El cerebro no es sólo materia

Es capaz de generar espiritualidad, un concepto más amplio que el de religión

El cerebro no es sólo materia, ya que es capaz de generar espiritualidad, un concepto más amplio que el de religión. La espiritualidad es la conciencia de la segunda realidad o consciencia límbica, dominante en la humanidad primitiva y compartida con el reino animal. Es una facultad mental más, como la inteligencia o el lenguaje, una proyección de lo que genera el cerebro, que puede o no conducir a la religión. Por Francisco J. Rubia (*).

A la pregunta de si el cerebro es sólo materia, tengo que responder claramente que no. Experimentos realizados no hace mucho tiempo confirman que cuando se estimulan eléctrica o electromagnéticamente ciertas regiones cerebrales conocidas como el sistema límbico, o si quieren el cerebro emocional, se producen en el sujeto experimental experiencias espirituales e incluso experiencias místicas, que a mi entender son las experiencias espirituales más intensas.

A mi juicio, esto es de enorme importancia, porque significa que el cerebro, compuesto de materia consistente en células nerviosas, sus conexiones y las sustancias químicas que actúan como neurotransmisores, ese cerebro también es “espítiru” capaz de generar espiritualidad.

Cuando hablamos de espiritualidad la solemos asociar a la religión o a la religiosidad, pero esto es sólo en parte correcto, pues si es cierto que no se concibe la religión sin espiritualidad, sí se concibe, y de hecho existe, espiritualidad sin religión, como lo muestran lo que se han llamado “corrientes filosóficas”, como el budismo, el jainismo, el sintoísmo, el taoísmo, el confucianismo y algunos formas de hinduismo, que no tienen dioses y que, por tanto, no se consideran religiones.

Espiritualidad, felicidad y endorfinas

Si la religión es espiritualidad, pero la espiritualidad no tiene por qué ser religión, entonces la espiritualidad es un concepto más amplio. Y ¿qué se entiende por espiritualidad?

En las definiciones que se encuentran en los diccionarios encontramos un grupo que menciona el mismo término en la definición como “Espiritualidad es la cualidad de lo que es espiritual”. Y si buscamos la palabra espiritual encontramos: perteneciente o relativo al espíritu. Pero si vamos a la palabra espíritu, aún es peor, porque la definición de espíritu es: ser inmaterial y dotado de razón. Un ser inmaterial que, por definición, no tiene cerebro, ¿cómo puede tener razón? Estas definiciones no aclaran nada, aparte de ser incorrectas.

Un segundo grupo define la espiritualidad como un término antitético de la materialidad. Pero como estas definiciones están basadas en un dualismo materia-espíritu, entendiendo por espíritu algo inmaterial que controla el cuerpo físico, tampoco nos valen, por lo que decidí dar una definición más de acuerdo con mi propio pensamiento.

En mi libro El cerebro espiritual he definido la espiritualidad de la siguiente manera:“El sentimiento o impresión subjetiva de alegría extraordinaria, de atemporalidad y de acceso a una segunda realidad que es experimentada más vívida e intensamente que la realidad cotidiana y que está producida por la hiperactividad de estructuras del cerebro emocional”.

Esta definición, que como todas las definiciones no suelen abarcar todo el fenómeno, sin embargo alude a algunas características típicas de muchas experiencias espirituales, desde las más simples, como puede ser la observación de la belleza, tanto en la Naturaleza como en las artes plásticas, la música que puede conmovernos profundamente, hasta las más intensas como son las experiencias místicas que han experimentado los místicos y los fundadores de todas las religiones.

La alegría y felicidad que se experimentan en estas experiencias sabemos que se deben a la producción de endorfinas, sustancias parecidas a la morfina que el cerebro produce como analgésicos y sin las cuales los que realizan esfuerzos físicos extenuantes serían incapaces de realizar por el dolor que produce el ácido láctico en la musculatura.

Sabemos que cualquier situación de estrés es capaz de multiplicar por equis la cantidad de endorfinas que se producen. Por eso muchos atletas de alto rendimiento, como los corredores de maratón, alpinistas, etc., son adictos a esos ejercicios extenuantes.

Una característica de las experiencias espirituales profundas es la pérdida del sentido del tiempo y del espacio que dependen de la actividad normal de ciertas regiones de nuestro cerebro.

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¿Cuál es la verdad y solo la verdad?

Es este un buen momento para preguntarnos por qué causa llegamos a los pies del Señor aquellos que hemos llegado a los pies del Señor de adultos. Seguramente que de cada una de las respuestas de ustedes, a las que habrá que sumar la mía personal, podremos armar una proyección estadística que seguramente se abrirá en un voluminoso abanico de situaciones. Mayoritariamente, y creo no equivocarme, habrá sido a partir de una o varias necesidades personales. Dramas, angustias y depresiones le habrán llevado un día, (Le hayan predicado el evangelio o no), a poner sus ojos en Cristo. Hoy, seguramente, y aunque algunas de sus luchas todavía puedan estar batallándose en su alma, lo que es como decir: su mente, no estará arrepentido/a para nada de aquella decisión.

Sin embargo, es al porcentaje que le sigue al que quiero dirigirme aquí. A aquellos que llegaron al evangelio en búsqueda de la verdad. A esta franja, sin embargo, habrán de sumárseles muchos de la franja anterior. Porque desde que el hombre tiene uso de razón, empieza a desandar un intrincado y complicado camino en búsqueda de una verdad trascendente, que está mucho más allá de lo que se enseña en una casa o en una escuela, y a veces, también de la que se enseña en alguna denominada iglesia, que generalmente es congregación y, mayoritariamente, templo. Y que por no saber adónde está, a muchísimos los ha llevado a los tenebrosos ámbitos del ocultismo, el espiritismo, las ciencias alternativas, las filosofías orientales y toda esa variada gama de ofertas de las que no podremos excluir a las supuestas religiones cristianas llenas de palabrería religiosa, pero carentes de poder real, visible y efectivo de parte de Dios.

Porque si yo le pregunto a un ateo qué es la verdad, me va a abrumar con respuestas sólidas, medulosas, analíticas, sumamente lógicas y hasta coherentes. Pero va a tener un problema que, aunque no me lo confiese, sé perfectamente que carcomerá su interior. Por mejores y más inteligentes respuestas que me de, él sabrá íntimamente muy bien, que esos conceptos que tan bien maneja sobre la verdad, no le sirven absolutamente para nada. Que les son muy prácticos para sacarse de encima rápidamente a los que se acerquen a hablarle de cualquier tipo de Dios, pero que en la intimidad no le sirven en absoluto para cambiarle la vida, ni a él ni a ninguno de aquellos que los comparten con él, ni para brindarle paz interior, ni para otorgarle seguridad en sus vidas, ni para proporcionarle felicidad o alguna otra cosa que pueda borrar sus angustias, sus miedos y sus depresiones. Pero no celebre demasiado: a muchos cristianos que teóricamente están en las antípodas de estos ateos, les sucede exactamente lo mismo. ¿Nunca se preguntó por qué? Porque han adoptado una religión, (En cada caso “la mejor”, o “la que tiene la verdad”), pero jamás han llegado a conocer esa verdad.

(Juan 8: 31-32)= Dijo entonces Jesús a los judíos, (Que como usted sabe, por ser el pueblo elegido, son un símbolo, una tipología de lo que hoy es la iglesia), que habían creído en él; si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

Está muy claro: Jesús le dice a todos los creyentes, (Incluidos los que ahora están leyendo esto), que si conocen la verdad, van a tener auténtica libertad, así que es un buen momento para preguntarnos si nos sentimos verdaderamente libres. Porque desde la lectura de este verso en adelante, nos hemos largado a predicar y a enseñar que lo que nos hace libres, es la verdad, cosa que desde ya no es ilegítima, pero que no es bíblicamente exacta. Porque desde este texto salta a la vista que, lo que lo hace libre a usted no es la verdad en sí misma, por ser la verdad, sino el conocimiento de esa verdad. Hay muchísima gente que vive donde está la verdad, que recibe gran información legítima sobre la verdad y que está en permanente contacto con la verdad, pero que nunca ha llegado a conocerla ni a incorporarla a su vida; por lo tanto, no son libres.

Todavía andan atados a una serie de cosas y, entre las más importantes, a las estructuras religiosas y los sistemas eclesiásticos que dicen tener la verdad, ¿Comprende la sutileza? El tema no pasa porque su congregación, su denominación tenga, practique y predique la verdad; el tema está en que usted la conozca, la crea, la ponga por obra, tenga comunión con ella y experimente, realmente, esa libertad en Cristo Jesús, que es la suprema de todas las libertades, la que le hace a usted un hijo de Dios dispuesto a cumplir su voluntad en contra de todo lo que se le oponga, aunque una parte de ese todo, sean los fariseos modernos, miembros quizás de su misma congregación.

No obstante, en lo íntimo, puede ocurrir que todavía usted no sepa a ciencia cierta qué cosa es la verdad. De un rápido repaso al Antiguo Testamento, vemos que Génesis nos cuenta que Dios la usa.

Jetro le dice a su yerno que se busque varones de verdad.

Moisés asegura que su Dios es un Dios de verdad.

La reina de Sabá le habla a Salomón que la verdad se comprueba.

David sostiene que Dios nos encamina por ella, y que esa verdad nos guarda.

El salmo 43 agrega que también nos guía,

el salmo 60 que es una bandera y una causa,

el salmo 85 algo que luego se repetirá constantemente: que la verdad va de la mano con la misericordia.

El salmo 86 que es un camino (Anote esto por favor) que debemos caminar.

El salmo 91 que es escudo y adarga.

El salmo 111 que es una obra de las manos de Dios,

el Proverbios 12 que quien la declara declara justicia y así sucesivamente.

¿Cuántas cosas serán la verdad? Tantas que no podrían caber en una sola persona, ¿No le parece? Salvo que…

(Zacarías 8: 3)= Así dice YHVH: yo he restaurado a Sión (La nación santa) y moraré en medio de Jerusalén (Como podemos observar claramente que Dios no ha fijado residencia en Israel últimamente, es indudable que se está refiriendo a la Jerusalén celestial, que es la iglesia, Su iglesia, no necesariamente todas las nuestras). Y Jerusalén se llamará ciudad de la verdad, y el monte de YHVH Sebaot (de los ejércitos), Monte de Santidad.

De aquí estamos extrayendo dos enseñanzas: en lo literal, Jerusalén iba a cobijar a la Verdad, sería la ciudad donde la Verdad se manifestaría y, en lo espiritual, la iglesia es la heredera y portadora de la verdad. ¿Cuál iglesia? Ya lo vamos a ver. Dios mío… ¿Será la Bautista? ¿Será la Pentecostal? ¿Serán las Asambleas? ¿Será la Nazarena? ¿Será la Metodista? ¿Será..? En Jeremías 33:3, encontramos una pista muy valiosa.

(Jeremías 33: 3)= Clama a mí (¿Usted clama a Dios o sus oraciones son llenas de formalidades y frases lindas pero hechas? ) y yo te responderé, (Diga conmigo: Dios siempre responde a mi oración) y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tu no conoces. (Esto significa, en principio, que todavía hay para cualquiera de nosotros, por ilustrados teológicamente que seamos, cosas grandes y ocultas que no conocemos. Además, si según leímos en Juan es el conocer la verdad lo que le hace libre, la Verdad, entonces, tiene que ser una de estas cosas grandes y ocultas que Dios nos enseñará si clamamos a Él. De acuerdo, pero.. ¿Cómo lo hago? Mire lo que sigue):

(Verso 6)= He aquí, (Sigue hablando Dios), yo les traeré sanidad y medicina; (¿Le queda alguna duda, todavía, que Dios sí sigue sanando hoy?) y los curaré y les revelaré abundancia de paz y de verdad.

¡Basta ya de implementar campañas de sanidad invocando espíritus sanadores! ¡Basta ya de incorporar con privilegios a médicos y psiquiatras para ayudar al pueblo a encontrar la paz! ¡Basta ya de inaugurar cada día seminarios e institutos teológicos con la idea de descubrir la verdad! La sanidad, la medicina, la curación del cuerpo y del alma, la paz que sobrepasa todo entendimiento y la verdad, llegan porque Dios se los revela por su Espíritu a todos los que la buscan y claman por ella. Fíjese lo que dice Oseas.

(Oseas 4: 1)= Oid palabra de YHVH, hijos de Israel, porque YHVH contiende con los moradores de la tierra; porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra.

¿A ver? ¡Cuándo fue escrito el libro de Oseas? ¡Qué importa! La palabra en Timoteo dice que TODA la palabra ha sido inspirada por Dios para enseñar, para redargüir e instruir en justicia. ¡Esto es hoy y ahora! De todos modos, parecería que seguimos dando vueltas alrededor sin decidirnos a penetrar en ella, conocerla íntimamente y ser libres de una vez por todas.

(Juan 4: 24)= Dios es Espíritu; y los que le adoran, en Espíritu y en verdad es necesario que le adoren.
Acá hay una pista interesante. Dice que Dios no es una figura, ni un anciano de larga barba blanca como a veces nos lo han presentado. Dios es un Espíritu no visible al ojo humano. Y dice que se le debe adorar en Espíritu, (Es decir: como su imagen y semejanza, de eso se trata) pero también en verdad. ¿Y qué es adorar en verdad? Hemos interpretado que es sin simulación, sin hipocresía, sin rituales huecos y formales y está muy bien, es así. Pero hay algo más en esa palabra. Algo más grande, muy grande. La pista, sin embargo, comienza a ampliarse cuando leemos Juan 16:13.

(Juan 16: 13)= Pero Cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad, (Esto le enseña a usted que debe ser guiado sobrenaturalmente a la verdad. Nunca lo logrará por su inteligencia ni sus talentos intelectuales)Porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, (¿Lo que oyere de quién?) y os hará saber las cosas que habrán de venir.

Este es un punto clave. Dice que el Espíritu de Verdad, nos va a declarar las cosas que van a venir. ¿Eso sería futurismo? ¿Cómo una especie de horóscopo o predicciones santas? NO, para nada. Simplemente es Espíritu Profético. No habla de que usted va a conocer su futuro. Habla que por ese Espíritu, usted va a conocer el futuro de la iglesia. La Biblia no fue escrita para la vida particular e individual, aunque sirva también para eso. Fue escrita para la vida comunitaria de la familia de Dios.

¿Y cuál es el Espíritu de Verdad? Los teólogos han determinado que ese es uno de los nombres del Espíritu Santo y yo creo que es así no más. Pero el Espíritu Santo es la tercera persona de [la trinidad, nota1], entonces, ¿Él es la Verdad? En cierto modo, porque el Espíritu Santo es Dios mismo. ¡Ah! ¿Entonces Dios Padre es la Verdad? Sí también, pero en cierto modo.

[nota1] laverdadysololaverdad: en un principio creía que estaba en conocimiento de la verdad acerca de la trinidad tratando de asociarla a elementos históricos más antiguos, sin embargo, no podemos negar que hay 3 entidades (Dios Padre, el Hijo y el Espíritu Santo) y que estas tienen sus objetivos y propósitos independientes.  Quizás el nombre Trinidad esté mal asociado, pero de momento prefiero darle el beneficio de la duda y pedir revelación a Dios para que me ilumine en esta área conflictiva.

Pilatos, cuando estaba juzgando a Jesús, percibió, porque se esmeraba en ser justo, que la verdad que él también buscaba y ansiaba, no estaba muy lejos. Con su pobre y reducido entendimiento de su naturaleza carnal, entonces, lo confundió con un reinado humano. Por eso es que le preguntó a Jesús si era un rey. Si descubría que lo era, tenía el ingrediente justo para encontrarlo en un delito, juzgarlo y sentenciarlo. ¿Qué le dijo Jesús?

(Juan 18: 37-38)= Le dijo entonces Pilatos: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo, para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz. Le dijo Pilatos: ¿Qué es la verdad? (¿Se da cuenta? Pilatos se enredó en su propia verborragia. Fracasó en su interrogatorio; y no porque fuera un novato, Pilatos tenía sobrada experiencia en interrogar presos. El impacto que las palabras de Jesús causaron en su corazón lo confundieron tanto que decidió que no había en Jesús delito alguno. Estaba totalmente acertado, aunque no lo sabía. Para saberlo, debería haber conocido la verdad, no sólo enfrentarla. Por eso preguntó qué era la verdad. Él sabía que estaba allí, pero al no conocerla, no la pudo ver. ¿Sabe usted cuántos Pilatos andan por allí caminando dentro de los templos? Lo que Jesús le dice a sus discípulos, textual, se lo está diciendo hoy a usted, a mí y a todos los que hemos tomado decisiones de fondo y que hoy poblamos todas las iglesias cristianas del mundo.

(Juan 14: 1)= No se turbe vuestro corazón; (¿Qué es un corazón, es decir un alma turbada? Es un lío monumental e interior de emociones, sentimientos, mentes, razonamientos, luchas contra la lógica humana, pensamientos, imaginaciones, deseos, voluntades. Todavía hoy existe mucho corazón turbado) creéis en Dios, (Todas las religiones occidentales creen en Dios) creed también en mí. (Aquí las cosas cambian. No todas las religiones occidentales que dicen creer en Dios, creen en Jesucristo como su Hijo. Incluso, muchas que insólitamente se autodenominan “cristianas”).

(2) En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. (¿Adónde iba Jesús cuando les pregunta esto? – En la escuelita dominical me enseñaron que al cielo, a preparar unas viviendas para nosotros. No. Al cielo, dice la Biblia, ascendió cuarenta días después de la resurrección. ¿Adónde iba, entonces? A la cruz. La Biblia lo afirma así. Pero y entonces, ¿Adónde iba a prepararnos un lugar si no eran las viviendas celestiales esas que hasta dibujamos en el cuadernito? ¡A la cruz! ¿Cómo que a la cruz? ¡Claro! ¿Si no cómo seríamos crucificados conjuntamente con él?)

(3) Y si me fuere y os preparare lugar, (En la cruz) vendré otra vez, (Después de la cruz) y os tomaré a mí mismo, (resucitado) para que donde yo estoy, (Crucificado, muerto dos días y resucitado al tercero) vosotros también estéis. (¿Esto querrá decir, entonces, que el paso por la cruz personal es verdad? Es parte del camino, pero no todo el camino).

(4) Y sabéis adónde voy, (Los discípulos sabían que Él iba a la cruz porque él se los había anunciado antes. Lo que no sabían todavía, porque no lo habían entendido, era que iba a resucitar y ascender) y sabéis el camino. (Aquí se les armó un lío bárbaro a los apóstoles. Jesús daba por descontado algo que ellos todavía no alcanzaban a ver. Ellos seguían mirando las cosas con sus ojos naturales y Jesús, para ellos, era un líder al cual seguían ciegamente, pero lejos de creer todavía que era realmente el Hijo de Dios. Mire como reaccionaron)

(5) Le dijo Tomás: (El más intelectual, humanista e incrédulo de todosSeñor, no sabemos adónde vas; ¿Cómo, pues, podemos saber el camino? (Carnalidad pura. Dos idiomas. Dos visiones. ¿Sabe usted cuánto de este espíritu de Tomás, existe hoy todavía en el pueblo de Dios? Allí es, entonces, donde él va a declarar la máxima, el elemento básico del evangelio, la receta para vida eterna, vigente aun como hoja de ruta para encontrar todas las verdades que buscamos).

(Jesús le dijo: Yo Soy el Camino, y la Verdad, y la Vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Aquí está la verdad que buscábamos. ¡Ah! ¡Qué genio! ¿Quién no sabe esto? Es cierto. Miles de millones saben que Jesucristo es el Camino, la Verdad y la vida. Sin embargo, viendo sus vidas, es como si eso no les alcanzara, ¿No es cierto? Se pierden, se confunden, caen en el engaño y llevan una vida mediocre y de permanente derrota. ¿Sabe por qué? Porque han creído, aceptado, leído y hasta enseñado y predicado que Cristo es el camino, la verdad y la vida. Pero no han podido decidirse a caminar por ese camino. Todavía insisten en sentirse independientes y prefieren hacerlo todo según se los dicta sus propias voluntades, deseos, gustos, preferencias o la propia sabiduría humana.

Si un día usted aceptó a Cristo como Salvador personal; y decidió convertirlo en Señor de su vida, y lo invitó a entrar en su corazón, esto no fue una formalidad que le habilitó legalmente para ser miembro de una iglesia evangélica y ocupar cargos más o menos importantes en la organización de la institución denominacional donde se congrega. Es para que empiece a conocerlo y a dejarlo mover libremente en su vida sin ponerle trabas o impedimentos dictados por su naturaleza humana y carnal. Esa es la forma de caminar su camino. Incluye oponerse con firmeza, como él mismo lo hizo, a toda estructura religiosa de este tiempo, (tal como él lo hizo en su tiempo) y escaparle a la esclavitud a hombres que creen ser (como lo creían sinceramente los fariseos) los dueños de la iglesia de Dios. No es un camino fácil. Para Jesús tampoco lo fue. Pero ese es EL camino.

¿Y adónde te lleva ese camino? A conocer íntimamente a la persona de Jesucristo. Y ese es el conocimiento que le permite el acceso a la Verdad, porque Él es la Verdad. Más allá de sus modos, de sus gestos, de sus palabras, de su doctrina. ¡Él es la Verdad encarnada! Y cuando su intimidad con Él es real, sincera y profunda, es muy difícil que caiga usted en ritualismos huecos, filosofías complicadas o discursos convincentes. Se pone en marcha el mecanismo del poder del Espíritu Santo que siempre le estará guiando a toda verdad, encaje o no esta verdad en los manuales de teología inventados por los hombres, o en sus doctrinas particulares creadoras de todas las denominaciones existentes, por las cuales doy gracias a Dios, aunque sean hoy por hoy las que le adjudican una pequeña ventaja al enemigo que ha conseguido hacer realidad un principio bíblico muy efectivo: dividirnos. Sabido es que todo reino dividido no prevalece.

El transitar por ese intrincado camino, el conocer íntimamente al Señor que mora en su interior y el haber accedido a su verdad, que es la única que vale para Dios, nos hace aterrizar en la tercera fase: La Vida. ¿Y qué es la Vida? La vida Eterna. ¡Por supuesto! Pero mientras llega ese momento del cumplimiento final del plan de salvación, usted tiene otra vida a la que puede acceder. Esa es aquí y ahora. Ya no vive más usted, mas Cristo vive en usted. Y es una vida totalmente diferente a la que haya estado viviendo hasta hoy. Diferente a la que pueda estar viviendo cualquier persona sin Cristo por más rica, famosa y prestigiosa que sea. Es la vida de Cristo en usted. Una vida de paz verdadera, no como el mundo la da; Es una vida de convicción férrea, de seguridad ante el futuro, de confianza, de gozo, de victoria, sin angustias, miedos ni depresiones. ¡Es una vida de libertad en Cristo Jesús! Es el cumplimiento real y práctico de: Conoceréis la Verdad y la verdad os hará libres.

Sin embargo, tengo convicción de que una pregunta le carcome el alma en este momento. Está pensando: Y, sí… No caben dudas que lo que este hombre está diciendo, es así no más. Estoy totalmente de acuerdo con todo esto. La Biblia lo dice y yo quiero creerlo, pero: ¿Cómo hago para conocer a Cristo, al que no veo, si me cuesta tanto conocer a tantas personas que sí veo? La respuesta, también está en la palabra. Y en boca de Jesús.

(Juan 17: 14)= Yo les he dado tu palabra; y el mundo (En el original dice COSMOS, que significa SISTEMA, en otras palabras: el sistema secular) los aborreció; porque no son del mundo (del sistema social que vemos) como yo tampoco soy del mundo.

(15) No ruego que los quites del mundo, (Del sistema) sino que los guardes del mal.

Conocer a Cristo, estar en comunión con Él, aprender a oír su voz y obedecer su palabra, es posible sólo saliéndose del sistema, yéndose fuera del ámbito de lo natural. De otro modo, siempre las circunstancias nos sobrepasarán y no podremos ver la realidad espiritual. Si usted se queda sin trabajo jamás podrá entender que, pese a todo lo que se ve diariamente por la televisión, para usted puede existir un trabajo que no existe para ninguno de los miles que lo buscan diariamente. Si usted se enferma de una enfermedad crónica, para usted hay una sanidad que no hay en el sistema del mundo.

Lo que ha sucedido, es que la iglesia en su preocupación casi desmedida por caer simpática como institución a la sociedad en la cual está inserta, en lugar de introducir en esa sociedad el sistema del reino de Dios, ha permitido “gentilmente” que el sistema del mundo se introduzca en la iglesia. De allí que la solución laboral, pasará por tener buenos contactos, que la sanidad física pasará por muchos médicos convertidos y que la sanidad del alma estará exclusivamente reservada a los muchos psicólogos cristianos que se congregan en nuestros templos. Hay un problema: eso termina dando gloria al hombre y no a Dios. Y si bien está dispuesto a compartirla con sus hijos, Dios es celoso de su gloria y la protege. Esto es lo que se lee en Romanos 1:25 cuando dice Ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.

Quiero que entienda, en este punto, que la búsqueda de la verdad no obedece a un mero interés y curiosidad humano por algo que lo intriga. La búsqueda de la verdad procede desde lo más recóndito de nuestro ser, del sitio que es imagen y semejanza de Dios, del espíritu. Buscar la verdad es el inicio; Encontrarla es el resultado. Ponerla por obra después de haberla creído es el corolario y el propósito de Dios para cada vida. De nada sirve si, habiendo encontrado la verdad, luego decidimos no encarnarla.

(Romanos 2: 5)= Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, (6) el cual pagará a cada uno conforme a sus obras. (Primero: Dios va a pagar. Esto no se está haciendo gratis. Dios le da por gracia y misericordia la salvación a quien la pida, pero luego con esa salvación, hay que hacer una tarea. Y pese a que ya nos regaló la salvación, la bondad del Padre lo lleva a pagarnos por lo que hagamos con esa salvación. Y sus obras no son la caridad o la justicia social, son el cumplimiento de la voluntad de Dios por su intermedio(7) vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, (8) pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia.

¿Se supone que está bastante claro, no es así? ¿Usted está buscando la verdad aunque lleve años de creyente o de miembro de alguna iglesia? No se condene ni se sienta mal. Hay una enorme cantidad de gente a la que le está sucediendo lo mismo, no es el único. Pero algo le tengo que decir: si su búsqueda es genuina, su búsqueda va a producir resultado positivo. Usted se va a encontrar cara a cara con la verdad. Entonces la pregunta es: ¿Qué va a hacer después que la haya encontrado? Allí está la punta principal de este delicado ovillo de fina lana celestial. Al sentir esa libertad distinta, que no lo va a llevar a la dependencia de ningún hombre de carne y hueso y que le va a mostrar el propósito de Dios con absoluta y meridiana claridad, ¿Para qué la va a utilizar? En el cuidado de esta decisión, está el secreto de su futuro de eternidad, nada menos.

(2 Corintios 4: 1)= Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos.
(2) Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia (Esto equivaldría a políticas religiosas) ni adulterando la palabra de Dios (Esto es: predicando filosofías humanistas, sociales o psicológicas) sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios. (¿Qué sería la manifestación de la verdad? Algo que se presenta como visible. Cristo es la verdad. Cristo visible. ¿Cómo hacer visible a Cristo? En nosotros mismos, ya que lo tenemos a Él en nuestros corazones, ¿No es así?)

(2 Corintios 6: 1)= Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios. (¿Cuál es la gracia de Dios? ¿La salvación? Sí, pero algo más, parece):
(2) Porque dice: en tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación. (Aquí lo tenemos, es sin dudas la salvación. ¿Y qué más?)

(3) No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea vituperado; (Cuando un ministerio es causa de tropiezo, es vituperado) (4) antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia (¡Huau!) En tribulaciones, (¡Huau!) en necesidades, en angustias; (5) en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos; (6) en pureza, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en el Espíritu Santo, (Andar en la Verdad no es sólo haber aceptado a Cristo, también es haber permitido que el Espíritu Santo nos guíe), en amor sincero, (Lo que hoy podemos ver en nuestras iglesias, nos muestra que no abunda precisamente el amor sincero. ¿Qué querrá decir esto? Que no andamos en la Verdad plena. ¿Y esto, a su vez qué quiere decir? Que no conocemos a Cristo, aunque creamos en Él, hablemos de Él y hasta prediquemos sobre Él) (7) en palabra de verdad, (¿Recitarnos la Biblia? Me parece que no, que hay algo más) en poder de Dios, (¡Aquí está la clave! El impacto del evangelio capaz de cambiar el mundo es el que se sustenta en la verdad, que es Cristo, y la manifestación de esa verdad, es la manifestación del poder sobrenatural de Dios, no bellas palabras, hermosos cultos o vibrantes mensajes)

El gran secreto es no preguntarse como nosotros lo hacemos: ¿Podré yo hacer esto? Ahí va a saltar algún biblista que le dirá: ¡Todo lo puedes en Cristo que te fortalece! Y es cierto, pero usted sigue sin poder. ¿Sabe por qué? Porque usted lo aceptó como Salvador y Señor, por fe; se dejó llenar por el Espíritu Santo, por fe, pero cree que manifestarle, es un trabajo que lo tiene a usted como protagonista. Se equivocó. A usted, lo tiene como instrumento. La manifestación de la verdad que es como decir la manifestación de Cristo en la tierra a través de su cuerpo, también es por fe.

https://laverdadysololaverdad.wordpress.com/2011/02/26/el-hombre-del-apocalipsis/

Que Dios lo (a) bendiga!

Fuente: http://www.tiempodevictoria.com.ar

DIOS ES ESPÍRITU

Lectura bíblica: Juan 4:24

Propósito de la charla: Comprender la doctrina acerca de la espiritualidad de Dios.

fuocogrLos seres humanos vivimos en una realidad de dos y hasta tres dimensiones. En primer lugar somos seres materiales, de carne y hueso, que experimentamos la vida a través de los sentidos. Las experiencias más fuertes son las sensoriales. En segundo lugar somos seres psicológicos, tenemos una vida interior, reflexiva, imaginativa, etc., interpretamos la realidad, la recreamos y transformamos a partir de ello. He allí una importante diferencia con los animales. La tercera y más profunda dimensión es la espiritual, relacionada con la fe o capacidad de creer. Somos seres espirituales, trascendentes, capaces de relacionarnos con Dios.

UN DIOS INVISIBLE.
Esta triple realidad nuestra ha sido creada por un Dios invisible e imperceptible a través de los sentidos humanos. Fuimos hechos a semejanza de Él, pero Él no es a semejanza nuestra. Él no tiene una corporalidad. La Biblia en el libro de la Revelación se esfuerza por darnos a entender aquello (Apocalipsis 4:2,3). Si Dios tiene una psicología ésta no corresponde a una estructura cerebral ni a la presencia de un sistema nervioso central, como en el hombre, sino que es de absoluto carácter espiritual. La esencia del ser de Dios es espíritu, no hay elemento material en su ser. Dios no es materia, no depende de la materia ni tiene cuerpo.

UN DIOS RACIONAL Y MORAL
La única forma como nosotros podemos llegar a tener una idea acerca de la espiritualidad de Dios en forma concreta es pensando en nuestra propia vida o experiencia interior. Así como experimentamos un enorme vida interior, estamos llenos de recuerdos a los cuales damos un orden y una interpretación; así como somos capaces de soñar mundos y traerlos a la realidad; así como pensamos y razonamos, y para nosotros ello es tan real como la realidad concreta y material, Dios es similar. Dios piensa, habla y crea. Su pensamiento es voz, ya que no tiene boca. Y como nunca piensa mal jamás crea algo inadecuado. Si a los ángeles creó perfectos y algunos de éstos se rebelaron, eso Él ya lo sabía. Igual cosa con los humanos: nos creó libres y dispuso de antemano la redención para perfección de su criatura (Apocalipsis 13:8; 1 Pedro 1:19,20).

Necesitamos pensar en Dios como en una energía con vida mental y moral, más que en algo material. Dios es espíritu, declara Jesucristo: “Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos./ Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre./ Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad” (Juan 4:22-24).

UN DIOS COMUNICATIVO
El espíritu forma la esencia del ser de Dios. La comunión con Dios, por ser una experiencia espiritual interior o subjetiva, nos lleva a creer que Dios es un ser espiritual. Desde el día de nuestra conversión comenzamos a tener una relación íntima y espiritual con el Señor. Esta experiencia es la que nos revela Su naturaleza espiritual. Si la relación con la Divinidad es por intermedio de iconos y sacramentales, aún estamos en camino de conocer la auténtica naturaleza del Padre. En el Antiguo Testamento Dios dispuso todo un sistema sacerdotal jerárquico, ritual y sensorial, por causa de la naturaleza humana. Aún hoy día muchos necesitan de elementos corpóreos y sensitivos para acercarse y “sentir” a Dios. Todos, en mayor o menor medida, estamos en esta situación.

No podemos ver a Dios ni alcanzarlo por ninguna forma de percepción sensorial. Pero sí podemos tener comunión con Él por medio de la fe. Por medio de esta experiencia espiritual, conocemos a Dios como un poder invisible y espiritual que opera dentro de cada cristiano.

UN DIOS REVELADO
Cuando la Biblia habla de las manos, ojos y boca de Dios, en realidad está adaptando el lenguaje a nuestra comprensión humana (Deuteronomio 5:15; 7:19; 11:12; 1 Reyes 8:15; 1 Crónicas 4:10; 2 Crónicas 6:4; 2 Samuel 15:25). Dios no podía revelarse de otro modo que no fuera en términos humanos: una zarza ardiente, agua que brota de la peña, milagros, una voz del Sinaí, etc. Los humanos tenemos la gran dificultad de no poder concebir a Dios en otros términos que no sean humanos, es decir siempre con referencia a la materia y la forma.

Esta dificultad, consistente en la necesidad de parámetros de tiempo y espacio, se resuelve en Cristo. Jesús es introducido por Dios en la Historia como un Dios-Hombre, concreto, palpable. El apóstol Juan declara: “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida” (1 Juan 1:1)

Juan dice en su Evangelio “Ningún hombre ha visto jamás a Dios, el Unigénito Hijo que está en el seno del Padre, él le declaró” (Juan 1:18). Es categórico, nadie ha visto a Dios, ni el gran líder hebreo Moshé, מֹשֶׁה (Éxodo 33:17-23). La explicación que se da a veces es que no podemos verle, pues si así fuera, no soportaríamos su gloria, brillo, poder o autoridad; pero más clara y convincente es la razón que da Jesucristo: “Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad“.

UN DIOS ENCARNADO
Jesucristo hizo tangible a Dios y a la experiencia de los hombres. Cristo es la imagen del Dios invisible, como la luz es el resplandor o proyección de una ampolleta o foco (Colosenses 1:15, Hebreos 1:3). Con la Encarnación y aparición del Hijo en nuestras coordenadas tiempo-espacio queda satisfecha esta necesidad de un Dios perceptible. Ahora podemos imaginar, ver y hasta representar a Dios, sin caer en idolatría ni herejía. Nadie se molesta porque se represente visualmente a Jesús en periódicos, revistas y museos. Tampoco si está presente en templos, aunque ello sea sospecha de una falta de fe, carencia de una comunión más espiritual con Dios. Aquello podría revelar cierta incapacidad de relacionarse espiritualmente con Jesucristo, pero no seamos tan extremos e iconoclastas. También puede ser un modo distinto de amar a Dios, abrazarse a una representación de Él. Ya han pasado cinco siglos desde la Reforma protestante del XVI como para sostener aún posiciones tan radicales. La idolatría, la adoración de imágenes, la búsqueda de dioses perceptibles, muestra esta necesidad que tenemos de una revelación tangible del Dios invisible (Hechos 17:24-29).

La revelación de Dios en Cristo es útil para revelarlo como Espíritu puro y al mismo tiempo de hacerlo real a los hombres.

¿Por qué envió Dios a Jesús a la tierra?

Para darnos la posibilidad de expiar nuestras culpas en un Sustituto; pero también para revelarse con toda su Personalidad en un Hombre tangible. Jesús es la Palabra de Dios viva (la Torah viviente!). Por boca de Jesús sabemos que Dios es espíritu, pero también vemos a un hombre de carne y hueso capaz de vivir los principios morales divinos declarados en los diez mandamientos. Dios es un Ser con Personalidad y un Ser Espiritual, con autoridad sobre todo lo creado por Él mismo.

¿Se ha revelado a usted este Dios que es Espíritu?

NOTA de laverdadysololaverdad:

En Génesis se nos dice que YHVH ‘Elohim (Dios) nos creó a su imagen y semejanza, leamos:

Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. (Génesis 1:26)

¿Acaso esta semejanza significa que Dios es de carne y hueso?

Quien haya leído la biblia, sin ningún tipo de prejuicio religioso podrá darse cuenta de que la misma biblia responde a esta pregunta:

La carne es incapaz de producir nada que no sea también «carne», de la manera en que los cardos no pueden dar una cosecha de higos. Es imposible, pues, que una nueva naturaleza espiritual surja del intento de «refinar» la carne, sino tan sólo del nuevo nacimiento en el poder del Espíritu de Dios (Juan. 3:6–8).

Por haberse originado esta esfera de la carne en la desobediencia y en el pecado del hombre (Gn. 6:3), toda ella está debajo de la condenación de Dios y nadie que está en ella puede agradar a Dios (Ro. 8:7 y 8). Tengamos en cuenta, sin embargo, que mucho de la carne es agradable al «hombre», y aun al hombre «decente», educado y culto. Tomemos por ejemplo un acto de «culto» que se basa en las prácticas que agrandan a los sentidos de los hombres o que halagan su «justicia propia»; todo será muy «bonito» y muy «bueno», pero no dejará de ser abominación delante de Dios (Lc. 16:15).

La carne no se mejora después de la conversión, y queda siendo tan fea e intratable después de cincuenta años de vida cristiana como lo fue en un principio (Ro. 7:18). Lo único que Dios puede hacer con la carne es colocarla en el lugar de la muerte, y esto se realizó cuando Cristo, nuestro sustituto, se identificó con nosotros y murió en nuestro lugar (Ro. 8:3).

El «viejo hombre» no desaparece en el momento de la conversión, ni en ningún momento de bendición espiritual posterior, pero Dios ha provisto los medios para que esté en sujeción y para que el creyente viva y ande, no conforme a la carne, sino conforme al espíritu (1 Jn. 1:5–2:2; Ro. 8:4, 5, 12 y 13).

Las obras de la carne, que se detallan en la terrible lista de Gálatas 5:19–21, incluyen, no solamente los pecados escandalosos de la fornicación, la disolución, etcétera, sino también los celos, iras, contiendas y disensiones que se manifiestan con harta frecuencia en el seno de la familia de Dios (1 Co. 3:1–4). Sepamos que todo ello surge de la carne y que es aborrecible delante de Dios.

La carne y el Espíritu son principios antagónicos enteramente incompatibles el uno con el otro, codiciando y luchando constantemente el uno contra el otro (Gá. 5:17). Este estado de guerra perpetua resulta lógicamente de la definición de la «carne».

Quien diga que Dios es de carne y hueso lo está transformando en un dios de pecado y por ende humano.  Cuidado con las doctrinas de demonios!

Fuentes:

http://charlasbiblicas.blogspot.com

http://juventudcristiana.wordpress.com