género, el doctor se veía obligado a aplicar enfoques cada vez más extremos. Pidió tener sesiones conjuntas con los gemelos, a quienes les hacía quitarse la ropa, mirarse mutuamente, ensayar poses sexuales y someterse a sesiones fotográficas. Los dos niños cumplían un papel no muy diferente del que pueden cumplir dos ratas de laboratorio.

[…] El último intento de Money consistió en intentar convencer a “Brenda” de someterse a una cirugía que perfeccionara su vulva rudimentaria y se le pudiera construir una vagina artificial. A los trece años de edad, llegó a entrevistarla con un transexual para que éste la persuadiera respecto de las bondades de la cirugía. Pero “Brenda” se negó, y pidió a sus padres no volver a ver nunca más al doctor Money. [2]

Con ello, Money dejaría de hablar de su supuesto exitoso caso John/Joan, sin revelar que había sido un fracaso, y Brenda, por su parte:

[…] decidió asumir su papel masculino, y se puso por nombre David. En 1997, David Reimer se había sometido a un tratamiento para revertir la reasignación, que incluía inyecciones de testosterona, una mastectomía doble, y dos operaciones de faloplastia. Conoció a una mujer, con la que se casó y se convirtió en el padrastro de sus tres hijos. [3]

La vida de David nunca fue fácil, no logró terminar su escuela normalmente como el resto de niños, estuvo muchos años desempleado y hasta fue estafado por un hombre al que le vendió su historia, finalmente, luego de separarse de su esposa, sumándose al dolor el suicidio de su hermano Brian por sobredosis en 2002, a causa de todos sus traumas, el 4 de mayo de 2004, a sus 38 años, en un aparcamiento de un supermercado, se pegó un tiro en su cabeza.

La trágica destrucción de la familia Reimer a causa de la negación de la naturaleza humana no fue un caso aislado contra la ideología de género. En un estudio realizado a veinticinco niños que nacieron sin pene (un defecto de nacimiento conocido como extrofia cloacal) a los cuales se castro y educó como niñas:

Todos mostraron unos patrones masculinos, se dedicaban a juegos bruscos y tenían unas actitudes y unos intereses típicamente masculinos. Más de la mitad de ellos declararon espontáneamente que eran niños, uno cuando sólo tenía cinco años. [4]

Lo que actualmente se llama ideología de género, es el adoctrinamiento educativo-cultural por parte del Estado hacia los niños, negando la naturaleza humana para “meterles en la cabeza” que el género se puede cambiar al antojo.

No debemos tampoco caer en el error de pensar que cualquier intento educativo enfocado en visibilizar a homosexuales o transexuales para disminuir el bullying o intolerancia hacia estos, entre otros, hace parte de la llamada ideología de género, desde luego, si en una clase se le enseña a los niños a que deben valorar a las personas por lo que son, y no por su físico, religión u orientación sexual, esto en cambio, es digno de felicitación, y sin duda nos conducirá hacia sociedad mejor.


[1] Pinker, S. (2003) “La tabla rasa”. Barcelona: Paidós. (p. 559).

[2] Laje, A. Márquez, N. (2016) “El libro negro de la nueva izquierda”. Buenos Aires: Unión Editorial. (p.83).

[3] Cely, M. (2015) “Ideología de género y feminismo radical”. Editorial CLIR. (p. 79).

[4] Pinker, S. (2003) “La tabla rasa”. Barcelona: Paidós. (p. 559).

Fuente: https://www.misescolombia.co/la-ideologia-genero-mata-maligno-doctor-john-money/

Candidato a la presidencia Chileno propone incorporar temas de Ideología de Género desde la educación parvularia

El candidato presidencial Alejandro Guillier es uno de los promotores de un proyecto de ley que busca incorporar la identidad de género en la educación parvularia. El proyecto, que fue firmado por otros cuatro senadores, está en su primer trámite constitiucional. “Guillier quiere utilizar una retroexcavadora valórica para que a los niños desde kínder se les empiecen a inculcar la diversidad sexual”.

“Incorporar la identidad de género entre los objetivos de la educación parvularia”, es el propósito de una moción firmada, entre otros, por el candidato presidencial del Partido Radical y del Partido Socialista Alejandro Guillier.

El proyecto de ley, que actualmente se encuentra en primer trámite constitucional en la comisión de educación y cultura del Senado, busca modificar el artículo 28 de la ley N°20.370, que establece la ley general de educación. Esta actualmente señala una serie de principios y valores que la educación parvularia deberá fomentar para lograr un desarrollo integral de los niños y niñas, para lo cual debe promover los aprendizajes, conocimientos, habilidades y actitudes que permitan el desarrollo de esos principios y valores en los niños.

La moción, presentada entre otros por el senador Guillier, establece al respecto que “en la inclusión de dicho listado se echa de menos una temática que ha sido de mayor aceptación y preocupación social y que dice relación con el desarrollo de la identidad sexual de género de los niños y niñas”.

El proyecto de ley fue firmado además por los senadores Carlos Bianchi (IND), Isabel Allende (PS), Manuel Antonio Matta (DC) y Andrés Zaldívar (DC), además del candidato presidencial.

EL CAMBIO QUE SE BUSCA EN LA LEY

Los senadores impulsores de la modificación a la ley 20.370 buscan modificar dos letras del artículo 28, que actualmente establece lo siguiente: “Sin que constituya un antecedente obligatorio para la educación básica, la educación parvularia fomentará el desarrollo integral de los niños y niñas y promoverá los aprendizajes, conocimientos, habilidades y actitudes que les permitan”. A continuación se establecen, de las letras “a” a la “m”, lo que debería permitir la educación parvularia.

La actual letra “b” de la ley dice: “apreciar sus capacidades y características personales”. Esta busca ser reemplazada, según el nuevo proyecto de ley, por “apreciar sus capacidades y características personales, así como también su identidad de género”.

Además se busca reemplazar la actual letra “e” (“trabajar individualmente y en equipo, con esfuerzo, perseverancia, responsabilidad y tolerancia a la frustración”), por la siguiente: “desarrollar actitudes de respeto y aceptación de la diversidad social, étnica, cultural, religiosa, física y de género”.

Puedes leer completa la moción presentada por Alejandro Guillier aquí.

Fuente: http://www.eldemocrata.cl

«Por qué dejamos de hacer operaciones de cambio de sexo»: Ciencia real contra ideología de género

Paul R. McHugh es Catedrático de Servicios Distinguidos en Psiquiatría en la Universidad Johns Hopkins. Escribe sobre el cambio de sexo en FirstThings.com.

Cuando la práctica de cambio de sexo mediante cirugía surgió por primera vez, a principios de los años 70, solía recordarles a menudo a los psiquiatras que defendían este tipo de operación que con otros pacientes, especialmente con los alcohólicos, ellos solían citar la Oración por la Serenidad: “Dios, concédeme la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquellas que puedo y sabiduría para reconocer la diferencia”.

¿De dónde sacaron la idea de que nuestra identidad sexual (“género” es el término que ellos prefieren) como hombres o mujeres estaba en la categoría de cosas que se pueden cambiar?

Su respuesta habitual era mostrarme a sus pacientes. Los hombres (y hasta poco antes eran todos hombres) con los que hablaba antes de ser operados me decían que sus cuerpos e identidad sexual estaban en desacuerdo; con los que hablaba después de la operación me decían que la cirugía y los tratamientos de hormonas que les habían convertidos en “mujeres” les habían proporcionado felicidad y satisfacción.

Sin embargo, ninguno de estos encuentros era convincente.

Los sujetos post-quirúrgicos me parecían caricaturas de mujeres. Llevaban zapatos de tacón alto, mucho maquillaje y vestidos llamativos; me explicaban cómo se sentían al poder dar rienda suelta a sus inclinaciones naturales por la paz, la domesticidad y la dulzura.

Pero sus grandes manos, sus prominentes nueces de Adán y sus evidentes rasgos faciales eran incongruentes y lo serían cada vez más a medida que envejecieran.

Las psiquiatras a las que los enviaba para que hablaran con ellos conseguían ver intuitivamente a través del disfraz y la exageración en los gestos. “Las chicas conocen a las chicas”, me dijo una de ellas, “y eso es un chico”.

Tres rasgos de estas “nuevas mujeres”

Los sujetos antes de la cirugía me llamaban la atención aún más cuando veía que intentaban convencer a cualquiera que quisiera influirles sobre su operación.

Primero, dedicaban una increíble cantidad de tiempo a pensar y hablar sobre sexo y sus experiencias sexuales; su hambre sexual y sus aventuras parecían preocuparles.

Segundo, hablar de bebés y niños no les interesaba demasiado; incluso parecían indiferentes a los niños.

Y tercero y más importante, muchos de estos hombres que declaraban ser mujeres decían que encontraban a las mujeres sexualmente atractivas y que se veían como “lesbianas”.

Cuando les decía a sus defensores que sus inclinaciones psicológicas se parecían más a las de los hombres que a las de las mujeres, recibía varias respuestas, pero la mayoría me decía que haciendo esta clase de juicios estaba recurriendo a estereotipos sexuales.

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Hasta 1975, cuando me convertí en jefe de psiquiatría del John Hopkins Hospital, no solía compartir mis sugerencias sobre estas cuestiones. Pero cuando se me dio autoridad sobre todos los casos en el Departamento de Psiquiatría me di cuenta de que si era pasivo estaría eligiendo tácitamente impulsar la cirugía de cambio de sexo en el departamento que la había propuesto en origen, y que seguía defendiéndola.

Decidí desafiar lo que yo consideraba ser una mala dirección de la psiquiatría y exigir más información, tanto antes como después de las operaciones.

Dos “dogmas de género” a estudio
Dos cuestiones se presentaron como objetivo de estudio. Primero, quería examinar la declaración según la cual los hombres que habían sido operados de cambio de sexo habían encontrado la solución a sus muchos problemas psicológicos.

Segundo (y esto era más ambicioso), quería ver si los niños con genitales ambiguos que eran transformados quirúrgicamente en niñas y educados como tales, como afirmaba la teoría (del Hopkins), se normalizaban con facilidad en la identidad sexual que se había elegido para ellos.

Estas afirmaciones habían generado la opinión en círculos psiquiátricos de que el “sexo” y el “género” de una persona eran cosas distintas: el sexo estaba determinado genética y hormonalmente desde la concepción, mientras que el género estaba modelado por la cultura mediante la acción de la familia y otros durante la infancia.

La primera cuestión era más fácil y sólo requería que yo impulsara la investigación continua en comportamiento sexual humano de un miembro de la facultad que fuera un estudiante con capacidad.

El psiquiatra y psicoanalista Jon Meyer ya estaba desarrollando un método para hacer el seguimiento de adultos que habían sido operados de cambio de sexo en el Hopkins para ver en qué medida la cirugía les había ayudado.

Encontró que la mayoría de los pacientes que había localizado años después de la cirugía estaban satisfechos con lo que habían hecho; sólo unos cuantos se arrepentían. Pero en el resto de los aspectos habían cambiado poco en lo que se refiere a sus condiciones psicológicas. Seguían teniendo los mismos problemas que antes con las relaciones, el trabajo y las emociones. La esperanza que tenían de superar sus dificultades emocionales para mejorar psicológicamente no se había cumplido.

Arreglar sus mentes, no sus genitales

Leímos los resultados como demostración de que del mismo modo que estos hombres disfrutaban del travestismo antes de la operación, después de ella les gustaba vivir en el sexo opuesto, pero no se sentían mejor en su integración psicológica ni la vivían mejor.

Con estos hechos en la mano llegué a la conclusión de que el Hopkins estaba fundamentalmente colaborando con una enfermedad mental.

Pensé que nosotros, los psiquiatras, teníamos que concentrarnos en intentar arreglar sus mentes y no sus genitales.

¿Qué lleva a pedir el cambio de sexo quirúrgico?
Gracias a su investigación, el Dr. Meyer pudo dar algo de sentido a los trastornos mentales que estaban llevando a solicitar este tratamiento inusual y radical. La mayoría de los casos cayeron dentro de uno de estos dos grupos que menciono a continuación, bastante diferentes entre ellos.

Un grupo consistía en hombres homosexuales conflictivos y guiados por un sentido de culpa que veían en el cambio de sexo un modo de resolver sus conflictos sobre la homosexualidad, pues les permitiría comportarse sexualmente como mujeres con hombres.

El otro grupo -la mayoría, hombres más mayores- estaba formado por varones heterosexuales (y algunos bisexuales) que sentían gran excitación sexual al travestirse de mujeres. A medida que envejecían, estaban cada vez más deseosos de añadir verosimilitud a sus disfraces y buscaban o se les sugería una transformación quirúrgica que incluía implantes mamarios, amputación del pene y reconstrucción pélvica para parecerse a una mujer.

Posteriores estudios sobre sujetos similares en los servicios de psiquiatría del Clark Institute de Toronto identificaron a estos hombres por la auto-excitación que sentían al imitar a mujeres seductoras sexualmente.

Muchos de ellos imaginaban que sus demostraciones podían ser excitantes también para los espectadores, sobre todo las mujeres.

Esta idea, una forma de “sexo en la cabeza” (D. H. Lawrence), era lo que provocaba su primera aventura al disfrazarse con ropa interior femenina, llevándolos después a considerar la opción quirúrgica.

La mayoría de ellos veían en las mujeres el objeto de su interés, por lo que al hablar con los psiquiatras se identificaban a sí mismos como lesbianas.

El término que con el tiempo acuñaron en Toronto para describir esta forma de mala dirección sexual fue “autoginefilia”.

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Autoginefilia: hombres que se excitan vistiéndose como mujeres… y buscando gustar a mujeres; después de usar ropa de mujer, buscan un cuerpo de mujer.

De nuevo concluí que alterar quirúrgicamente el cuerpo de estas personas desgraciadas era colaborar con un trastorno mental en lugar de tratarlo.

Esta información y una mejor comprensión de lo que habíamos estado haciendo nos hizo tomar la decisión de dejar de prescribir las operaciones de cambio de sexo para adultos en el Hopkins —para gran alivio, tengo que decirlo, de varios de nuestros cirujanos plásticos que habían recibido orden previamente de llevar adelante este tipo de intervención.

El caso de los bebés con genitales deformes

Y con esta solución en lo que respecta a la primera cuestión, puedo ahora hablar sobre la segunda, a saber: la práctica de asignar un sexo femenino a recién nacidos varones que al nacer tenían genitales malformados y ambiguos sexualmente, como también defectos severos en el pene.

Esta práctica, que pertenece más al campo de la pediatria que al mío propio, era sin embargo motivo de preocupación para los psiquiatras porque las opiniones que se habían generado alrededor de estos casos contribuían a formar la opinión de que la identidad sexual era una cuestión de condicionamiento cultural más que algo esencial en la constitución humana.

Varias enfermedades, afortunadamente raras, pueden llevar a defectos en la formación del tracto genitourinario durante la vida embrionaria. Cuando esto ocurre en un varón, la forma más simple de cirugía plástica -con la idea de corregir la anormalidad y ganar una apariencia estética satisfactoria- es quitar todas las partes masculinas, incluyendo los testículos, y construir una vagina y unos labios con los tejidos disponibles.

Esto proporciona a estos bebés malformados una anatomia genital de apariencia femenina sin importar su sexo genético. Dada la afirmación de que la identidad sexual de un niño seguirá fácilmente a su apariencia genital si está apoyado por la familia y el entorno cultural, los cirujanos pediátricos se aficionaron a construir genitales de apariencia femenina tanto a niñas con una constitución cromosómica XX como a niños con una XY, para que así todos tuvieran aspecto de niñas pequeñas, a la vez que eran educadas como tales por sus progenitores.

Los psicólogos persuadían a los padres

Todo esto se hacía, desde luego, con el consentimiento de los padres que, afligidos por las graves malformaciones de sus bebés, eran persuadidos por los endocrinólogos pediátricos y los psicólogos que los asesoraban a aceptar la cirugía de transformación de sus hijos.

Se les decía que la identidad sexual de sus hijos (de nuevo, su “género”) simplemente se amoldaría al condicionamiento ambiental.

Si los padres sistemáticamente respondían al niño como si fuera una niña ahora que su estructura genital parecía la de una niña, él aceptaría este rol sin mucho esfuerzo.

Esta propuesta les planteaba a los padres una decisión crítica. Los médicos aumentaban la presión después de hacer la propuesta diciendo a los padres que la decisión había que tomarla pronto porque la identidad sexual de un niño se establece a los dos o tres años de vida.

El proceso de inducir al niño en un rol femenino debía empezar rápidamente con el nombre, el certificado de nacimiento, la parafernalia para el bebé, etc.

Con los cirujanos preparados para la operación y los médicos seguros, a los padres se les ofrecía algo que era difícil de rechazar (a pesar de que, y esto es interesante, unos cuantos padres, pocos, rechazaron este consejo y decidieron que la naturaleza hiciera su curso).

Pienso que estas opiniones profesionales y la elección con la que se presionaba a los padres estaban basadas en pruebas anecdóticas difíciles de verificar y más difíciles aún de reproducir. A pesar de la seguridad que demostraban sus defensores, les faltaba un apoyo empírico sustancial.

Animé a unos de nuestros psiquiatras residentes, William G. Reiner (que estaba ya interesado en el tema porque antes de su formación psiquiátrica había sido urólogo infantil y había sido testigo del problema desde el otro lado) a empezar un seguimiento sistemático de estos niños, en particular de los niños transformados en niñas durante su infancia, para así determinar hasta qué punto llegaban a estar integrados sexualmente como adultos.

Un caso a estudio: la extrofia vesical

Los resultados fueron aún más sorprendentes que en el trabajo de Meyer. Reiner escogió estudiar intensamente la extrofia vesical porque pondría mejor a prueba la idea de que la influencia cultural tiene el papel principal en la identidad sexual.

La extrofia vesical es una deformación embrionaria que produce una gruesa anormalidad de la anatomia pélvica, por lo que la vejiga y los genitales están terriblemente deformados en el momento del nacimiento. El pene masculino no se ha formado del todo y la vejiga y el tracto urinario no están claramente separados del tracto gastrointestinal. Fue crucial para el estudio de Reiner el hecho de que el desarrollo embrionario de estos desafortunados varones no es hormonalmente distinto al de los varones normales. Ellos se desarrollan dentro de un ambiente hormonal prenatal típicamente masculino proporcionado por su cromosoma Y y su función testicular normal.

Esto expone a estos embriones/fetos en desarrollo a la hormona masculina de la testosterona, como les sucede a todos los otros varones en los vientres de sus madres.

A pesar de que la investigación sobre animales ha demostrado hace tiempo que el comportamiento sexual masculino deriva directamente de su exposición a la testosterona durante su vida embrionaria, este hecho no impidió la práctica pediátrica de tratar quirúrgicamente a estos bebés varones que tienen esta severa anomalía mediante castración (amputando sus testículos y cualquier otro vestigio de estructuras genitales masculinas) y la reconstrucción de una vagina, para que así pudieran crecer como niñas. A mediados de los años 70 esta práctica se había convertido prácticamente en universal.

Estos casos ofrecieron a Reiner la mejor prueba de los dos aspectos que son el trasfondo de este tratamiento: (1) que los humanos cuando nacen serían neutrales en lo que se refiere a su identidad sexual y (2) que para los humanos son las influencias posnatales y culturales y no hormonales, especialmente en la primera infancia, las que más influirían en su identidad sexual última. Los varones con extrofia vesical eran modificados habitualmente mediante cirugía para parecerse a niñas; a los padres se les instruía para que los educaran como tales.

Pero, el hecho de que habían sido expuestos por completo a la testosterona en el útero ¿derrotaba el intento de educarlos como niñas? Las respuestas serían más evidentes con el cuidadoso seguimiento que Reiner estaba empezando.

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Antes de describir los resultados, quiero señalar que los médicos que proponían este tratamiento para los varones con extrofia vesical entendían y eran conscientes de que estaban introduciendo nuevos y severos problemas físicos a estos varones.

Obviamente, estos niños no tenían ovarios y sus testículos habían sido quirúrgicamente amputados, lo que significaba que tenían que recibir hormonas exógenas durante toda su vida. La misma cirugía les negaba cualquier posibilidad de fertilidad en el futuro. Y uno no podía preguntar al pequeño paciente si quería pagar este precio.

Los médicos que asesoraban a los padres las consideraban cargas aceptables con el fin de evitar la angustia en la infancia de unas estructuras genitales malformadas y se esperaba que pudieran seguir un rumbo sin conflictos hacia su maduración como niñas y mujeres.

Educados como niñas, pero actuaban como chicos

Sin embargo, Reiner descubrió que estos varones re-diseñados nunca se sintieron cómodos como mujeres cuando fueron conscientes de ellos mismos y del mundo.

Desde el principio de su vida infantil de juegos actuaban espontáneamente como chicos y eran claramente distintos a sus hermanas y otras niñas; les divertían más las riñas de chavales que las muñecas y “jugar a las casitas”.

Más tarde, muchos de estos individuos, cuando supieron que genéticamente eran varones, desearon reconstituir sus vidas como tales (algunos incluso pidieron reconstrucción quirúrgica y tomar hormonas masculinas) -todo ello a pesar de los sinceros esfuerzos de sus padres para tratarlos como niñas.

Vale la pena relatar los resultados de Reiner, de los que informaba la edición del 22 de enero de 2004 del New England Journal of Medicine. Hizo un seguimiento a dieciséis varones genéticos afectos de extrofia vesical vistos en el Hopkins, de los cuales catorce fueron sometidos, en el periodo neonatal, a reasignación al sexo femenino social, legal y quirúrgicamente. Los padres de los otros dos niños rechazaron el consejo de los pediatras y educaron a sus hijos como varones.

Ocho de los catorce sujetos reasignados como mujeres declararon ser varones. Cinco vivían como mujeres y uno vivía sin una identidad sexual clara. Los dos que fueron educados como varones permanecieron varones.

Los dieciséis tenían intereses que eran típicamente masculinos, como la caza, el jockey sobre hielo, el karate y el bobsleigh.

De este trabajo Reiner sacó la conclusión de que la identidad sexual sigue a la constitución genética. Las tendencias masculinas (juegos de fuerza, sentirse excitados por las mujeres y agresividad física) son el resultado del desarrollo intrauterino fetal rico en testosterona de los individuos estudiados, a pesar de los esfuerzos por socializarlos como mujeres desde el nacimiento.

Después de examinar los estudios de Reiner y Meyer, nosotros, en el Departamento de Psiquiatría del Johns Hopkins llegamos a la conclusión de que la identidad sexual humana está construida en nuestra constitución por los genes que heredamos y la embriogénesis que experimentamos. Las hormonas masculinas sexualizan el cerebro y la mente.

A disgusto con el propio sexo

La disforia sexual -un sentido de inquietud respecto al rol sexual de uno mismo- ocurre naturalmente en esos raros casos de varones que crecen como mujeres en un esfuerzo por corregir un problema estructural genital infantil. Una inquietud similar puede ser socialmente inducida en hombres aparentemente normales desde un punto de vista de la constitución, en asociación con (y presumiblemente motivados por) serias aberraciones en el comportamiento, entre las cuales están la orientación homosexual conflictiva y la notable desviación masculina llamada ahora autoginefilia.

Estaba claro, entonces, que los psiquiatras debíamos trabajar para disuadir a los adultos que buscaban la cirugía de reasignación de sexo.

Cuando el Hopkins anunció que pararía estos procedimientos en adultos con disforia sexual, muchos otros hospitales le imitaron, pero algunos centros médicos siguen realizando este tipo de cirugía. Tailandia tiene varios centros que realizan esta cirugía “sin preguntar” nada; basta tener el dinero para pagarla y medios para viajar a Tailandia.

Estoy decepcionado pero no sorprendido por esto, dado que algunos cirujanos y centros médicos pueden ser persuadidos de llevar a cabo cualquier tipo de cirugía si son presionados por pacientes con desviaciones sexuales, sobre todo si esos pacientes encuentran un psiquiatra que responde por ellos.

El ejemplo más asombroso es el del cirujano de Inglaterra que estaba dispuesto a amputar las piernas de pacientes que declaran excitarse sexualmente observando y exhibiendo muñones de piernas amputadas.

De todas formas, nosotros en el Hopkins sostenemos que la psiquiatría oficial tiene pruebas suficientes para dar razones contra este tipo de tratamientos y debe empezar a clausurar esta práctica en todas partes.

Para bebés: ayuda urológica, esperar a que crezca

Para los niños con defectos de nacimientos el enfoque más racional en este momento es corregir lo antes posible cualquiera de los principales defectos urológicos que tienen, pero posponiendo cualquier decisión sobre identidad sexual para mucho más tarde, mientras se educa al niño según su sexo genético.

Los cuidadores médicos y los padres deben procurar que el niño sea consciente de que los aspectos de la identidad sexual pueden surgir mientras él o ella crece. Decidir lo que se debe hacer debe esperar a la maduración y el reconocimiento del niño o de la niña de su propia identidad.

Cuidados adecuados, incluyendo un buen acompañamiento por parte de los progenitores, significa ayudar al niño a través de las dificultades médicas y sociales presentadas por la anatomía genital, pero protegiendo en el proceso los tejidos que pueden ser útiles, en especial las gónadas.

Hay que continuar este esfuerzo hasta que el niño pueda ver el problema de su rol en la vida de un modo más claro a medida que el individuo diferenciado sexualmente surge de su interior.

Entonces, a medida que el joven adquiere un sentido de responsabilidad en lo que atañe al resultado, él o ella puede ser ayudado mediante cualquier construcción quirúrgica que desee.

Un verdadero consentimiento informado lo proporciona sólo la persona que va a vivir con el resultado y no se apoya en las decisiones tomadas por otros que creen “que saben más”.

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Detrás del maquillaje y los colores llamativos, hay un dolor y sufrimiento psíquico y espiritual que es el que necesita ser atendido

La ideología de los activistas transgénero

¿Cómo se reciben ahora estas ideas? Creo que medianamente bien. Los activistas “transgéneros” (ahora a menudo aliados de los movimientos de liberación gay) siguen defendiendo que sus miembros tiene derecho a cualquier cirugía que ellos quieran y siguen declarando que su disforia sexual representa una concepción verdadera de su identidad sexual. Han protestado algo contra el diagnóstico de autoginefilia como mecanismo para generar peticiones de operaciones de cambio de sexo, pero han ofrecido pocas pruebas que refuten este diagnóstico.

Los psiquiatras están recibiendo mejores historias sexuales de las personas que piden el cambio de sexo y están descubriendo más ejemplos de esta extraña tendencia al exhibicionismo masculino.

Gran parte del entusiasmo relacionado con un arreglo rápido de los defectos de nacimiento terminó cuando la prueba anecdótica sobre un caso que recibió mucha publicidad acerca de un varón gemelo educado como una niña resultó ser falso. El psicólogo responsable escondió, mediante la utilización de una mala información, el hecho de que el niño, a pesar de los esfuerzos de su familia para tratarlo y educarlo como una niña, había desafiado constantemente el tratamiento, averiguando al final el engaño y restableciendo su masculinidad. Desgraciadamente, tenía un diagnóstico adicional de depresión grave y cometió suicidio.  [ReL publicó este caso estremecedor aquí].

Hostilidad para defender que “todo es maleable”

Pienso que, desde el otro lado, ya no se puede decir mucho acerca de la cuestión del cambio de sexo para los hombres. Pero he aprendido de la experiencia que el desafío más duro es intentar obtener conformidad para buscar pruebas empíricas sobre opiniones relativas al sexo y al comportamento sexual, incluso cuando las opiniones parecen claramente sinsentido.

Uno esperaría de las personas que declaran que la identidad sexual no tiene una base biológica o física ofrecerían más pruebas para persuadir a los otros. Pero según he aprendido, hay una gran hostilidad y se favorece la idea de que la naturaleza es totalmente maleable.

Sin una posición fija sobre qué es la naturaleza humana cualquier posición puede entonces defenderse como legítima. Una práctica que parece que le da a la gente lo que quiere -y que algunos de ellos reclaman ruidosamente- es difícil de combatir con una experiencia profesional ordinaria y la sabiduría. Incluso a menudo se ofrece resistencia -rechazando sus resultados- a ensayos controlados y estudios de seguimiento meticuloso realizados para asegurar que la práctica no sea perjudicial en sí misma.

El gran daño del cambio de sexo

He sido testigo del gran daño que puede provocar la reasignación de sexo. Los niños que han visto transformada su constitución masculina en un rol femenino sienten mucho sufrimiento y tristeza pues son conscientes de su disposición natural.

Sus progenitores normalmente viven con sentimiento de culpa por las decisiones tomadas -cuestionándolas a posteriori y avergonzados de algún modo por la fabricación, tanto quirúrgica como social, que han impuesto en sus hijos.

Y respecto a los adultos que vienen a nosotros declarando que han descubierto su “verdadera” identidad sexual y que han oído hablar de las operaciones de cambio de sexo, nosotros los psiquiatras nos hemos olvidado de estudiar las causas y la naturaleza de su trastorno mental y nos hemos dedicado sólo a prepararlos para la operación y una vida en el otro sexo.

Hemos malgastado recursos científico y técnicos y dañado nuestra credibilidad profesional colaborando con la locura en lugar de intentar estudiarla, curarla y, en última instancia, prevenirla.

(Traducción de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares)

Artículo publicado originalmente en First Things.

Lea sobre esto el caso emblemático de Bruce y Brenda/Brian: Así destruye a la gente la ideología de género: la realidad estremecedora de su inventor, John Money

Visto en: http://www.religionenlibertad.com/por-que-dejamos-de-hacer-operaciones-de-cambio-de-sexo–42897.htm