La utilización del “antisemitismo” como estrategia para la dominación e impunidad sionista

No han transcurrido ni dos meses desde que se retiraron los últimos soldados estadounidenses del territorio iraquí, y ya el sionismo, mediante la intervención de los ejércitos de Israel, Estados Unidos y sus aliados globales, hace los últimos preparativos para la inminente agresión directa a Irán, la “amenaza islámica”. De nueva cuenta una de las principales estrategias con la que cuentan los sionistas en su afán por someter al Medio Oriente, acrecentar su poder en el planeta y perpetuar su impunidad en materia humanitaria, es valerse de la supuesta hostilidad y repudio mundial contra los judíos, desempeñando muy bien el rol victimista surgido tras el llamado holocausto nazi. En el presente escrito demostraremos de forma breve que no hay tal “antisemitismo” en el orbe, sino una crítica contra el accionar inmoral, prepotente y violento del movimiento sionista, que si bien engloba a numerosos judíos, no representa a la mayoría de éstos.

En primer lugar es importante abordar algunos conceptos, específicamente judaísmo, semita y sionismo. El judaísmo, en términos estrictos, hace referencia a una religión y no a una “raza”, etnia o a un Estado, aun cuando Israel es su representación político-territorial-administrativa (por ahora) en el planeta. Insistir en darle una connotación racial o étnica al judaísmo no es más que repetir necia o malintencionadamente la misma falacia, considerando, por ejemplo, que numerosos judíos actuales no tienen nada que ver con aquellos hebreos que vagaron mucho tiempo por el desierto, quienes tampoco constituían una etnia diferenciadora o algo por el estilo. En definitiva el judaísmo es una religión y nada más, tal como lo es el cristianismo, el islamismo, el budismo y otros conjuntos de creencias espirituales.

En cuanto a la palabra semita, téngase en cuenta que engloba a los descendientes de Sem (hijo de Noé según la Biblia), hablantes de lenguas pertenecientes a la familia semítica: hebrea, árabe, aramea y otras. Como se aprecia, no sólo los judíos hablantes de hebreo se pueden considerar semitas, por lo que el antisemitismo equivaldría a odiar prácticamente a todos los habitantes del Cercano y Medio Oriente. Por esta razón algunos judíos sionistas de manera “inteligente” han optado por calificar como judeofobia y no como antisemitismo a lo que ellos consideran como odio por los judíos.

Respecto al sionismo, es importante su correcta definición para diferenciarlo del judaísmo. A grandes rasgos se trata de un movimiento que trasciende el ámbito religioso, y en teoría defiende los derechos de los judíos en el mundo entero; de esta manera su origen como organización política, a finales del siglo XIX, habría respondido a las continuas agresiones y persecuciones sufridas por los judíos, específicamente en el continente europeo. Entre sus principales objetivos figuraban la unidad de los judíos y el establecimiento de un Estado “judío”, lo que finalmente lograron en la “Tierra Prometida”, actual Israel. Considérese, no obstante, que el sionismo estuvo integrado desde sus comienzos por una minoría con notable influencia en Europa, y su verdadero fin abarcó en lo sucesivo mucho más que el simple “altruismo” projudío, como ya veremos. En nuestros días el sionismo agrupa mayoritariamente a judíos con gran influencia económica, política, social, académica y militar en el orbe; también hay algunos no judíos que simpatizan de alguna manera con el judaísmo. Eso sí, hay que advertir que la mayor parte de los judíos no comulga con el sionismo, considerando que en el mismo Israel hay quienes rechazan de plano al movimiento sionista. De acuerdo a lo que se aprecia en este párrafo, la diferencia clave entre el sionismo y el judaísmo, además de que el primero trasciende el ámbito religioso, radica en que ni todos los sionistas son practicantes de la religión judía, ni la mayoría judía apoya al sionismo. Queda claro, entonces, que sionismo y judaísmo no son sinónimos, aunque ciertamente hay judíos sionistas en diversos puntos cardinales.

Ahora bien, a pesar de que se evidencia que sionismo y judaísmo no son lo mismo, toda aquella crítica que a nivel global se emprende contra el poder de los sionistas es calificada por éstos, e incluso por algunos judíos indiferentes al sionismo, como antisemita o judeofóbica. Si bien las críticas apuntan en buena medida a judíos prominentes (obviamente partidarios del sionismo), no significa en modo alguno que se ataque al judaísmo per se; solamente la discriminación practicada por algunos grupos numéricamente insignificantes, como los neonazis, puede considerarse en términos estrictos como judeofobia. Entonces, ¿por qué insiste la maquinaria propagandística del lobby sionista en hacer creer que a la mayoría de los judíos se les odia en diversas partes del mundo? ¿Por qué se sigue explotando al holocausto nazi y otros episodios de sufrimiento judío en beneficio de intereses mezquinos? Para responder a esto es necesario comenzar con un bosquejo de lo que representa el sionismo en la actualidad.

Entender lo que significa el sionismo en nuestros días es entender la evolución del movimiento desde el mismo siglo XIX. En este contexto es importante señalar que los sionistas fueron ganando notoriedad global en los diversos ámbitos de la vida, desde la posesión de un importante capital financiero, industrial y comercial, hasta una influencia marcada en la geopolítica planetaria. Desde el punto de vista económico los sionistas, en su mayoría judíos, sacaron bastante provecho del capitalismo, entendiendo casi a la perfección que la explotación bestial del hombre, las elevadas tasas de ganancia y la irracional destrucción del medio geográfico conducían ineludiblemente a una enorme acumulación de capital y a la consiguiente riqueza. Es así como los sionistas han llegado a ser protagonistas de la corporocracia que domina al mundo actualmente, y que intenta implantar un Nuevo Orden Mundial capitalista. De hecho, los judíos sionistas son, hoy por hoy, propietarios, gerentes o accionistas importantes de grandes bancos y de empresas petroleras, comunicacionales, informáticas, automotrices, farmacéuticas, alimentarias y otras:

“Los directivos y accionistas de las primeras treinta megaempresas trasnacionales y bancos (las más grandes del mundo) que cotizan en el indice Dow Jones de Wall Street, son mayoritariamente de origen judío.

Megacorporaciones del capitalismo sin fronteras como  Wal-Mart Stores, Walt Disney, Microsoft, Pfizer Inc, General Motors, Hewlett Packard, Home Depot, Honeywell, IBM, Intel Corporation, Johnson & Johnson, JP Morgan Chase, American International Group, American Express, AT & T, Boeing Co (armamentista), Caterpillar, Citigroup, Coca Cola, Dupont, Exxon Mobil (petrolera), General Electric,  McDonalds, Merck & Co,  Procter & Gamble, United Technologies, Verizon, son  controladas y/o gerenciados por capitales y personas de origen judío” (Manuel Freytas, “El poder oculto: De donde nace la impunidad de Israel”. http://danipirata80.wordpress.com/2011/11/10/el-poder-oculto-de-donde-nace-la-impunidad-de-israel/).

Mediante este notable poder económico los sionistas llegaron a tener gran influencia en la geopolítica global, surgiendo de esta manera el lobby sionista, que tiene entre sus principales representantes al Gobierno de Estados Unidos y a ciertos sectores poderosos en el país norteamericano y en Israel. Ha sido tan relevante la participación de este lobby en Estados Unidos, que ha determinado en buena medida la política interna y externa de esta nación desde hace un buen tiempo. Al respecto el intelectual estadounidense James Petras indica lo siguiente:

“Aquí en el Congreso norteamericano los sionistas han conseguido más de tres cuartas partes del Congreso para repudiar el informe de 500 páginas documentado por Goldstone que no sólo es un juez respetado sino que él mismo es un judío que incluso apoya a Israel en términos generales. Y eso otra vez muestra el tremendo poder que tienen los sionistas controlando toda la conducta y política norteamericana en relación con el Medio Oriente, en particular cualquier cosa vinculada con Israel (…)

Hay 51 organizaciones sionistas en EE.UU. que representan un 25 ó 30 por ciento de lo que llaman judíos (…), entre aproximadamente 6 millones hay organizados 2 millones pero entre ellos hay muchos multimillonarios fanáticos que tienen dinero para financiar campañas. Y segundo, hay un compromiso ideológico entre muchas personas organizadas a favor de Israel, que esta red se apoyan unas a otras en el avance y ubicación de sionistas en el gobierno. No es simplemente casual, no es una decisión individual. Hay un nepotismo que opera porque comparten una ideología. Hay una militancia muy fuerte, hay autodisciplina y organización que pasa línea”. (James Petras, “El sionismo se ha adueñado de los centros de poder en Estados Unidos”. http://www.aporrea.org/ddhh/n144951.html).

Como uno de los principales objetivos logrados por los sionistas en el siglo XX, está haber creado el Estado de Israel a finales de la década de 1940, naturalmente con el apoyo decidido de Estados Unidos. Desafortunadamente la creación de esta entidad significó una nueva desgracia en la historia tortuosa del pueblo palestino, con la pérdida territorial progresiva y el confinamiento de sus pobladores. Hoy día Israel avanza con la ocupación de tierras palestinas mediante la política de estímulo al asentamiento de colonos, mientras que su ejército continúa reprimiendo a quienes se rebelan frente a la dominación judeosionista. Por esto se considera a Israel como un Estado terrorista, y en su rol de representante de los oscuros intereses sionistas en el Medio Oriente, se enfoca ahora en agredir de lleno a Irán y otras naciones de la región, intentar un control territorial mayor y tener acceso fácil a recursos energéticos.

En los párrafos precedentes se aprecia de forma sucinta todo el poder global que caracteriza a los sionistas, situación que ha generado durante los últimos años una serie de críticas, en especial contra el dominio económico y el terrorismo que el Estado de Israel ha ejercido contra algunos pueblos del Medio Oriente. Es evidente que quienes luchan por un mundo anticapitalista y libre del terrorismo estatal propio del establishment “democrático”, han sido los principales detractores de la opresora política sionista, y por tanto considerados como antisemitas o judeófobos en potencia. En términos generales la supuesta judeofobia manifestada por diversos críticos, ha sido bien explotada por los sionistas en dos sentidos: 1) Desviar la atención que se ha prestado al creciente dominio capitalista de los judíos sionistas, y por tanto a la influencia del lobby sionista en el orbe; y 2) Restar valor a las numerosas denuncias que se han hecho en materia de Derechos Humanos, particularmente en el caso del terrorismo continuo ejercido por Israel contra mujeres, niños y ancianos palestinos.

En el primer caso el “antisemitismo” ha sido utilizado como una estrategia para ocultar a las masas el dominio creciente de los sionistas en el contexto de la corporocracia, y en el segundo como estrategia para perpetuar la impunidad del Estado terrorista de Israel en la agresión sistemática contra los pueblos vecinos, fundamentalmente contra los palestinos. Y vaya si en el segundo caso ha funcionado la estrategia para el lobby sionista, considerando que sucesivos gobiernos de Israel incluso han hecho caso omiso de sendas resoluciones de la ONU en materia humanitaria, asunto en el que no parece haber fuerza humana capaz de meter en cintura a los sionistas. Más aún, cuando el ejército israelí masacró a civiles en Gaza a finales del 2008, fueron tildados de terroristas nada más y nada menos que los propios palestinos, y toda denuncia surgida contra el sangriento hecho fue calificada como antisemita no sólo por los sionistas, sino por algunos judíos no sionistas ignorantes del nefasto papel jugado por Israel en el Medio Oriente:

“(…) comunidades y organizaciones judías a escala planetaria apoyaron explícitamente la masacre de civiles en Gaza argumentando que se trataba de una “guerra contra el terrorismo”.

A pesar de que Israel no invadió ni perpetró un genocidio militar en Gaza con la religión judía, sino con aviones F-16, misiles, bombas de racimo, helicópteros Apache, tanques, artillería pesada, barcos, sistemas informatizados, y una estrategia y un plan de exterminio militar en gran escala, quien cuestione esa masacre es condenado por “antisemita” por el poder judío mundial distribuido por el mundo.

Las campañas de denuncia de antisemitismo con las que Israel y las organizaciones judías buscan neutralizar a las críticas contra la masacre, abordan la cuestión como si el sionismo judío (sostén del estado de Israel) fuera una cuestión “racial” o religiosa, y no un sistema de dominio imperial que abarca interactivamente el plano económico, político, social y cultural, superando la cuestión de la raza o de las creencias religiosas”  (Manuel Freytas, “El poder oculto: De dónde nace la impunidad de Israel”. http://danipirata80.wordpress.com/2011/11/10/el-poder-oculto-de-donde-nace-la-impunidad-de-israel/).

Para que la estrategia del “antisemitismo” haya tenido tan significativo impacto a nivel mundial, los sionistas han tenido que apelar a ciertos recursos y acciones:

1) Estigmatización. En este sentido de trata de avergonzar e intentar hacer aflorar un sentimiento de culpa en los críticos al poder sionista, explotando en este aspecto las agresiones masivas y persecuciones sufridas por los judíos a lo largo de la historia, en especial durante el holocausto nazi. Aquí los sionistas se han apoyado en el control que tienen de una parte de la mass media, para crear una imagen victimista y distorsionada (eminentemente positiva) de sus miembros dispersos en el planeta y del Estado de Israel. A manera de ejemplo, considérese que la gran industria del cine estadounidense, asentada en Hollywood, ha sido un ente propagador de las “bondades” del sionismo global, y en las películas allí producidas jamás se ha hecho referencia a la perniciosa influencia mundial del lobby sionista, y menos aún al terrorismo ejercido por Israel contra los pueblos vecinos. Ha sido tan efectivo este recurso, que ante la simple idea de ser juzgados moralmente como judeófobos, muchos han preferido no opinar.

2) Intimidación y agresión. Cabe destacar en este contexto la creación de organizaciones prosionistas y la utilización del “antisemitismo” como justificativo de asesinatos “selectivos” y de acciones militares. Por un lado es importante tener en cuenta que en casi todas aquellas naciones con presencia de judíos poderosos, fueron creadas organizaciones que representaran sus intereses. Una de sus funciones, bien aprovechada por los sionistas, es la de replicar a cualquier opinión o hecho que sus dirigentes consideren como antisemita, regularmente a escala judicial. De manera que cualquier individuo que ose atacar con su pluma o con su discurso oral al poder sionista en cualquier rincón de la Tierra pudiera ser obligado a acudir a un tribunal y condenado por un delito existente sólo en la mente de oscuros personajes. Incluso en Estados Unidos hay un organismo, conocido como Liga Antidifamación, que se dedica exclusivamente a amenazar a todos los detractores del lobby sionista. Por otro lado, los sionistas se han escudado en el supuesto antisemitismo para amenazar y actuar de una forma mucho más directa y siniestra contra sus enemigos; es así como las agencias de inteligencia y fuerzas armadas subyugadas a sus intereses han secuestrado y torturado a supuestos terroristas, han ejecutado asesinatos individuales y masivos, y actualmente preparan la agresión contra Irán, a cuyo gobierno acusan de represivo y antisemita, y por tanto de ser un peligro para la existencia de los pueblos vecinos, incluido obviamente Israel. Téngase en cuenta que el sionismo es uno de los artífices de una matriz de opinión bien difundida en el orbe, según la cual Irán estaría fabricando armas nucleares no sólo para acabar con Israel, sino con media humanidad.

3) Otros.

Ha sido tan importante la utilización del “antisemitismo” como estrategia para favorecer los intereses sionistas globales, que la necesidad de mantener su impacto permanente sobre las masas ha impulsado la realización de propaganda judeofóbica por parte de los mismos sionistas, de la que evidentemente han responsabilizado a quienes han denunciado al lobby. En este contexto han sido bien eficaces las campañas mediáticas y el papel desempeñado por supuestos detractores del sionismo, quienes al atacar indiscriminadamente a todos los judíos, han servido en bandeja de plata una excusa perfecta para perpetuar el dominio sionista escudado en la victimización.

Para finalizar el presente escrito, es necesario advertir que debemos estar en permanente estado crítico y reflexivo frente a las pretensiones cada vez más nefastas del sionismo y sus aliados en el planeta entero. Por mucho que se nos considere antisemitas, judeófobos o como les venga en gana a instituciones, medios e individuos prosionistas, no podemos hacernos de la vista gorda ante la triste realidad actual, que a decir de algunos analistas podría incluso desembocar en una tercera Guerra Mundial, si es que ya no la estamos viviendo.

Por Rubén A. Hernández A.

Fuente: connuestroperu.com

La carta de Hitler que cambió la historia

Los historiadores consideran que es uno de los documentos clave para explicar la historia del siglo XX.

Diez meses después del final de la primera Guerra Mundial, un veterano alemán que había participado en la contienda escribió cuatro carillas en las que daba fundamentos para tratar “la cuestión judía” desde un punto de vista racional. Tenía 30 años y la firmó de puño y letra en tinta negra, con su letra redondeada: “Respetuosamente, Adolf Hitler”.

El documento, escrito a máquina, está fechado en 1919 y constituye el primer registro histórico de las teorías que luego pondría en práctica, como políticas de estado, el líder del Tercer Reich.

Fue originalmente una respuesta a un colega en el comando militar, Adolf Geimlich, lo que le ha dado su nombre: la Carta Geimlich. Hallada casi 70 años después de haber sido escrita, ahora por primera vez se muestra al público en el Museo de la Tolerancia de la ciudad de Los Ángeles.

Los historiadores considera que es uno de los documentos clave para explicar la historia del siglo XX, que revela el espíritu del líder del nazismo de manera más acabada que su libro fundacional, “Mi lucha”, publicado seis años más tarde.

BBC Mundo le cuenta la historia detrás de estas cuatro páginas amarillentas: ¿qué dice y qué sugiere? ¿Cómo se comprobó su veracidad? ¿Y cuál es el valor documental que podría hacer revisar las teorías de algunos historiadores sobre el pasado reciente?

Las palabras de Hitler

Hitler redactó la carta para Adolf Geimlich, un miembro del Aufklärungskommando, la oficina de inteligencia militar de Munich, como un intento de respuesta a una cuestión urgente: ¿cuál era la situación de los judíos en Alemania después de la derrota en la Gran Guerra y qué posición al respecto tomaban las fuerzas armadas?

Hitler se sentó en una máquina de escribir del ejército y redactó una suerte de ensayo de cuatro páginas, que fue recibido con beneplácito por sus superiores en el departamento de propaganda.

“Es su primer escrito político contando cuáles eran sus planes para los judíos. Es difícil que exista un documento más relevante para comprender la segunda Guerra Mundial: expone cuáles fueron las razones para llevar adelante esa guerra desde la cabeza misma de quien la impulsó, Adolf Hitler”, señaló a BBC Mundo Marvin Hier, decano del Centro Simon Wiesenthal, que adquirió la carta por US$150.000 y la ha puesto a la vista en el museo angelino.

Allí, el líder nacionalsocialista establece que “el antisemitismo es fácilmente caracterizado como un fenómeno emocional. Pero esto es incorrecto. El antisemitismo como un movimiento político no puede y no debe ser definido por impulsos emocionales sino por el reconocimiento de hechos”.

Esos hechos, dice, son postulados irrefutables, como que “el judaísmo es absolutamente una raza y no una asociación religiosa” o que los judíos responden al estereotipo de “acumuladores de riqueza” como un paso hacia la conquista del mundo a través del dinero.

“Todo hombre va detrás de un objetivo mayor, sea la religión, el socialismo, la democracia. Para los judíos éstos son sólo un medio para un fin, la manera de satisfacer su deseo por el oro y la dominación”, expresó quien sería luego la cabeza del brutal Tercer Reich.

Y agregó después: “el antisemitismo que se alimenta de razones puramente emocionales siempre encontrará su expresión en la forma de pogroms (ataques violentos contra judíos). Pero el antisemitismo basado en la razón debe llevar al combate y a la suspensión sistemática de los privilegios de los judíos… Su objetivo final, sin embargo, debe ser la eliminación sin compromisos de los judíos como tal”.

Un ideario brutal

Según los historiadores, la carta deja entrever que, detrás del “antisemitismo de la razón”, se incita a poner en marcha un plan a gran escala que exige la participación de un gobierno.

“En su escrito, Hitler esboza un ideario que exige un gobierno implacable que tenga el coraje de eliminarlos por completo. Lo que queda claro es que, ya desde muy joven y todavía siendo un desconocido en la política alemana, tiene la idea de que esa lucha no puede hacerse con pandillas o con actos esporádicos, sino con una organización de gobierno detrás”, señala a BBC Mundo el rabino Marvin Hier.

Esas ideas fueron las que guiarían, 22 años después, su gestión al frente del Reich y la Segunda Guerra Mundial, en la que unas 50.000 personas perdieron la vida y un tercio de la población judía del mundo fue exterminada.

El valor de la carta, según coinciden distintos historiadores, está en que demuestra que la génesis del pensamiento antisemita, tal como lo aplicó el régimen nacionalsocialista entre 1933 y 1945, provino de la cabeza de Hitler.

“En (los juicios de) Núremberg, no hubo ninguna evidencia con la firma de Hitler, nada que permitiera una posible atribución directa a su persona de todo lo que ocurrió en el Holocausto. Así que los historiadores han debatido por largo tiempo quién dio las órdenes para eso”, indica el rabino.

Hasta la aparición de esta carta, el consenso era que se había tratado de órdenes orales a los altos funcionarios de su régimen o bien de documentos escritos que habían sido destruidos por los nazis tras la guerra.

Sin embargo, los expertos señalan que de la Carta Geimlich no puede inferirse la estrategia que tomaría el gobierno para llevar a la acción la erradicación de los judíos.

La palabra alemana utilizada por Hitler es Entfernung, que puede traducirse como distancia o retiro, lo que en contexto podría aludir a una segregación o a una expulsión del territorio alemán, más que a una matanza de la magnitud que adquirió después.

La máquina de escribir

La Carta Geimlich comenzó a circular en 1988, casi 70 años después de la fecha registrada por Hitler en el papel.

Por entonces, una empresa que comerciaba documentos históricos en California se acercó al Centro Simon Wiesenthal, pensando que podría interesarle tener la carta en sus archivos.

Pero los expertos de esta asociación por los derechos humanos de los judíos, basada en Los Ángeles desde 1977, la rechazaron de plano. Les resultaba extraño que el entonces joven Hitler hubiera tenido acceso a una máquina de escribir.

“Era un don nadie y para tener una máquina de escribir en esos días había que ser rico”, señaló a BBC Mundo el decano Marvin Hier, quien recordó además que la falsificación de documentos del nazismo era moneda corriente por esos años.

Cuando la fundación la descartó, la carta fue a parar a manos de un coleccionista privado, que desembolsó por ella US$270.000.

Tras la crisis financiera desatada en 2008, el particular se vio obligado a venderla para cubrir deudas y contactó al mismo dealer. Le ofrecieron poco más de la mitad de lo que había pagado dos décadas antes para ponerla de nuevo en el mercado.

Con el documento en mano, el comerciante volvió al Centro Wiesenthal. Entre tanto, con la ayuda de académicos de todo el mundo, Hier había recabado información que le permitía asumir que la carta era auténtica.

“Siempre supimos que la firma era la de Hitler, pero para 2008 ya sabíamos que tenía acceso a una máquina. Hicimos una investigación sobre las máquinas de escribir que existían, que eran pocas, y sobre quiénes eran sus dueños. Y descubrimos que eran de uso frecuente en el ejército alemán, especialmente en el departamento de propaganda donde Hitler trabajada”, detalló el rabino.

Hallazgo de un soldado

Pero, ¿cómo fue que apareció este documento, más de cuatro décadas después de la derrota del nazismo?

Según los registros, la Carta Geimlich fue hallada en 1945 por un efectivo del ejército estadounidense enviado a Europa. En los últimos días del régimen, en las afuera de Núremberg, el soldado Arthur Ziegler se encontró con un archivo de documentos y objetos militares: mientras sus compañeros se llevaban medallas y gorras, él eligió documentos almacenados en cajas.

“Él ya no vive como para confirmar si buscaba o no papeles que tuvieran la firma de Hitler, no podemos saber cómo eligió qué sacar. Pero sí sabemos que se llevó una pila de documentos, los transportó consigo a su casa en Estados Unidos y los olvidó en un closet por años”, relató Marvin Hier a BBC Mundo.

A mediados de los ’80 –según suponen los especialistas-, algún familiar debe haberle sugerido que llevara la carta a un coleccionista de documentos. La vendió a una empresa del estado de Nebraska, que luego la volvió a comercializar y llegó a manos de Profiles in History, una de las principales compañías del rubro en Estados Unidos.

Ellos fueron quienes la ofrecieron reiteradamente al Centro Wiesenthal, según afirmó el rabino Hier.

En 1990, el experto en caligrafía Charles Hamilton verificó la autenticidad de la firma y, desde entonces, expertos alemanes, británicos y estadounidenses han revisado los papeles manchados por el tiempo para concluir que es ciertamente un documento original de 1919, escrito y rubricado por Adolf Hitler.

Fuente: BBC