En contra del aborto, y sin necesidad de argumentos religiosos

Cómo, a través del lenguaje y de lo cotidiano, el filósofo español Julián Marías desenmascara la monstruosidad de “la interrupción del embarazo”

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El filósofo español Julián Marías (Valladolid, 17 de junio de 1914 – Madrid, 15 de diciembre de 2005), padre del novelista Javier Marías, autor de más de 50 libros y de una monumental Historia de la Filosofía, editada por la mítica Revista de Occidente, tiene un análisis puntual sobre la visión antropológica del aborto que podría ser punta de lanza para extraer el tema religioso del debate sobre lo que eufemísticamente se le llama “interrupción voluntaria del embarazo”.

El pequeño ensayo de Marías está contenido en el libro Sobre el Cristianismo editado por Planeta + Testimonio en 1997. En él, el antiguo alumno de Ortega y Gasset hace un recuento interesantísimo sobre la manera de enfrentar lo que implica “la aceptación social del aborto.” Sin duda, “lo más grave que ha acontecido en este siglo (el siglo XX, por añadidura y aumentado en el siglo XXI) que se va acercando a su final.

Abrir los ojos y no dar la espalda a la realidad

Hasta el momento en que escribía su ensayo Marías –sigue siendo igual—las posiciones irreductibles eran (son) posiciones de fe. Una fe religiosa (todo ser es querido por Dios) y otra fe en la ciencia: los datos mesurables son los únicos que cuentan. Por ello, el filósofo español quiere superar esta discusión mediante una visión antropológica, “fundada en la mera realidad del hombre, tal como se ve, se vive, se comprende a sí mismo”, abriendo los ojos y no volviendo la espalda a la realidad.

Mediante el uso del habla, de la lengua normal y cotidiana, Marías comienza por hacer una distinción elemental, libre de cualquier peso ideológico: no es lo mismo una cosa que una persona. En todos lados, en la isla remota y en el centro de Manhattan, en la selva y en Buenos Aires, el hombre distingue entre qué y quién; entre algo y alguien; entre nada y nadie.

No existe posibilidad de confusión: son conceptos-clave que tenemos arraigados en nuestro lenguaje, por lo tanto, en nuestro pensamiento sobre los esencial.

Con esta distinción, el hijo no es una cosa de sus padres, no es un qué, sino es un quién, alguien al que se le puede nombrar, decirle tú. Alguien que, pasando el tiempo, podrá decir de sí mismo “yo”. Y al decir “yo” se contrapone al universo de las cosas, incluso, al propio creador, si se quiere pensar en Él. El feto no “pertenece a la madre”; está “encajado” en el vientre de la madre. Pero una mujer nunca dirá: “mi cuerpo está embarazado”, sino “estoy (yo, personalmente) embarazada”. Y lo que dice la mujer es “voy a tener un niño” y no “tengo un tumor”.

Eliminados como cosas

Sin pretensiones religiosas, acudiendo a la experiencia cotidiana, constatamos que, como nosotros mismos, el niño, aún no nacido, es una realidad viviente. ¿ Que no está acabada? Bueno, tampoco ninguno de nosotros lo estamos, aunque tengamos la edad que sea. El pequeño que vive ya en el seno de la madre es algo que será. Como nosotros mismos.

La vida personal no basta para decir que ese alguien es un quién. Es decir, la autonomía en el comer, en el andar, en el vivir autónomo. Si eso fuera así, el niño, hasta de varios meses de nacido, el comatoso, el que duerme profundamente, el arterioesclerótico… podrían ser “eliminados” como cosas no autónomas.

Volviendo al lenguaje, Marías “recomienda” que se llame, al ahorcamiento, “interrupción de la respiración”. Basta con dos minutos, y listo. Pero, la verdad –de nuevo, la verdad en la vida cotidiana—debe imperar.

Y cuando se aborta o se ahorca a alguien, “no se interrumpe el embarazo o la respiración, en ambos casos se mata a alguien” (aunque la mayor parte de las veces se enmascara como una especie de muerte “necesaria”: para mejorar la raza, decían los nazis, para evitar la sobrepoblación, para evitarle el sufrimiento… Y con esos fines se encubre la realidad. Sobre todo, “porque esos fines no son el aborto.”

Negar la persona del hombre

Finalmente, Marías llega a la conclusión que el núcleo está en “la negación del carácter personal del hombre”. Desaparece –en el aborto—la paternidad; a la madre se le considera como alguien que sufre en ella el crecimiento de un intruso…, en fin, se elimina el quién para dejar paso al qué. “Tan pronto como aparece toda la producción elevada para justificar el aborto se desploma como una monstruosidad.”

Al eliminar al padre, a la madre, al hijo, al deshumanizar la relación de pareja, ¿qué queda de humano en todo esto? Absolutamente nada. “Por eso –concluye su ensayo Julián Marías—me parece que la aceptación social del aborto es, sin excepción, lo más grave que ha acontecido en este siglo…”.

Y en el nuestro.

Fuente: http://es.aleteia.org/2016/04/14/en-contra-del-aborto-y-sin-necesidad-de-argumentos-religiosos/

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La era de los “derechos”

El discurso más recurrente en la sociedad actual es el de la conquista de derechos en todos los campos. Lo anterior parecería a simple vista algo deseable y connatural a la democracia y al marco de libertades que vivimos, pero paradójicamente, la demanda de muchos supuestos derechos ha convertido a nuestra sociedad en una jungla, en la que prevalece el egoísmo y la irresponsabilidad.

Se exigen derechos de toda índole. Algunos exigen su derecho a fumar mariguana con el solo propósito de entretenerse, con el argumento de que nadie puede decidir sobre lo que cada quien quiera hacer con su cuerpo, y además exigen que este derecho sea para todos, que se modifiquen las leyes para terminar con el Estado paternalista que nos indica cómo debemos comportarnos. Jamás hablan de responsabilidad en toda esta perorata: el impacto en la salud pública, el incremento en la inseguridad, y la deserción estudiantil y laboral que acompañan al consumo de la cannabis.

Derechos humanos para todos. Foto: http://www.encuentos.com/

Derechos humanos para todos. Foto: http://www.encuentos.com/

Otros exigen el derecho al “matrimonio igualitario“, como parte una mera batalla ideológica que pretende estar por encima de la biología. Otros más proclaman el derecho de las parejas homosexuales a adoptar niños, siendo que no existe el derecho a la adopción, ni siquiera para las parejas heterosexuales, sino el derecho del niño a vivir en una familia.

Otros más exigen su derecho a cambiar de sexo, porque asumen que el ser hombre o mujer es una opción cultural y desafían a la propia naturaleza. Pero además, exigen que sea la Seguridad Social la que pague sus operaciones para cambio de sexo, es decir, que su “derecho” lo paguemos todos los contribuyentes.

En las posturas feministas a ultranza el discurso de los derechos se ha convertido en la columna vertebral. Muchas mujeres exigen su derecho a abortar, aunque suavizan el término llamándole interrupción voluntaria del embarazo. Con esa bandera vulneran el primero de todos los derechos: el derecho a la vida.

Otras personas hablan del derecho a una muerte digna y cabildean en diversos congresos a favor de la eutanasia, con el argumento de que todo ser humano tiene el derecho a decidir en que momento debe morir. Lo anterior es del todo cuestionable, pero lo cierto es que casi siempre este supuesto derecho lo ejercen terceros para marcar el momento en que un anciano enfermo debe expirar, pues en realidad se ha convertido en una carga para sus familiares, y aunque a algunos les cueste admitirlo, en esta sociedad nadie sobra.

Pero el tema de la exigencia de los derechos se ve en todos los planos. Los jóvenes exigen su derecho a divertirse, y desde luego que lo tienen, pero muchas veces renuncian a sus responsabilidades, al estudio, al trabajo y exigen a toda costa el ocio y el confort sin ningún tipo de límite.

La batalla de los derechos ha llegado incluso al ámbito animal. Algunas agrupaciones y no pocos políticos han desarrollado diversas iniciativas a favor de los “derechos” de los animales, lo que significa el paroxismo de lo absurdo. Ningún animal tiene derechos, pues tampoco tiene responsabilidades. Al menos no he sabido aún de ningún caso de una persona que haya llevado a un perro a los tribunales por haberlo mordido, pero en fin, el discurso a favor de los derechos parece aguantarlo todo, y hoy existen políticos que ponen como su prioridad en la agenda la defensa de los animales, cuando son vulnerados cotidianamente en nuestro país los derechos de miles de niños, mujeres, ancianos, obreros, indígenas, etcétera.

Nos hemos convertido en una sociedad que exige todo el tiempo, que clama por sus derechos, que pide incluso cosas irracionales, y que en ocasiones, con el discurso en pro de los derechos, va en contra de la misma naturaleza.

Se nos ha olvidado que si bien hay derechos existen también responsabilidades, y que además de nuestro bienestar individual existe un compromiso con el bien común, que debería condicionar en buena medida nuestro comportamiento y acciones cotidianas. La libertad presupone compromiso, aunque algunos entiendan lo anterior como ataduras. Creo que este menú de derechos a la carta, al margen de toda responsabilidad, explica en gran medida lo enferma que está nuestra sociedad.

@gvelascob

Fuente: http://www.mural.com/

Estudio asegura que estabilidad matrimonial beneficia más a la sociedad que la convivencia

  • No obstante, el porcentaje de convivientes entre 15 y 29 años aumentó del 9% al 14% entre el año 2000 y el 2011.

Desde hace algunas décadas, el crecimiento de los índices de cohabitación es un fenómeno significativo en la mayor parte de Europa occidental, Norteamérica y América Latina. Aunque hay claras diferencias, resulta innegable la creciente tendencia del mundo occidental hacia esta nueva estructura familiar. Pero si bien parece unidireccional, la rapidez del cambio y la disparidad en su incidencia dificultan nuestra comprensión de este tipo de uniones.

De acuerdo al informe realizado por el Instituto de Estudios de la Sociedad (IES) “Vivir Juntos”, “el extendido carácter que ha adquirido la cohabitación constituye uno de los cambios de mayor envergadura en la estructura familiar de nuestra sociedad”. Sin embargo, destaca que debe evitarse describir dichos cambios como un simple proceso de “creciente aumento de la libertad”, pues “en el inicio de la convivencia tiende a ser mucho menos frecuente, en comparación con el matrimonio, la existencia de un proceso consciente de deliberación”. Las parejas que conviven tienden en una proporción mayor a haberse “deslizado” a la cohabitación en lugar de haberla elegido.

Esto en el contexto de un matrimonio “que ha ido perdiendo su interés comunitario y volcándose más hacia los intereses individuales de quienes lo componen”. No obstante, “hoy en día el matrimonio aún se percibe, por una gran mayoría, como la expresión más alta de compromiso, fidelidad y responsabilidad dentro de nuestra sociedad”.

2014-07-09_22-35-03¿Qué sabemos sobre la cohabitación en Chile?

Según el estudio realizado por la historiadora Catalina Siles y el doctor en filosofía Manfred Svensson, se estima que hoy existen en Chile aproximadamente 2 millones de personas que conviven con su pareja sin estar casados. La cifra de los casados, en tanto, se acerca a los 5 millones de habitantes, apenas doblando a quienes cohabitan. La encuesta CASEN, por su parte, revela que las uniones de hecho han aumentado de forma considerable entre la juventud chilena. El porcentaje de convivientes entre 15 y 29 años aumentó del 9% al 14% entre el año 2000 y el 2011, mientras que el porcentaje de los casados descendió del 17% al 6% en el mismo periodo. La Encuesta INJUV 2012 señala que un 16% de la población joven soltera vive con su pareja. De ellos un 6% corresponde a un sector socioeconómico alto, 15% al sector medio, y un 20% a los sectores más bajos de la población. Sin embargo, parece tratarse de forma predominante entre los jóvenes en Chile de una unión previa al matrimonio, más que de una alternativa al mismo.

La investigación destaca que el cambio en el número de quienes conviven ha ido acompañado por un cambio, tal vez, incluso más elocuente en la valoración de la cohabitación hacia una amplia aprobación. Según la Encuesta Bicentenario de 2011, solo un 30% de los chilenos manifiesta reparos respecto de la convivencia, y alrededor de un 35% considera que las parejas que conviven deben casarse cuando deciden tener hijos. Las cifras del INJUV, por cierto, destacan una progresiva revaloración del matrimonio entre la juventud, con alrededor de un 57% considerando el matrimonio como una institución para toda la vida.

El impacto de la cohabitación en adultos y niños

Los investigadores son enfáticos en asegurar que al mostrar los efectos de la cohabitación —la mayoría tomados de estudios europeos y norteamericanos—, si bien no se puede generalizar, sí es posible observar ciertas tendencias que no podemos obviar.

La literatura disponible indica que este cambio implica consecuencias importantes para adultos y niños involucrados en las relaciones de convivencia mostrando diferencias relevantes en materia de bienestar físico, emocional, social y económico, respecto de los miembros de las familias de base matrimonial. Esto, según señala el documento, debido a la inestabilidad y falta de compromiso características de las convivencias, es decir, si no hay proyección de permanencia e incondicionalidad, la “inversión” que se hace en la relación tiende a ser menor.

El informe asegura que “la estabilidad de la convivencia sigue siendo baja aunque llegue a tenerse hijos, afectando la disponibilidad, compromiso y responsabilidad en las relaciones parentales”. Las familias basadas en matrimonios, donde suele haber una mayor estabilidad, tienen, en promedio, mejores condiciones materiales: mayor capacidad de ahorro, mayor inversión económica y seguridad financiera.

Asimismo, los resultados en el rendimiento escolar y nivel de educación favorecen más a las familias con ambos padres casados.  Buena parte de las cifras muestran el impacto de una estructura familiar débil en las probabilidades de incurrir en conductas de riesgo, tener problemas emocionales y de salud física, entre otros factores.

Visto en: http://www.chileb.cl/noticias/vivir-juntos-estudio-asegura-que-estabilidad-matrimonial-beneficia-mas-a-la-sociedad-que-la-convivencia/

Activista homosexual admite que verdadera finalidad de la batalla es destruir el matrimonio

Las declaraciones de esta activista homosexual son muy oportunas para entender qué se pretende con el proyecto de ley de uniones homosexuales, conocido como AVP, actualmente en debate en el Congreso Nacional.

Incluso sabiendo que hay radicales en todos los movimientos, esto no disminuye la sorprendente declaración recientemente de la periodista lesbiana Masha Gessen. En un programa de radio admite que en realidad los activistas homosexuales están mintiendo acerca de su agenda política radical. Ella dice que no quieren acceder a la institución del matrimonio, sino que quieren redefinir radicalmente y, finalmente, eliminar el matrimonio.

La activista homosexual y periodista Masha Gessen

La activista homosexual y periodista Masha Gessen

Aquí está lo que dijo recientemente en una entrevista de radio:

“Es obvio que (los activistas homosexuales) debe tener el derecho a contraer matrimonio, pero también creo igualmente que es una obviedad que la institución del matrimonio no debería existir. … Luchar por el matrimonio gay implica en general mentir acerca de lo que haremos con el matrimonio cuando lleguemos allí ‒porque mentimos (al decir) que la institución del matrimonio no va a cambiar, y eso es una mentira.

“La institución del matrimonio va a cambiar, y debe cambiar. Y reafirmo, creo que no debería existir. Y no me gusta participar en la creación de ficciones sobre mi vida. En cierto modo no es lo que yo tenía en mente cuando salí (me revelé como lesbiana) hace treinta años.

Tengo tres niños que tienen cinco padres, más o menos, y no veo por qué no deberían tener legalmente cinco padres… Conocí a mi nueva pareja, y ella acababa de tener un bebé y el padre biológico de ese bebé es mi hermano, y el padre biológico de mi hija es un hombre que vive en Rusia, y mi hijo adoptado también lo considera su padre. Así, los cinco padres se dividen en dos grupos de tres… Y de verdad, me gustaría vivir en un sistema legal que es capaz de reflejar esa realidad, y no creo que sea compatible con la institución del matrimonio. “

Desde hace algún tiempo, los defensores del matrimonio natural, han tratado de señalar que la verdadera agenda detrás de las demandas de las organizaciones de homosexuales no es la igualdad en el matrimonio: es la desintegración total de matrimonio y el desarraigar los valores tradicionales de la sociedad. (Esto podrá incluir esfuerzos para silenciar y castigar a algunas iglesias que abiertamente se adhieren a sus enseñanzas religiosas sobre el matrimonio y la moral sexual.)

Aunque pocos han sido tan claros como la activista lesbiana, tenemos datos estadísticos que demuestran este punto. Cuando se les da la oportunidad de casarse, un porcentaje relativamente pequeño de homosexuales en realidad se molesta en casarse en comparación con los heterosexuales. Esto plantea una pregunta sobre la verdadera necesidad de destruir el matrimonio para extender sus beneficios “justos”. Sólo el 12 por ciento de los homosexuales en los Países Bajos se casan en comparación con el 86 por ciento de los heterosexuales. Menos del 20 por ciento de las parejas del mismo sexo que ya viven juntos en California se casó cuando se les dio la oportunidad, en 2008. En contraste, el 91 por ciento de las parejas heterosexuales que viven juntas en California están casados.

Es evidente que esto tiene como fin el cambio cultural y derribar la moral tradicional de la familia, ya que parece que la mayoría de los homosexuales que viven juntos no necesitan ni desean contraer matrimonio, aunque sí tienen el deseo de cambiar radicalmente el matrimonio.

Fuente: http://illinoisfamily.org/homosexuality/homosexual-activist-admits-true-purpose-of-battle-is-to-destroy-marriage/

Visto enhttp://www.accionfamilia.org

Hallan cementerio de cuerpos con cráneos alargados

Arqueólogos encontraron restos prehispánicos de 25 individuos en México. 13 de ellos presentan deformaciones anatómicas que llamaron la atención de los investigadores.

Crédito foto: inah.gob.mx

Crédito foto: inah.gob.mx

En el estado mexicano de Sonora se descubrió un cementerio que alberga cráneos inusuales. Según los expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el cementerio tiene más de mil años.

Se hallaron restos de 25 individuos. 13 de ellos presentan deformaciones intencionales del cráneo. Cinco de los individuos con deformación craneal también presentan mutilación dentaria.

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Los investigadores subrayaron algunas peculiaridades especiales durante el estudio. Afirman que los enterramientos evidencian que fueron realizados según costumbres que no se habían registrado en los antiguos grupos culturales de Sonora. Así lo indican, por ejemplo, la deformación craneal y la modificación mediante el desgaste de la parte lateral de las piezas dentales.

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El área del hallazgo reúne características únicas porque mezcla expresiones de los grupos del norte de México, como el uso de ornamentos elaborados con conchas y caracoles del Mar de Cortés (Golfo de California), con tradiciones de Occidente nunca antes encontradas en territorio sonorense”, dijo la arqueóloga Cristina García Moreno.

Moreno destacó que no hay otro sitio arqueológico en Sonora donde se hayan identificado modificaciones craneal y dentaria, y tampoco en el suroeste de los Estados Unidos, que comparte área cultural con Sonora.

Fuente: http://america.infobae.com