La mentira del dinero: el Matrix de Sión

¿Te has preguntado alguna vez por qué la mayoría de nosotros no nos hemos preguntado alguna vez por qué en las escuelas no se enseña el origen y el funcionamiento del dinero? Pues bien, dejo al arbitrio de tu inteligencia dilucidar esas dos cuestiones: el hecho de tan sospechosa censura en el sistema de enseñanza oficial, y el hecho de que al llegar a la madurez no dispongamos de la suficiente objetividad para reparar en tal censura.

Matrix está por todas partes. Está a nuestro alrededor. Se puede ver cuando se mira por la ventana o al encender la televisión. Lo percibes cuando vas a trabajar, cuando vas a la iglesia, cuando pagas tus impuestos. Es el mundo que han puesto ante tus ojos para ocultarte la verdad. Morpheus – de la película “The Matrix”.

Para poder comprender la verdadera naturaleza del dinero, hay que comprender primero la verdadera naturaleza del ser judío (y de ser judío también), puesto que el dinero es un invento enteramente judío, desde los primeros pagarés emitidos por los Goldsmith para sustituir al oro, hasta la creación del todopoderoso dólar y luego del euro (que tantos estragos nos está causando).

Vivimos la crónica de una muerte largamente anunciada. Centrémonos en USA, que es al tiempo víctima y verdugo (la principal víctima y el principal verdugo) en el Matrix que vivimos. El bueno de Washington supo anticipar las terribles consecuencias (autoatentados 11S, por ejemplo) que acarrearía para su pueblo la fascinación que experimentaba por el pueblo elegido. Porque también Washington supo comprender que en el seno de ese pueblo elegido anidaba una demoledora (y nunca mejor dicho) ambición de poder. Pues sí, ya los estadounidenses de entonces experimentaban una fascinación insuperable por los judíos, y en buena medida esa fascinación está más que justificada: podría escribirse una enciclopedia enumerando los méritos demostrados, a todos los nivelas, por judíos de todos los colores. El problema es que, en el teatro de la vida, a ese hermano pequeño superdotado le ha tocado jugar el papel de Caín. Así que el bueno de Abel-USA va directo al matadero como un corderito. Porque el hermano pequeño superdotado muerde, y lo hace mediante una manipulación refinada, perversa, profunda, que sabe mover hasta los hilos del inconsciente, ya sea individual o colectivo. Y ese mordisco (que sería injusto asociar a la totalidad del pueblo judío, atribuírselo a la totalidad del pueblo judío) con el tiempo lo ha acaparado el Sionismo (este grupo de poder lo fundó oficialmente un tal Theodor Herzl en 1897, según nos cuentan, lo cierto es que empezó a actuar mucho antes: trataré esta cuestión en otro artículo), aunque dicho mordico siempre ha estado latente en la condición del pueblo judío, en la naturaleza intrínseca de toda persona nacida entre los elegidos. Ese mordisco es, ni más ni menos, la Voluntad de Poder.

Cierto es que también Abel tiene su propia ración de voluntad de poder, aunque la suya es una voluntad de poder mucho más previsible. Abundando en este paralelismo bíblico, podría decirse que Abel está representado por el binomio cristianismo-Iglesia Católica. Es decir, que la voluntad de poder de Abel se manifiesta en el brazo armado del cristianismo, en la Iglesia Católica. De todos son conocidas las aberraciones cometidas por esa voluntad de poder emanada de Abel. Porque son visibles. Son el producto de una mentalidad simple. Abel, por ello, es que el que da la cara. Es el elegido oficial. Es USA. Y por detrás tenemos al elegido extraoficialmente. Al verdadero elegido (porque es jodidamente astuto). Al autoproclamado pueblo elegido. A Caín. A los judíos, cuya voluntad de poder se ha materializado en ese movimiento, muy poco conocido y pésimamente analizado, que responde al nombre de Sionismo.

Por eso aquí cabe puntualizar que, de la misma manera que no se puede responsabilizar a un cristiano corriente y moliente (comprometido con una praxis encomiable de sus creencias) de los desmanes cometidos por la Iglesia Católica, tampoco podemos caer en nuestra infantil tendencia a las generalizaciones, como le ocurrió a Hitler, que nunca pasó de la fase oral en su evolución personal, y por ello su intelecto, burdo, primario, pudo ser sutilmente manipulado por la propaganda sionista en un momento histórico en que el sionismo necesitaba inmolar al pueblo judío para luego elevarlo a la cúspide de poder entre los jerarcas que manejan el mundo, esos a los que yo llamo besugos en mis obras literarias. Pocos saben que el Nazismo representa el mayor y más perverso autoatentado de la Historia, ante el cual el tremendo autoatentado del 11S queda reducido a un juego de niños. Por ello, cuidado, no podemos soltar sin empacho que “todos los judíos son unos hijos de puta”.

En cualquier caso, la Biblia acierta, como en otras muchas cosas, al presentarnos el rollo patatero de Caín y Abel, o Abel y Caín. Porque se trata de una idea perfectamente extrapolable a la lucha de poder que durante centurias ha venido desarrollándose en la órbita de influencia de judíos y cristianos (y de sus satélites, que se han visto irremediablemente afectados). Simplificando: Abel-cristianismo-Iglesia Católica-USA. Caín-judaísmo-Sionismo-Israel. Estos hermanos se detestan, se odian, se quieren y se adoran, de todo un poco, como todos los hermanos, y eso se quedaría ahí, sin más, de no ser porque el hermano pequeño necesita matar al hermano mayor para demostrar que él es el verdadero elegido. Por ello Caín, que en realidad le da cien vueltas a Abel, todo hay que decirlo, ha ido refinando su capacidad de sugestión, hasta el punto que ha llegado a convertirse en un hipnotizador de su hermano mayor. Resultado: desde hace mucho, mucho tiempo, Abel es una marioneta de Caín. Traducido: USA es una marioneta de Israel, y más concretamente del poderosísimo entramado sionista. En definitiva, el iluso de Abel, creyendo conquistar la gloria suprema gracias a los consejos de Caín, se dirige ciegamente hacia un precipicio mortal. Y lo que es peor, nos está arrastrando en su vertiginosa pendiente a todos los que nos encontramos bajo su (en teoría omnisciente) influencia. Incluidos nosotros, pobres españolitos, que en su día expulsamos a los judíos porque pensamos que Abel era más listo… Si se trata de apostar por el poder absoluto, corrosivo, demoledor, hay que apostar por el caballo ganador, ¿no? Vamos, digo yo.

Esta es la perla que nos legó el bueno de Washington en su discurso de despedida, allá por el año 1796:

“… El apego apasionado de una nación por otra engendra un sinfín de males. La simpatía por la nación favorita facilita la ilusión de un interés imaginario común en los casos donde no existe un verdadero interés común, la asunción como propias de las enemistades de la otra, y la participación en disputas y guerras sin incentivo adecuado o justificación.

… Esta conducta aberrante provoca que los ciudadanos ambiciosos, corruptos o ilusos (Bush, je, je) potencien a la nación favorita, traicionando o sacrificando los intereses de su propio país.

… Dicha conducta resulta particularmente alarmante para el patriota verdadero, ilustrado e independiente. ¡Cuán fácil resulta para fascinadores y fascinados avivar las disensiones internas, practicar las artes de la seducción, engañar a la opinión pública y manipular los órganos de gobierno! … Contra las asechanzas insidiosas de la influencia extranjera, el celo vigilante de un pueblo libre debe estar siempre despierto… ”

El apoyo incondicional a Israel le está costando a USA miles de millones de dólares, innumerables vidas, la pérdida de credibilidad moral en el mundo y un drástico recorte de libertades nacionales. Bien, vayamos entrando en materia. Cifras. Los contribuyentes estadounidenses entregan más de 8 millones de dólares por día a Israel, una nación que no llega a los siete millones y medio de personas (sólo en New Jersey hay más). Israel ha recibido más dinero estadounidense que cualquier otra nación en la tierra. USA entrega más dinero a Israel que a todos los países africanos juntos. Entre 1950-53, USA entregó a Israel mil millones de dólares, aunque Israel en ese tiempo contaba tan sólo con 1,6 millones de habitantes. En los últimos 40 años, los contribuyentes estadounidenses han dado a Israel aproximadamente 200.000 dólares por familia israelí de cinco miembros. Pero hay más. La ayuda de EE.UU. a Israel se materializa en un solo pago al inicio del año fiscal. Dado que EE.UU. está operando con déficit, tiene que pedir prestado ese dinero (a los bancos judíos, qué incongruencia) que altruistamente le abona a Israel, y luego pagar durante un tiempo indefinido (a esos mismos bancos judíos) los intereses que genera el préstamo. Por contra, Israel hace que ese dinero (que USA le entrega porque sí, sin justificarlo ante sus contribuyentes, y por el que USA encima tiene que pagar intereses a los bancos judíos, ya que han sido los propios bancos judíos los que se lo han prestado) devengue intereses. Para ello, el Congreso de USA dispuso en su momento que la ayuda (desinteresada, a fondo perdido) a Israel, fuese depositada en una cuenta (que devenga suculentos intereses) del Banco de la Reserva Federal.

Pero la hemorragia de pasta no acaba ahí. Anualmente, USA tiene que untar con cerca de mil quinientos millones a Egipto y con novecientos millones a Jordania, en virtud de disposiciones adoptadas para propiciar una relación cordial de esos países con Israel. Por otra parte, los fabricantes estadounidenses han perdido miles de millones de dólares debido al boicot árabe propiciado por las acciones israelíes. No olvidemos el batacazo para los consumidores estadounidenses de petróleo durante la recesión desatada por el boicot petrolero del mundo árabe como respuesta al apoyo de EE.UU. a Israel en la guerra de 1973. Se podría redactar una lista más que extensa de los perjuicios económicos que le ha reportado a USA su patológica simbiosis con Israel. Un informe redactado por el economista del Colegio de Guerra del Ejército que en el 2003 tuvo la feliz idea de calcular el monto total que a USA le ha costado su hermandad con Israel desde los años sesenta, arrojó la sorprendente cifra de… ¡3 billones de dólares!

Luego tenemos la guerra de Irak. Balance: cientos de miles de vidas y más de 3,000,000,000,000 $, que se dice pronto. La guerra de Irak, que fue promovida por los partidarios de Israel. Una guerra que sigue añadiendo miles de millones de dólares a la deuda federal. Una guerra crucial, que muchos economistas señalan como uno de los factores desencadenantes de la actual crisis económica. Aunque esos mismos economistas ahora se desmelenan animando al personal para que la historia se repita, esta vez poniendo como protagonista estelar en el papel de malo malísimo a… ¡Irán! <<¡Hay que hacer la guerra, cueste lo que cueste! ¡Es lo que más mola! Porque luego hacemos pelis de puta madre que recaudan un pastón en las taquillas de todo el mundo. ¡Apoyemos a los judíos en sus interminables escaramuzas! ¿Qué importa que los estadounidenses tengamos una tasa de desempleo más alta que Israel, y que los bancos judíos hayan robado sus casas a 10 millones de familias estadounidenses? ¿Acaso ignoráis que está de moda ayudar al pueblo elegido a través de los impuestos? ¿Hay acaso mejor forma de ganarse el cielo?>>

Es tan triste comprobar cómo se repite la historia. Es tan triste comprobar la colosal manipulación colectiva de la que es capaz el Matrix sionista. Las mentes pensantes del Sionismo son acojonantes. Los cerebros grises sionistas son los putos amos de la Historia moderna. ¡Son los putos amos! Cómo han hecho bailar a su comba tanto a los necios-psicópatas como Hitler como a mentes presuntamente preclaras: Marx, Freud, Darwin, Nietzsche, Einstein. ¡Les resulta tan fácil! Si han podido doblegar con su Matrix a intelectuales que para nosotros son la crema de la crema, ¿ha de extrañarnos que hagan lo mismo, una y otra vez, con un pueblo inmaduro y arrogante como el estadounidense? ¡USA es el títere PERFECTO en manos de la letal voluntad de poder sionista! ¡Cómo supieron manipular los ideólogos sionistas al mentecato de Hitler para que se convirtiese en el brazo ejecutor del perverso plan de autoinmolación que ellos habían cocinado en la sombra, en la mesa de arquitectura donde Sión, cual Gran Arquitecto Universal trazando su demoledor plan de dominación mundial!

Porque has de ser víctima para luego ser verdugo-ejecutor. Así es como seduces a las mentes impresionables que se dejan llevar por las apariencias. ¿Acaso hay un político de talla que pueda hacer frente a Sión? Por grande y poderoso que sea ese político, si comete el desacato de enfrentarse a Sión, se verá en el cuadrilátero de la lucha de poder reducido a un pelele ante el que Sión, como Tyson en sus mejores momentos, arrancará sus pretensiones de un certero mordisco (ni siquiera tendrá que usar los puños). Pero es que encima se lo estamos poniendo a huevo a los sionistas. ¿Qué dirigente político puede siquiera captar su interés? Bush hijo era un presidente adolescente salido de las películas para quinceañeros de Hollywood. Por eso fue fácil convencerle para que aceptase sin pestañear la espeluznante trama del 11S. Y para que diese la cara (esto a Bush hijo le costó un poco más: hay un vídeo muy explícito que le muestra totalmente acobardado frente a los periodistas). Pero Bush hijo tiró para adelante gracias a la férrea guía de su padre, puesto que Bush padre, mucho más involucrado en la trama sionista desde sus tiempos de presidente (y además provisto de alguna neurona más en el coco), tenía bien aprendida la lección. Es decir, había aceptado a pies juntillas su papel de perro guardián. Sabía distinguir bien la mano del amo que le daba de comer. Y como buen perro guardián mordía la mano que no era la del amo que le daba de comer.

Por fortuna cada vez son más las mentes que le ven las orejas al lobo y más las voces que tienen el coraje de deconstruir el Matrix de Sión introduciendo virus cognitivos en la sociedad. Porque para vencer a los besugos hay que emplear sus armas: propaganda reactiva, subliminal, mediante autoatentados de la conciencia. Aunque la masa calla, es un buey indolente. El pueblo no se entera de la misa la media, nada en su pueril ignorancia. Sigue a pies juntillas los dictados de Matrix. Porque el pueblo no dispone de recursos para contrarrestar la inercia conductual de Matrix. El pueblo ha sido convenientemente sedado para que se muestre insensible cuando la verdad pasa ante sus narices, y a los que nos desgañitamos propagando la verdad, Matrix nos ha adjudicado el sambenito de “conspiranoico”, término que, según yo lo veo, viene a significar: psicópata de la verdad.

Por eso el pueblo español vota al Partido Socialista para que le viole de frente. Y vota al Partido Popular para que además de violarle le dé por culo. Y luego vuelta a empezar. Una por delate y otra por detrás. Hasta que consigamos demoler el cortafuegos mental que Matrix ha levantado en la conciencia colectiva. Porque, está claro, el pueblo, ahora y siempre, tiene la última palabra, y si el pueblo, un buen día, decide cagarse en la madre que parió a los sionistas, se levantará, mandará todo a la mierda, y los besugos tendrán que volver a empezar desde cero. Además, esta vez la Revolución está chupada. Sión ha dejado un agujero negro cojonudísimo en su Matrix. Nos ha puesto a todos la Revolución a huevo. Ni siquiera hace falta salir a la puta calle a protestar. Hoy podemos hacer la Revolución cómodamente apoltronados en nuestros hogares, mientras vemos un capítulo de los Simpson comiendo palomitas. Porque el cemento con el que está construido Matrix nos pertenece. Igual que los rascacielos del 11S se colapsaron a toda ostia gracias a que centenares de explosiones (convenientemente amplificadas con toneladas de nanotermita) desintegraron y fundieron los pilares que sostenían su estructura, de la misma forma el Matrix sionista, desprovisto de su material aglutinante, de su armazón universal, se vendría abajo como un castillo de naipes.

¿Habéis pillado ya cuál es el cemento de su Matrix? El dinero, en efecto. Por eso para vencerles basta con retirar nuestro dinero de los bancos. NUESTRO DINERO. Basta con arrebatarles el bien que nos han robado y que utilizan para subyugarnos. Con esa simple acción de ir al banco y sacar la pasta, bastaría. Luego podríamos sentarnos delante del televisor para ver cómo se desploma el Matrix de Sión. Os aseguro que sería un desplome casi tan vertiginoso como la demolición controlada de las torres gemelas y la torre 7 llevada a cabo por los ingenieros sionistas que prepararon el atentado de bandera falsa del 11S. Y luego, como digo, los pobres besugos tendrían que volver a empezar, tendrían que empezar desde cero. Lo cual sin duda harían, inmediatamente, empujados por su voluntad de poder, que jamás desfallece, así ha sido desde el principio de los tiempos. Y la historia se repetiría, porque así ha de ser, estamos condenados a sufrir la dominación de los besugos, de aquellos que nacen con voluntad de poder. Pero también es cierto que ellos están condenados a ser destruidos una y otra vez por nosotros, las pulgas, porque somos legión. Así que mientras los besugos reconstruyen su Matrix, viviremos un tiempo floreciente, como ocurrió en el Renacimiento, y será una gozada habitar este mundo. Sobre todo para las personas creativas. No olvidéis que un besugo nunca puede ser artista. Del mismo modo que una pulga no puede ser banquera. Porque la voluntad de poder está reñida con el arte. Y el arte está reñido con la voluntad de poder. Aunque para los besugos es pan comido comprar a los artistas. Por eso la mayor parte del arte oficial es una basura. Y por eso las obras de arte más genuinas permanecerán siempre enterradas en su modesta soledad, inéditas.

En definitiva, el lobby de Israel propicia que las políticas estadounidenses en Oriente Medio rara vez reflejen los intereses y valores nacionales de USA. ¿Qué enemigos reales tiene allí EE.UU.? Ah, pero los medios de comunicación no se cansan de inventárselos, llegando al absurdo de demonizar a los musulmanes, que bastante tienen con lavar sus propios trapos sucios. Porque digámoslo de una vez: Bin Laden es un invento sionista de pies a cabeza. Ha sido una de las marionetas más obsequiosas en el juego del Matrix. Y lo saben bien los políticos yanquis con estrechos vínculos con Israel, ya sean neoconservadores o neoliberales, puesto que gracias a esos oportunos peones del sionismo, que ocupan puestos clave en las diferentes administraciones, el Departamento de Estado, el Pentágono y los medios de comunicación, puede propiciarse esta galopante distorsión de la realidad que se respira en la atmósfera. Dale, dale. Sigue, sigue. Hay que papearse hasta las heces la ola de islamofobia. Islamofobia en pepitoria. Es el plato de moda. ¡Odiemos a los musulmanes! ¡Temámosles! No hacerlo equivaldría a abjurar de nuestra filiación futbolística al Real Madrid o al Barcelona.

Un inciso: resulta descorazonador que en la carrera hacia la Casa Blanca que se viene desarrollando en USA de cara a las elecciones de noviembre, el congresista Ron Paul sea el único candidato limpio, partidario de retirar el actual apoyo incondicional de USA (económico y logístico) a Israel, contrario a la guerra y a la demoledora ley que responde al pretencioso nombre de Patriot Act (aprobada por Obama, otro presidente chulesco y descerebrado, en este caso salido de los seriales televisivos yanquis que se dedican a entronizar a la clase media norteamericana), una ley que pisotea con saña las libertades que exige la Constitución estadounidense, ya que permite detenciones indiscriminadas, sin ninguna cobertura legal para el detenido, esgrimiendo la imprecisa acusación de <>. Cojonudo. El negro Obama, olvidando sus orígenes, o más bien escupiendo sobre sus antepasados esclavizados, aprueba, bajo las directrices sionistas, como hicieron anteriormente Bush hijo y Bush padre (a estas alturas de la película no es necesario molestarse en demostrar que hoy en día el papel de los gobiernos ha quedado reducido a una mera función estética, y por eso ocupa el trono de papel quien caiga más simpático a la plebe), una ley al más puro estilo del salvaje Oeste, puesto que la Patriot Act permite al cowboy Obama y a los cowboys menores que le rodean cargarse a cualquiera que se cruce en su camino. La única diferencia con el salvaje Oeste es que ahora no se disparan tiros. Ni falta que hace. Es menos engorroso y encima genera réditos propagandísticos enchironar indefinidamente a los disidentes en campos de concentración, sin necesidad de aportar pruebas, ya digo, por el simple hecho de que al cowboy de turno no le guste el sombrero que llevas o la manera en que has mirado a su chica.

La manipulación sionista de los hechos sabe regodearse y tener sentido del humos de vez en cuando. Y todo esto de los campos de concentración (ya hay 600 perfectamente acondicionados) y la Patriot Act se supone que responde a la potencial amenaza encarnada en los musulmanes que han demolido las torres gemelas con una precisión científica y con unos recursos militares que sólo están al alcance de los servicios de inteligencia estadounidenses e israelíes. ¡Dios bendito! Este teatro está rizando el rizo de la absurdidad.

(La asociación USA-Sionismo, feroz y dilatada, excede los límites de este artículo, que tiene como objeto desmontar la perversa maquinaria de dominio concretada en ese invento que responde al nombre de dinero, por lo que la trataré detalladamente en otro artículo).

Pues sí, amigos, la progresión del desplome económico en el país más rico del mundo en los últimos tiempos es pavorosa: En el año 2007, los bancos arrebataron su hogar a 1.300.000 estadounidenses. En el 2008, 1.900.000 estadounidenses perdieron su trabajo. Y hablando de todo un poco, ¿alguno de vosotros sabe que el quinto mandamiento del Manifiesto Comunista del barbado Karl Marx propugna la creación de un Banco Central Mundial…? Oh, qué obsequiosa marioneta fue también él (en su caso conscientemente: buenos réditos le reproporcionó serlo: un puesto en el Olimpo de nuestra historia reciente y la veneración de sus coetáneos). Menos mal que de vez en cuando salta una voz discordante dentro del mismísimo stablishment, como la del congresista republicano Ron Paul (insisto, porque mucha gente no le conoce en España: es uno de los candidatos a las presidenciales: sus rivales le tachan de comparsa, y los medios de comunicación le están censurando despiadadamente, entre ellos los españoles, por supuesto). El bueno de Ron se ha atrevido a soltar el siguiente recadito:

La Reserva Federal es anticonstitucional, pura y simplemente. El único dinero constitucional es el directamente originado por el valor de las reservas de oro y plata de cada nación. El resto es dinero fraudulento, creado de la nada por los bancos con la connivencia de los gobiernos.

¡Y pensar que aquí es un desconocido! Ron Paul, para que lo sepáis, es un tío de 76 que está hasta los cojones de la degradación galopante que padece su país. Ron Paul ha sido toda su vida un libertario, una voz que clama en el desierto. Sus propuestas revolucionarias siempre fueron ninguneadas por el estamento político y la opinión pública, hasta que Ron Paul consiguió recabar los suficientes apoyos populares para auparse a uno de los dos partidos que se reparten la tarta de la pantomímica democracia, el Partido Republicano, cuyos líderes han hecho lo habido y por haber por expulsarle, infructuosamente, debido al sólido apoyo popular que recibe Ron Paul de los sectores desencantados de la sociedad norteamericana, que están hartos de ser manejados por el lobby sionista, que utiliza a los gobiernos a su antojo. Tengamos en cuenta que el lobby sionista ha alcanzado un poder nominal en esta pantomima a la que ha quedado reducida la Democracia de los griegos, y designan en la sombra a los presidentes de gobierno, condicionando luego a los votantes con su hechizador canto de sirena.

Aquí, en España, cuando a la poderosa maquinaria sionista le viene en gana designa al presidente que previamente ha promocionado en el PSOE (la verdad es que el PSOE ha dado mucho juego a los sionistas: la alianza ha sido harto fructífera para ambos. Y qué decir de Aznar, que se llevaba de puta madre con los emisarios de Sión, puesto que era una marioneta al estilo Bush hijo), y luego si le apetece al PP, como acaba de pasar. Y no os creáis que un país como España significa una minucia para el aparato de poder sionista. En absoluto. Los sionistas no se dejan nada por el camino. Se comen del pescado hasta las raspas. Pero tienen su orden de prioridades, y ese orden de prioridades está condicionado por razones estratégicas e históricas. Las estratégicas son evidentes: España tiene una transcendencia geopolítica por ser centón de culturas y por su naturaleza fronteriza que une Europa y África geográficamente, América Latina por lazos fraternales, y el mundo árabe por su ascendencia. Por esa razón España, tras el atroz 11S, fue escogida para perpetrar el autoatentado del 11M, en el que por supuesto estuvo involucrada toda la clase política, desde la derecha hasta la izquierda recalcitrante. Todos se sabían la lección. No necesitaban aprenderse el guión. Se trataba simplemente de repetir punto por punto la respuesta oficial del gobierno en la producción cinematográfica escenificada en NY. Y para ello la inteligencia de nuestra clase política, aunque limitada, hizo un encomiable alarde nemotécnico a la hora de soltar sin empacho que la culpa de todo la tenían los marranos musulmanes, y muy concretamente su presunto líder, el memo Bin Laden, que en su actuación estelar ha pasado a mejor vida tras haber evolucionado de mera marioneta a máscara de carnaval veneciano.

Sabiendo que los políticos están financiados con dinero sionista, no caben los lamentos, como tampoco ha de sorprender que los medios de comunicación españoles, cuyas nóminas igualmente financian los sionistas, se hayan acoplado el correspondiente bozal, pero resulta descorazonador que ninguno de nuestros admirados artistas e intelectuales de la Pedocracia Cultural española, que se reúnen en torno al café de la estupidez en el Círculo de Bellas Artes, el Ateneo y los demás mentideros pintones, haya dicho esta boca es mía, aunque sólo sea para insinuar que lo del 11M tiene un cariz un pelín turbio.

Pero no lo olvidéis: el Gran Arquitecto nos la tiene jurada, por razones obvias: los reyes católicos, ensoberbecidos por la entonces pujante tiranía de los capitostes católicos, apostólicos y romanos, mandaron a paseo a los judíos, que fueron perseguidos y masacrados. Craso error, que ya estamos pagando con unos recortes sociales que no han hecho más que empezar. Marianito Rajoy ha recibido el correspondiente manual de instrucciones (redactado de cabo a rabo por sionistas) para estrechar progresivamente los amarres que inmovilizan al pueblo español en el potro de tortura. Hablando en plata: de lo que se trata es de que la polla sionista nos dé por culo. Hoy en día los presidentes de gobierno y sus ministros han quedado reducidos a la figura de mamporrero. Es decir, que en el caso presente de nuestro país, Mariano Rajoy acaba de recibir el título de Mamporrero Mayor de España. Para los que no conozcan el término, aquí os dejo la insulsa definición de la RAE:

mamporrero.

(De mamporro).

m. Hombre que dirige el miembro del caballo en el acto de la generación.

¿Os habéis dado cuenta de que las definiciones de la RAE tienen un desagradable regusto a cloroformo…? ¿A qué coño de generación se refiere? ¿A algún tipo de generación espontánea, quizá? ¡Joder, que se quite el alzacuellos la puta RAE con toda su cohorte de meapilas! Y nada de caballos. Los mamporreros, de toda la vida de Dios, dirigen (en lo de dirigir es en lo único que atina nuestra desatinada RAE) el miembro de los asnos, borricos, pencos, pollinos, burros, etc. En cualquier caso, ¿ha quedado suficientemente ilustrada la misión de nuestro presidente? ¡Mamporrero Mayor de España! Los demás (ministros y tal y tal) simplemente le secundan en su menester, porque no es tarea fácil abrirnos convenientemente el ojete.

Bueno, sigamos desmontando la falacia del dinero. El señor Thomas Jefferson, tercer presidente de USA, nos dejó la siguiente perla:

Si el pueblo americano permite un día (¡ese día llegó hace tiempo!) que los bancos privados controlen la emisión de su dinero, primero por inflación y luego por deflación, los bancos y las corporaciones que crecerán alrededor de los bancos privarán al pueblo de su propiedad hasta que sus hijos se despierten sin hogar en el continente que sus padres conquistaron.

Ja. ¿No os parece curioso que los Padres Fundadores de la actual nación más poderosa del mundo le vieran las orejas al lobo con tanta antelación? Es más, esos Padres Fundadores dejaron claro lo siguiente en el artículo I de la Constitución de los EE.UU.: <<Únicamente el Congreso tendrá poder para acuñar dinero y regular su valor>>. Je, je. Pobres Padres Fundadores. ¡Si pudiesen ver cómo sus descendientes se mean a placer en la Constitución que a ellos tantos quebraderos de cabeza les causó…! ¿En qué se ha transformado la gloriosa República que ellos fundaron? En un grotesco títere sionista.

Bueno, tras estos escarceos dialécticos, va siendo hora de empezar la demolición. Primer descubrimiento. Bien mirado, el dinero es la única creación propiamente dicha del ser humano. Reflexionemos. ¿Por qué emplean los economistas el término “crear” al hablar del proceso por el cual el dinero entra en existencia? Bien, la creación implica no sólo hacer algo que antes no existía, sino hacerlo de la nada. Ni siquiera el artista crea de la nada. El escultor trabaja con madera, bronce, barro, etc. El escritor emplea el lenguaje previamente creado. El músico arranca sonidos a un instrumento previamente creado. El pintor compone sus cuadros empleando una serie de materiales. Etc. Veamos ejemplos fabriles. ¿Qué hace el alfarero? Dar forma al barro. Por lo tanto, no crea, simplemente modifica un material ya existente. ¿Y el albañil? Otro tanto con los materiales de construcción. ¿Y el carpintero? Ídem con la madera. Etc. Todos esos trabajadores no crean, únicamente modifican el estado de unos materiales previamente existentes, confiriéndoles un valor añadido. Correcto. ¿Y qué ocurre con el dinero? Bueno, señores y señoras, pues en el caso del dinero… aquí se da la vuelta a la tortilla, se invierten los términos de la lógica, se atenta contra el más básico sentido común. Porque el dinero representa el único caso en que el ser humano crea algo de la nada. ¿Se habían parado ustedes a pensar este hecho?

Es decir, la creación del dinero consiste en conferir un valor determinado a un trozo de papel (hoy en día ni siquiera eso: la inexistencia del dinero se manifiesta por arte de magia a través de una tarjetita de plástico o en el dígito de un panel, un tablón de valores, porque en algún sitio ha de constar, ha de reflejarse, para tenerlo presente, cuando menos) con el que se puede adquirir cualquier bien material, desde un jarrón de los chinos hasta un automóvil, una casa, una conciencia, una nación, el globo terráqueo… Pensémoslo. El valor de ese trozo de papel ha sido “creado” en el verdadero sentido de la palabra, porque no responde al contravalor de una materia previa. Antes sí, claro. Antes, en la prehistoria de la historia del dinero, el dinero era correlativo con las reservas de oro y plata. Pero enseguida empezó a crearse dinero falso. Durante un tiempo los gobiernos exigieron a los bancos que por lo menos hubiese un 10 % de dinero real (reserva fraccionaria, la llamaron). Hasta que Sión se salió con la suya, y los gobiernos se lavaron las manos como Pilatos y les dijeron a los banqueros: ¡ala, hagan ustedes todo el dinero que les plazca! ¡Cojonudo! ¿No les parece? Por eso hemos llegado a un punto sin retorno. El dato es revelador: hoy en día tan sólo el 2 % del dinero en circulación es dinero real (por su correlatividad con las reservas de oro y plata). El 98 % del dinero que hay en el mundo es dinero que los banqueros se han sacado de la manga, de la chistera o de donde ustedes prefieran. Dinero-basura. Dinero-deuda.

Así pues, la “creación” de dinero es, con una diferencia atroz respecto a las demás opciones, la actividad más rentable que se puede realizar. Un negocio limpio. El negocio total. El sueño del avaro. ¿Inversión? Mínima, por no decir cero. ¿Beneficio? ¡Todo el que tú quieras! Los constructores, tan denostados hoy en día, sudan la gota gorda para obtener un 5 % de beneficio con la venta de sus viviendas (en todo caso son luego los especuladores los que se las apañan para sacar buena tajada del tema). Los fabricantes de automóviles se ven obligados, por la competencia bestial de la industria automovilística, a estrechar aún más el margen de beneficio, y han de conformarse con un modesto 2 %. Y en cambio, los adustos señores banqueros… Sí, amigos, con apenas unos céntimos los banqueros pueden crear billones y billones. Parece una verdad demasiado increíble para darla por cierta, pero es lo que hay, y va siendo hora de que nos enteremos todos. La realidad es… aterradoramente simple. Se reduce a un axioma:

La sumisión moral al dinero es el origen de todo mal.

Pongamos, para rematar la faena, un ejemplo histórico. ¿Qué pasó en la crisis de 1930, cuando se suponía que la economía yanqui iba de puta madre? Muy sencillo: sí, la economía iba de puta madre, pero los bancos habían monopolizado la “creación” de dinero. Y los bancos, para salvaguardar sus propios intereses, que en absoluto guardaban relación con los intereses generales de la nación en la que ellos estaban insertados como un tumor, decidieron cerrar el grifo del dinero, negándose a entregar créditos. Sin embargo esos mismos bancos no dejaron de reclamar el pago de los créditos ya concedidos, con sus correspondientes intereses. Esto provocó una dramática pérdida de liquidez en el mercado. ¡El dinero, la sangre del sistema capitalista, no circulaba! Resultado: una trombosis económica de tomo y lomo. Porque, en teoría, la economía seguía estando tan de puta madre como antes, había trabajo de sobra para todo el que quisiera ganarse el pan, y los bienes abundaban por doquiera, a la espera de ser adquiridos, pero la retirada de capital propiciada por los bancos, tuvo consecuencias catastróficas.

Pues sí, con la simple medida de cerrar el grifo de la pasta, los bancos mandaron a toda una egregia nación a tomar por culo. Una nación que se encontraba en todo su esplendor, lanzada hacia el firmamento de un desarrollo sin precedentes.

Supongo que ustedes se estarán preguntando qué interés podían tener los bancos en arruinar una economía floreciente. ¿Acaso no atentaban, al hacerlo, contra sus propios intereses? Ja, he ahí un interrogante noble. Pero los bancos no son nobles, amigos. Los bancos son depravadamente codiciosos. Esto es lo que pasó: En 1930 USA crecía sin parar, era el epítome de una nación feliz, próspera, prometeica. Y los bancos, naturalmente, sacaban su buena tajada de aquella situación. En principio, todos contentos. Sin embargo ahí estaba la gangrena de la codicia, acechando, emboscada, a la espera de asestar su hachazo mortal.

Los bancos, como ustedes bien saben, padecen el mal de la codicia, que es el mal de los males, la madre de todas las iniquidades. Y la codicia no atiende a razones. Por ello, si se la deja actuar, es un cáncer que se extiende con rapidez. Lo cierto es que el estamento político de USA, condicionado por las directrices sionistas, había cometido un error flagrante (si pensamos en el interés general de la ciudadanía estadounidense): conceder a los bancos la divina potestad de “crear” dinero (a su libre albedrío). Es decir que los políticos se lo pusieron a huevo a la codicia bancaria.

Analicemos, desde la óptica de los banqueros, la situación que vivía USA en 130. Los banqueros miraron a su alrededor y pensaron: <>

Dicho y hecho. En verdad lo tenían chupado los bancos (igual que ahora nosotros tenemos chupada la Revolución, porque el grifo del dinero, qué gracia, se puede cerrar por arriba o por abajo, y basta con retirar nuestro dinero del banco para que el banco se vaya a la mierda). Así pues, al no haber dinero en circulación para hacer frente a los préstamos ya concedidos, los otrora prósperos ciudadanos de USA se vieron transformados, de la noche a la mañana, en un deplorable ejército de morosos. Muchos morosos se suicidaron, vaya por Dios. ¿Por qué será que damos tanto valor a algo que no vale absolutamente nada? Pues sí, hasta ese extremo patológico nos condiciona eso que un puñado de privilegiados (los besugos que llamo yo) tienen la potestad de “crear” de la nada, por sus huevos, porque son así de chulos y ellos lo valen.

Mediante la crisis de 1930, los bancos perpetraron la mayor ola de atracos impunes que se conoce en la Historia moderna, apoderándose de cientos de miles de granjas, viviendas, negocios y ahorros. El atraco perfecto. Sin armas. Sin amenazas. Sin necesidad de violencia, ni siquiera verbal. Y sin el menor riesgo, naturalmente, puesto que los atracadores estuvieron en todo momento protegidos por los cuerpos y fuerzas de seguridad de sus víctimas. Incongruente, ¿verdad? Los cuerpos y fuerzas de seguridad, cuyos sueldos pagaban las víctimas de los atracos, se encargaron de velar por la seguridad de los atracadores, dándose el caso, además, de que muchos trabajadores de esos cuerpos y fuerzas de seguridad habían sufrido en sus carnes algún tipo de atraco. ¿Hay algún sentido en todo esto? Pues sí, lo hay. Tiene un nombre. Dinero. He ahí el origen de la sinrazón. He ahí la explicación de la sinrazón.

Y esto no son más que las grandes valoraciones. Como en todas las grandes valoraciones retrospectivas, se deja mucho por el camino, porque lo modesto no cabe en el marco de las grandes valoraciones retrospectivas. Pero yo quiero tomar la lupa y enfocar a esos humildes ahorradores, a esos honestos ahorradores, trabajadores, sufridores, miembros del pueblo llano, muchos de los cuales habían juntado una modesta suma, tras una vida de privaciones, para legársela a sus descendientes. También a ellos los bancos les atracaron sin piedad, impunemente, con el beneplácito de la sociedad. También a ellos. Y por ellos, la verdad, es por quien más hemos de llorar y lamentarnos, puesto que no sabemos hacer otra cosa que llorar y lamentarnos, a los hechos me remito: ahora mismo se está repitiendo la historia y seguimos cruzados de brazos, rezando para que en el futuro alguien venga a poner una flor en la tumba de las víctimas.

Bueno, sigamos desmenuzando la cruda realidad. ¿Cómo salieron en USA de la crisis de 1930? Con un recurso muy socorrido: ¡la guerra! Prodigioso invento el de la guerra. Un negocio suculento para los banqueros, infinitamente más rentable que el del crecimiento y la prosperidad de las naciones en las que operan, es decir, en todo el orbe conocido. El caso es que esos mismos bancos que habían provocado la crisis diciendo a los prósperos ciudadanos estadounidenses que no les quedaba dinero en la caja para seguir financiando su crecimiento, de pronto, como por arte de magia, como si hubiesen sido tocados por la varita de Harry Potter, se sacaron de la manga una cantidad infinita de dinero para financiar la guerra. No problem, boy. ¡Barra libre! ¡Uniformes, raciones, cuarteles, armas grandes y pequeñas, propaganda! ¡Lo que haga falta! Súbitamente el adusto semblante del banquero se había trocado por el de un magnífico mecenas. ¡No reparéis en gastos, chicos! ¡Haced la guerra a vuestro antojo! Así pues, habiendo pasta de por medio, la II Guerra Mundial echó a rodar, embalada como un bólido de carreras.

Así que la pobre USA, depauperada por la crisis, pudo desahogar sus penurias celebrando una fiesta de fuegos artificiales. Porque ayer no había dinero para comprar una libra de carne, pero hoy, gracias al cielo, había dinero hasta para fabricar bombas y enviárselas a los chulos alemanes y los creídos japonenses. Los fuegos artificiales representan la liberación de los oprimidos. Por eso el pueblo, que siempre está oprimido, necesita el alivio de los fuegos artificiales en verbenas y romerías.

¡Genial! La Gran Depresión se desvaneció de la noche a la mañana. La gente encontró trabajo a mansalva, los negocios reabrieron sus puertas, se reanudó la explotación de las minas, y todo el circuito producción-consumo se reactivó, respondiendo a un vertiginoso efecto dominó. Supongo que ya sabrán ustedes a qué se debió el brusco cambio de tercio. Muy sencillo: ahora había dinero en circulación. Los bancos lo repartían a manos llenas. Porque la crisis había dejado de ser un negocio lo bastante lucrativo para ellos (ya no quedaba nada que robar) y había llegado el momento de volver a llenar la burbuja, esta vez con la siempre rentable coartada de la guerra. El diapasón del corazón bancario es muy simple. Algunos lo llaman inflación-deflación, pero eso no es más que un eufemismo insertado en el Matrix. Si rompemos el cortafuego mental que nos impide ver la realidad invisible, la realidad sumergida en el Matrix, comprenderemos que la expresión inflación-deflación ha de traducirse por esclavitud-saqueo. Los bancos primero nos esclavizan y luego nos saquean. La secuencia es así de monótona. Esclavitud-saqueo, esclavitud-saqueo. Una y otra vez. Hasta que nosotros queramos, por descontado.

No quiero seguir abusando de su infinita paciencia, amigos lectores. Para finalizar, repito la puntualización con la que inicié este artículo, porque conviene dejar esto meridianamente claro: cometeríamos un error necio, flagrante, si equiparamos a los judíos con los sionistas, si reducimos la identidad judía al binomio judío = sionista. Es un aviso para los librepensadores: si piensas que sionista y judío son la misma cosa, considérate un digno sucesor de Hitler. Decir que todos los judíos son sionistas alimenta precisamente la propaganda sionista. Porque el Sionismo nos reprograma mentalmente adoptando la piel de cordero, de víctima. El Sionismo necesita asumir el papel de “víctima propiciatoria”. Porque la condición humana, buena y noble por naturaleza (aunque también cómoda y cobarde), no se puede manipular desde postulados dictatoriales. Para poder manipular la condición humana hay que engañarla, hay que malversarla.

El Sionismo es un aparato de poder surgido del judaísmo. En cierto sentido es la extensión política, armada, corrupta, de un pueblo en verdad excelente, en verdad superdotado (basta echar un vistazo a sus logros increíbles en las diferentes ramas del arte y las ciencias, a pesar de ser un pueblo tan escaso en número). En todo caso conviene decir que el Sionismo, como cáncer del judaísmo, ha podido desarrollarse gracias a un concepto patológico imbricado en la identidad de los judíos: el hecho de considerarse el pueblo elegido. He ahí la fuente primigenia del Sionismo. Por ello, para erradicar el cáncer sionista de la religión judía, se requiere una reinterpretación de la identidad judía. Han de hacer los judíos acto de contrición, han de bajarse del burro y afrontar su realidad como pueblo con humildad. De lo contrario el cáncer del Sionismo seguirá extendiéndose, y llegará un momento en que resulte absolutamente imposible discernir qué parte de la naturaleza judía está libre del mal…

Fuente: http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article33815

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2 pensamientos en “La mentira del dinero: el Matrix de Sión

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