La macabra relación entre el Marxismo y el Psicoanálisis

Estas ideas son la base principal utilizada por los grupos feministas actuales que afirman que hay “roles socialmente construidos” que perjudican a las mujeres.

AdornoHorkheimerHabermasbyJeremyJShapiro

Para desarrollar la unión entre el psicoanálisis y el marxismo, Horkheimer trajo al instituto nuevos personajes que influirían profundamente en la sociedad de los años sesenta. (JjShapiro / WikiMedia)

El “Instituto de Investigación Social” abrió sus puertas por primera vez en 1924. Esta organización, comúnmente conocida como la Escuela de Frankfurt, era un lugar de encuentro para los marxistas que, en pos de lograr cambios sociales drásticos, revivió la teoría política al moverse desde el campo económico al campo social.

Después de que Max Horkheimer asumió la dirección del instituto en 1930, cambió las investigaciones que hasta entonces se habían concentrado en el análisis socioeconómico de la sociedad burguesa. Este intelectual marxista alemán, siguiendo la línea de Georg Lukács, convirtió la cultura en el foco de estudio, desplazando a la economía como la estructura fundamental del marxismo.

El nuevo líder de la Escuela de Frankfurt fue lo suficientemente inteligente como para entender que la “clase trabajadora” ya no aceptaba las ideas de Marx. Por el momento, los trabajadores comprendieron que lo mejor que podía pasarles era ser contratados por una gran empresa, por lo que no tenía sentido poner sus esperanzas en una revolución que venía de los trabajadores. No tenía sentido tratar de conseguir seguidores utilizando los mismos argumentos cansados, donde el capitalismo era el culpable de la pobreza; nadie lo creía más.

Entonces, el instituto buscó nuevos grupos sociales para reemplazar a la clase trabajadora. Horkheimer era un apasionado del psicoanálisis, y un fiel seguidor del trabajo del neurólogo austriaco Sigmund Freud, nació la clave de la unión macabra que se convertiría en una de las columnas de la nueva izquierda. La escuela de Frankfurt comenzó a reformular el discurso, ahora en el campo cultural, basado en la unión entre el marxismo y el psicoanálisis.

Marx entendió que los antagonismos tenían que crearse para alcanzar su objetivo. Es por eso que afirmó que bajo el capitalismo, la clase trabajadora era oprimida por los dueños de los medios de producción. La escuela de Frankfurt, ahora utilizando el psicoanálisis, creó una nueva confrontación y llegó a sugerir que bajo la cultura occidental, todos los pueblos viven en un estado constante de represión psicológica. Cabe señalar que, en última instancia, lo que están diciendo es que la cultura occidental debe ser derribada primero para luego provocar el cambio económico.

Para desarrollar una unión entre el psicoanálisis y el marxismo, Horkheimer trajo al instituto nuevos pensadores que influirían profundamente en la sociedad de los años sesenta. Theodor Adorno, Erich Fromm y Herbert Marcuse fueron quizás las adquisiciones más importantes que hizo la Escuela de Frankfurt, cada vez más cerca de su nuevo objetivo.

El sexo como una construcción social

Erich Fromm, psicoanalista y psicólogo social, y Herbert Marcuse, el filósofo y sociólogo alemán, fueron pioneros de izquierda. Crearon conflictos útiles en el campo de la sexualidad utilizando el psicoanálisis. Fromm afirmó que la moralidad prevaleciente era represiva y que se necesitaba una mayor libertad para los diferentes comportamientos sexuales. Marcuse en sus escritos requería crear una sociedad basada en la “perversidad polimorfa”, que consiste en la capacidad del ser humano de obtener satisfacción sexual fuera de los parámetros sociales.

Ambos aceptan como su lucha principal la idea de que la masculinidad y la feminidad no son un reflejo de las diferencias sexuales, sino una consecuencia de la influencia de factores típicos de la vida cotidiana. Por lo tanto, el sexo es una construcción social.

Estas ideas constituyen la base utilizada por los grupos feministas actuales que afirman que existen “roles socialmente construidos” que perjudican a las mujeres. Para estos grupos, las elecciones que las mujeres hacen a lo largo de sus vidas y las desventajas naturales que pueden tener con los hombres, no tienen nada que ver con su sexo sino con una sociedad patriarcal que los pone en desventaja.

Por lo tanto, la nueva izquierda encontró un nuevo sujeto revolucionario: las mujeres. Para su “liberación” es necesario poner fin a la cultura occidental, argumentaron. Pero, basándose en las mismas ideas, también lograron conquistar los grupos LGTBI +; aquellos jóvenes que se sentían separados y marginados por sus comportamientos sexuales verían en estos marxistas a un grupo que les decía que no eran extraños y que el rechazo que experimentaban podía culparse a la cultura occidental, en cuyo centro está el sistema capitalista.

El sexo es una construcción social y la cultura occidental es lo que te dice cuál debería ser tu género, mujer u hombre, dijeron. Por lo tanto, para aquellos que no se sienten cómodos con el rol “asignado” por la sociedad, la solución es desmantelar y eliminar esos valores conservadores de nuestras vidas, de una vez por todas.

El libro de Marcuse, “Eros and Civilization”, se convirtió en la Biblia de los estudiantes en los años 60. En este texto, el autor afirma que la represión es la esencia del capitalismo, lo que obliga a las personas a reprimir sus instintos sexuales, generando en ellos lo que Freud llama “obsesiones”. Esta nueva izquierda propone nada menos que la eliminación de cualquier restricción al comportamiento sexual. Va tan lejos como para normalizar el libertinaje y cualquier cosa que pueda catalogarse como aberrante. Ahora deben ser aceptados, argumentan, pero por supuesto, la libertad total no se lograría hasta que se desmantele la cultura occidental.

Lo que Marcuse hizo, y en general lo que logró la escuela de Frankfurt, fue decirle a los jóvenes todo lo que querían escuchar; ‘haz lo que quieras, no hay límites’. Ese libertinaje es bueno, y si se les culpa es culpa de la cultura occidental, del sistema capitalista.

Así es como el marxismo logra entrar, camuflado, en la cultura hippie de la época y luego ser aceptado por los jóvenes de las clases medias y altas. Para millones de nuevos militantes que no tenían que leer los libros de Marx ni discutir sobre economía, la lucha ya no estaba en el campo económico sino en el campo cultural. Lo que tenía que destruirse es la cultura occidental con sus valores conservadores y luego el sistema capitalista caerá.

La izquierda fue reinventada. Entendió que tenía que encontrar nuevos sujetos revolucionarios con la unión entre el psicoanálisis. Esto convirtió al marxismo en un gran éxito que logró atraer a millones de personas, muchas de las cuales aún no se han dado cuenta de que están siendo utilizadas por el marxismo. La mayoría de estos nuevos “militantes” no entienden el papel fundamental del capitalismo en el logro de las libertades individuales que disfrutamos hoy.

Traducido de: https://panampost.com/vanesa-vallejo/2018/04/02/the-macabre-relationship-between-marxism-and-psychoanalysis/?cn-reloaded=1

Rumanía cierra la puerta al matrimonio homosexual

El Parlamento aprueba por amplia mayoría una modificación de la Constitución para fijar que el matrimonio solo puede darse entre un hombre y una mujer.

rumania

Con 232 votos a favor, 22 en contra y 13 abstenciones fue aprobada en el parlamento de Rumanía una propuesta de modificación de la Constitución para garantizar que el matrimonio solo puede darse entre un hombre y una mujer. De esa manera el parlamento rumano acepta la iniciativa de la Coalitia pentru Familie que recogió tres millones de firmas de ciudadanos que quieren evitar que su país apruebe alguna vez el matrimonio homosexual. La enmienda propuesta al párrafo 1 del artículo 48 de la Constitución rumana dice: “La familia se basa en el matrimonio libremente consentido entre un hombre y una mujer, en plena igualdad y en el derecho y el deber de los padres de asegurar el crecimiento, la educación y la instrucción de niños”.

Leer más: http://protestantedigital.com/internacional/42163/Rumania_cierra_la_puerta_al_matrimonio_homosexual

Iowa promulga una ley que prohíbe el aborto tras detectarse un latido cardíaco del feto

La gobernadora del Estado de Iowa, EEUU, Kim Reynolds, promulgó el viernes una ley que prohíbe el aborto después de que se detecte un latido cardíaco fetal, que a menudo ocurre a las seis semanas y antes de que una mujer se dé cuenta de que está embarazada. La medida, que la legislatura estatal controlada por los republicanos de Iowa aprobó el miércoles, es la prohibición más restrictiva del aborto en los Estados Unidos. Los cantos de los manifestantes se escucharon en la sala donde Reynolds firmó la ley, en una ceremonia que se transmitió en vivo. Los senadores estatales que respaldaron la medida dijeron esta semana que tenían el objetivo de desafiar la histórica decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos, Roe v. Wade, que establecía que las mujeres tienen un derecho constitucional a un aborto. Los opositores al aborto creen que la mayoría conservadora de 5-4 podría restringir drásticamente el acceso al aborto o prohibirlo directamente en todos los Estados Unidos.-Redacción-

http://www.abc.es/internacional/abci-iowa-promulga-ley-prohibe-aborto-tras-detectarse-latido-cardiaco-feto-201805051230_video.html

Relacionadohttps://laverdadysololaverdad.wordpress.com/2017/06/18/16-dias-el-tiempo-que-tarda-el-corazon-de-un-embrion-en-latir/

Camille Paglia, la autora que ridiculiza los estudios de género y a las “feministas burguesas”

Lesbiana e incendiaria, la intelectual de 71 años despotrica contra los movimientos actuales, asegurando que existe una actitud elitista. “Quienes creen saber lo que es mejor para las mujeres, solo están haciendo carrera”, sostiene.

Heredera de las ideas de Simone de Beauvoir, la intelectual estadounidense Camille Paglia (71) ya era parte del mundo académico cuando en los años ’70 comenzaron a emerger nuevas pensadoras y figuras del feminismo, como Kate Millett, Germaine Greer e incluso Hillary Clinton. Lejos de identificarse con sus contemporáneas, las tildaba de arrogantes. Lesbiana, destacada graduada de las Universidades de Binghamton y Yale; profesora de artes y de lenguas romances, y sobre todo, crítica incendiaria de la cultura actual. Paglia es, hasta el día de hoy, una pieza enigmática dentro de las corrientes por la igualdad de género.

La llaman la “feminista a la que todas las feministas odian”, la “Anti-feminista” o la “Post-Feminista”. “Soy feminista igualitaria”, afirma ella en una entrevista reciente con El Mundo, publicación que amplifica, una vez más, su voz disidente. Paglia acaba de lanzar “Feminismo pasado y presente”, una recopilación de ensayos sobre género y sexualidad, donde se muestra especialmente crítica con los movimientos actuales.

“En los años ’60 el feminismo de izquierda trataba de atraer mujeres trabajadoras, y adoptaba las maneras y el lenguaje de la clase trabajadora. En los ’70 se empezó a imponer una corriente que se centraba en las burguesas de profesiones liberales, principalmente profesoras y periodistas. Este tipo de feminista cree saber lo que es mejor para las mujeres, pero lo cierto es que solo están centradas en hacer carrera y no se dan cuenta de lo distintas que son sus vidas a las de las mujeres de las clases trabajadoras que pretenden representar. Hay una actitud muy elitista en el feminismo”, señala. Algunos datos: Es una amante del cine y fanática total de Alfred Hitchcock. Incluso, la intelectual dedica un tomo completo de su obra para analizar la cinta “Los pájaros” a través del psicoanálisis. También ha sido censurada y excluida más de alguna vez por sus pensamientos. En una oportunidad, estudiantes de Brown University recolectaron firmas para vetarla de un conversatorio en la casa de estudios.

En este plano, ridiculiza a las “feministas burguesas”, señalando que son pasivas, y sugiere en cambio, un “feminismo de la calle”. “Yo creo en las mujeres fuertes, que son capaces de crecer y protegerse solas. No en las que corren a refugiarse en las leyes o en un comité“, declara. Paglia cree que los movimientos actuales se han centrado en crear una ideología y una retórica antimasculina. Precisamente esta es la idea que desarrolló en extenso en el libro “Sexual Personae” (2006), que fue rechazado por al menos cinco editoriales antes de lograr ser publicado. La frase en cuestión, que incendia los ánimos es: “Sin el hombre, la mujer nunca hubiera salido de la cueva“. “La gente no lo entendió bien”, explica a una década de su publicación. “Lo que yo quería decir es que las grandes estructuras fueron producto de los hombres. Y luego hubo mujeres que crearon a partir de esas estructuras. Y las mejoraron”, dice. “Es muy desagradable no reconocer los logros de los hombres, porque nos han permitido a las mujeres escapar de la opresión de la propia naturaleza y tener nuestras carreras, identidades, logros… Así que ha llegado el momento de dejar de victimizarse y de minusvalorar a los hombres”, señala. Otras ideas controversiales que defiende la autora son, por ejemplo, que no existen las brechas salariales y el rechazo absoluto de los “estudios de género”.

Fuente: Emol.com – http://www.emol.com/noticias/Espectaculos/2018/04/12/902232/Camille-Piglia-la-autora-francesa-que-pone-en-jaque-al-feminismo.html

El aborto, ¿es aborto?

Alberto Benegas Lynch (h) estima que decidir si la vida se inicia o no al momento de concepción ya es una cuestión acerca de la cual existe evidencia empírica.

Es verdaderamente inaudito que a esta altura del siglo xxi se ponga en duda el hecho de la vida humana en el seno materno y, por ende, se niegue la equiparación de ese ser con el resto de las personas y, consecuentemente, se le niegue el derecho a la vida, el primero y más fundamental de los derechos individuales inscripto en todas las normas de convivencia civilizada.

Debo reiterar parte de lo que he apuntado antes sobre la materia. Antiguamente no se establecía conexión causal entre el acto sexual y la procreación. Actualmente, la microbiología muestra que desde el instante en el que el óvulo es fecundado hay una célula única, distinta del padre y la madre, un embrión humano que contiene la totalidad de la información genética (ADN o ácido desoxirribonucleico). Una persona que tiene la carga genética completa, una persona en acto que está en potencia de desarrollar sus características futuras, del mismo modo que el adolescente es una persona en acto y en potencia de ser eventualmente anciano.

En el momento de la fusión de los gametos masculino y femenino —que aportan respectivamente 23 cromosomas cada uno— se forma una nueva célula compuesta por 46 cromosomas que, como queda dicho, contiene la totalidad de las características del ser humano.

Solo en base a un inadmisible acto de fe en la magia más rudimentaria puede sostenerse que diez minutos después del nacimiento estamos frente a un ser humano pero no diez minutos antes. Como si antes del alumbramiento se tratara de un vegetal o un mineral que cambia súbitamente de naturaleza. Quienes mantienen que en el seno materno no se trataría de un humano del mismo modo que una semilla no es un árbol, confunden aspectos cruciales. La semilla pertenece en acto a la especie vegetal y está en potencia de ser árbol, del mismo modo que el feto pertenece en acto a la especie humana en potencia de ser adulto. Todos estamos en potencia de otras características psíquicas y físicas, de lo cual no se desprende que por el hecho de que transcurra el tiempo mutemos de naturaleza, de género o de especie.

De Mendel a la fecha, la genética ha avanzado mucho. Luis F. Leujone, el célebre profesor de genética en La Sorbonne escribe que “Aceptar el hecho de que con la fecundación comienza la vida de un nuevo ser humano no es ya materia opinable. La condición humana de un nuevo ser desde su concepción hasta el final de sus días no es una afirmación metafísica, es una sencilla evidencia experimental”.

La evolución del conocimiento está inserta en la evolución cultural y, por ende, de fronteras móviles en el que no hay límite para la expansión de la conciencia moral. Como ha señalado Durant, constituyó un adelanto que los conquistadores hicieran esclavos a los conquistados en lugar de achurarlos. Más adelante quedó patente que las mujeres y los negros eran seres humanos que se les debía el mismo respeto que a otros de su especie.  Hoy en día los llamados abortistas, en una macabra demostración de regresión a las cavernas, volviéndole la espalda a los conocimientos disponibles más elementales y encubriendo las contradicciones más groseras, mantienen que el feto no es humano y, por tanto, se lo puede descuartizar y exterminar en el seno materno.

Bien ha dicho Julián Marías que este brutal atropello es más grave que el que cometían los sicarios del régimen nazi, quienes con su mente asesina sostenían que los judíos eran enemigos de la humanidad. En el caso de los abortistas, no sostienen que aquellos seres inocentes e indefensos son enemigos de alguien. Marías denomina al aborto “el síndrome Polonio” para subrayar el acto cobarde de liquidar a quien —igual que en Hamlet— se encuentra en manifiesta inferioridad de condiciones para defenderse de su agresor.

La secuencia embrión-mórula-balstoncito-feto-bebe-niño-adolecente-adulto-anciano no cambia la naturaleza del ser humano. La implantación en la pared uterina (anidación) no implica un cambio en la especie, lo cual, como señala Ángel S. Ruiz en su obra sobre genética “no añade nada a la programación de esa persona” y dice que sostener que recién ahí comienza la vida humana constituye “una arbitrariedad incompatible con los conocimientos de neurobiología”. La fecundación extracorpórea y el embarazo extrauterino subrayan este aserto.

Se ha dicho que la madre es dueña de su cuerpo, lo cual es del todo cierto pero no es dueña del cuerpo de otro. Se ha dicho que el feto es “inviable” y dependiente de la madre, lo cual es también cierto, del mismo modo que lo son los inválidos, los ancianos y los bebes recién nacidos, de lo cual no se sigue que se los pueda exterminar impunemente. Lo mismo puede decirse de supuestas malformaciones: justificar la matanzas de fetos justificaría la liquidación de sordos, mudos e inválidos. Se ha dicho que la violación justifica el mal llamado aborto, pero un acto monstruoso como la violación no justifica otro acto monstruoso como el asesinato. Se ha dicho, por último, que la legalización del aborto evitaría las internaciones clandestinas y antihigiénicas que muchas veces terminan con la vida de la madre, como si los homicidios legales y profilácticos modificaran la naturaleza del acto.

Entonces, en rigor no se trata de aborto sino de homicidio en el seno materno, puesto que abortar significa interrumpir algo que iba a ser pero que no fue, del mismo modo que cuando se aborta una revolución quiere decir que no tuvo lugar. De más está decir que no estamos aludiendo a las interrupciones naturales o accidentales sino a un exterminio voluntario, deliberado y provocado.

Tampoco se trata en absoluto de homicidio si el obstetra llega a la conclusión —nada frecuente en la medicina moderna— que el caso requiere una intervención quirúrgica de tal magnitud que debe elegirse entre la vida de la madre o la del hijo. En caso de salvar uno de los dos, muere el otro como consecuencia no querida, del mismo modo que si hay dos personas ahogándose y solo hay tiempo de salvar una, en modo alguno puede concluirse que se mató a la otra.

Se suelen alegar razones pecuniarias para abortar, el hijo siempre puede darse en adopción pero no matarlo por razones crematísticas, porque como se ha hecho notar con sarcasmo macabro, en su caso “para eso es mejor matar al hijo mayor ya que engulle más alimentos”.

Es increíble que aquellos que vociferan a favor de los “derechos humanos” (una grosera redundancia ya que los vegetales, minerales y animales no son sujetos de derecho) se rasgan las vestiduras por la extinción de ciertas especies no humanas pero son partidarias del homicidio de humanos en el seno materno. La carnicería que se sucede bajo el rótulo de “aborto” constituye una enormidad, la burla más soez a la razón y al significado más elemental de la civilización.

La lucha contra este parricidio en gran escala reviste mucha mayor importancia que la lucha contra la esclavitud, porque por lo menos en este caso espantoso hay siempre la esperanza de un Espartaco exitoso, mientras que en el homicidio no hay posibilidad de revertir la situación.

Estremecen las historias en donde por muy diversos motivos y circunstancias hubo la intención directa o indirecta de abortar a quienes luego fueron, por ejemplo, Juan Pablo II, Andrea Bocelli, Steve Jobs, Cristiano Ronaldo, Celine Dion, Jack Nicholson y Beethoven. Por supuesto que no es necesario de que se trate de famosos para horrorizarse frente al crimen comentado. Todos los seres humanos son únicos e irrepetibles en toda la historia de la humanidad. Cada uno posee un valor extraordinario y no puede ser tratado como medio para los fines de otros puesto que es un fin en si mismo.

Lo dicho es la razón por la que en las normas de países civilizados se destaca el derecho a la vida de las personas en el seno materno y desde la concepción. El eminente constitucionalistaGregorio Badeni ha enfatizado este punto en el ilustrativo caso argentino. Así explica Badeni los siguientes seis puntos. Primero, el autor del Código Civil de 1871, Dalmasio Vélez Sarfield, apunta en su nota al artículo 63 que “las personas por nacer no son personas futuras pues ya existen en el seno materno”. Segundo, el artículo 70 de ese código “establece que la vida de las personas comienza desde su concepción”. Tercero, el artículo 75, inciso 23, de la Constitución argentina “impone la protección de la niñez desde el embarazo”. Cuarto, el artículo 4 inciso primero de la Convención Americana “citada en el artículo 75 inciso 22 de nuestra Ley Fundamental, y que tiene jerarquía superior a las de las leyes del Congreso, prescribe que el derecho a la vida está protegido desde la concepción”. Quinto, la ley 23.849 “establece, con relación a la Convención sobre los Derechos del Niño, que en la Argentina reviste ese carácter toda persona desde su concepción y hasta los 18 años de edad”. Y sexto, el Código Penal establece “entre los delitos contra la vida (artículos 85 a 88), sanciona a quien cause un aborto con dolo o culpa, a los médicos, parteras y farmacéuticos que provoquen o cooperen en causar un aborto y a la propia madre que produzca o consienta su propio aborto. La pena prevista, considerando las circunstancias agravantes de cada caso, es la prisión de 6 meses a 15 años”. Concluye Badeni en su escrito de 2001 que “para la legislación argentina, la vida de las personas comienza antes de su nacimiento y el aborto es un homicidio”.

En estos contextos debe tenerse muy presente la indispensable responsabilidad que es perentorio que asuma cada cual al mantener relaciones sexuales y no solo vinculado al importante tema matrimonial. Hay infinidad de métodos que evitan el embarazo, no es cuestión de tomar el asunto frívolamente y luego arremeter contra una vida. Va de suyo que este comentario sobre la responsabilidad individual no se aplica al caso espantoso y repugnante de la violación sobre lo que ya nos pronunciamos más arriba o, en línea equivalente, la aberración indescriptible del incesto forzoso, pero en las relaciones voluntarias se comprueba una enorme dosis de irresponsabilidad y cinismo superlativo.

Para cerrar esta nota periodística, es pertinente subrayar que, tal como escribe Niceto Blázquez—doctor en filosofía y en psicología médica— “la escalada mundial del aborto legalizado es un fenómeno extraño de última hora, más o menos desde la segunda guerra mundial en adelante para los países social-comunistas y sus satélites” y se detiene a considerar muchos casos históricos de sociedades consideradas “primitivas” que castigaban lo que se denomina aborto en la parla convencional, comenzando desde el Código de Hammurabi más de mil setecientos años antes de Cristo. Marcamos al abrir esta nota que en la antigüedad no había necesariamente noción del nexo causal entre el vínculo sexual y la aparición de la prole, pero si había clara idea de la vida en el seno materno, de allí la tendencia a los castigos  y reprimendas a los que atentaban contra esas vidas. Ahora la “modernidad” en gran medida se inclina por arrojar al basurero a seres humanos indefensos. Es de desear que esto cambie radicalmente puesto que remite a las bases más elementales de la sociedad civilizada.

Vía: https://www.elcato.org/el-aborto-es-aborto

¿Qué es la posmodernidad?

Alberto Benegas Lynch (h) describe el posmodernismo y cómo este se diferencia del racionalismo crítico y constructivista.

Nuevamente reiteramos de modo parcial lo que hemos consignado sobre la denominada posmodernidad que, al igual que la posverdad se traducen en construcciones contrarias a la realidad de las cosas. La modernidad es heredera de una larga tradición cuyo comienzo puede situarse en la Grecia clásica, en donde comienza el azaroso proceso del logos, esto es, el inquirir el porqué de las cosas y proponerse la modificación de lo modificable en lugar de resignarse a aceptarlas sin cuestionamiento. Louis Rougier afirma que en esto precisamente consiste el mito de Prometeo, que expresa el intento de una ruptura con la superstición y que la “contribución de Grecia a la civilización occidental consistió en darle sentido a la palabra ‘razón’. En contraste al Oriente, que se sometía en silencio a los mandatos de los dioses y los dictados de los reyes, los griegos trataron de entender el mundo en el que vivían” Pero el modernismo propiamente dicho es renacentista aunque pueden rastrearse rasgos más o menos marcados en algunos escolásticos y especialmente en la escolástica tardía de la Escuela de Salamanca. En todo caso, el llamado modernismo hace eclosión en la Revolución Francesa antes de sumergirse en la contrarrevolución de los jacobinos, el terror y el racionalismo iluminista.

El posmodernismo, por su parte, irrumpe aparentemente a partir de la sublevación estudiantil de mayo de 1968 en París y encuentra sus raíces en autores como Nietzsche y Heidegger. Los posmodernistas acusan a sus oponentes de “logocentristas”, rechazan la razón, son relativistas epistemológicos (lo cual incluye las variantes de relativismo cultural y ético) y adoptan una hermenéutica de características singulares, también relativista, que, por tanto, no hace lugar para interpretaciones más o menos ajustadas al texto. George B. Madison explica que “una de las cosas que el posmodernismo subraya es que, de hecho, no hay tal cosa como el sentido propio de nada”. El posmodernismo mantiene que todo significado es dialéctico. Esto, como queda dicho, en última instancia se aplica también al “significado” del propio posmodernismo. Por eso es que Denis Donoghue señala que a prácticamente todo estudiante de nuestra cultura se le requiere que, entre otras cosas, exponga su posición frente al posmodernismo, aunque en realidad signifique cualquier cosa que queramos que signifique.

Isaiah Berlin se refiere a algunos aspectos que resultan consubstanciales con los del posmodernismo, aunque esta terminología no existía en esa época. Berlin se refiere a un punto de inflexión en la historia que se produce “hacia finales del siglo XVIII, principalmente en Alemania; y aunque es generalmente conocido bajo el nombre de ‘romanticismo’, su significado e importancia no han sido completamente apreciados incluso hoy día”. Afirma que se trata de “una inversión de la idea de verdad como correspondencia”. Dice Berlin que para el romanticismo sólo el grupo existe y no el individuo, lo cual “lleva en su forma socializada la idea de autarquía —la sociedad cerrada, planificada centralmente de Fichte y de Friedrich List y de muchos socialistas— que los aísla de la interferencia exterior para poder ser independientes y expresar su propia personalidad interna sin interferencia de otros hombres”. Insiste Berlin que este modo de ver las cosas significa una “inversión de valores […] Es en este tiempo cuando la propia palabra ‘realismo’ se vuelve peyorativo”. Asimismo, Berlin sostiene que “una actitud de este tipo es la que ha revivido en épocas modernas en forma de existencialismo […] Pues las cosas no tienen, en este sentido, naturaleza alguna; sus propiedades no tienen relación lógica o espiritual con los objetos o la acción humana”. Y concluye que “Ningún movimiento en la opinión humana ha tenido una envergadura y efecto similares. Todavía aguarda a sus historiadores […] Esto, por sí solo, me parece razón suficiente para prestar atención a ese extraordinario, y a veces siniestro, fenómeno”, todo lo cual es aplicable a lo que hoy se denomina posmodernismo.

Cuando se alude a la razón debe, en primer lugar, precisarse qué se quiere decir con la expresión racionalismo. Hay dos vertientes muy distintas y opuestas en esta materia. Por un lado, el racionalismo crítico, para recurrir a una expresión acuñada por Karl Popper, y, por otro, el racionalismo constructivista, término que adopta F.A. Hayek. En el primer caso, se hace referencia al rol razonable de la razón como herramienta para hilar proposiciones en la argumentación según las reglas de la lógica en el afán de buscar el mayor rigor posible para incorporar dosis crecientes de verdades ontológicas. En el mar de ignorancia en que nos debatimos, de lo que se trata es de que a través de debates abiertos entre teorías rivales resulte posible incorporar fragmentos de tierra fértil en que sostenernos, en base a corroboraciones provisorias pero siempre sujetas a posibles refutaciones. La conciencia de las limitaciones de la razón y el escribir esta expresión con minúscula, desde luego que no significa tirar por la borda el instrumento fundamental de que disponemos para entendernos a nosotros mismos e intentar el entendimiento del mundo que nos rodea. De la falibilidad no se sigue el escepticismo, que, por otra parte, en contradicción con sus propios postulados, pretende afirmar como verdad que le está vedado a la mente la posibilidad de captar verdades.

La ingeniería social y la planificación de vidas y recursos ajenos proviene de la arrogancia del racionalismo constructivista o del Iluminismo que no considera que la razón tenga límites y que todo lo puede abarcar. Hayek atribuye la inspiración al espíritu totalitario y el inicio de esta vertiente a autores como Francis Bacon y Thomas Hobbes, incluso en Descartes con su referencia al “legislador sabio”, para no decir nada de Platón con su “filósofo rey”. A su vez, Ortega y Gasset, también en su crítica al racionalismo de este tipo (que distingue de lo que denomina la “razón vital”). Sin duda que resulta natural que a Hayek le parezca inaceptable el racionalismo constructivista, especialmente si se declara heredero de Bernard MandevilleDavid HumeCarl Menger y de Adam Ferguson de quien ha tomado la diferencia central entre acción humana y designio humano.

Es conveniente, sin embargo, aclarar que las limitaciones de la razón no significan que en el ser humano —el animal racional— puedan tener lugar acciones irracionales. Ludwig von Mises explica este punto cuando sostiene que frecuentemente se utiliza el término “irracionalidad” para aplicarlo a acciones equivocadas en lo que se refiere a la utilización de ciertos medios y métodos con la intención de lograr específicos fines. Afirma que “las prácticas de la magia hoy se califican de irracionales. No eran adecuadas para lograr las metas apetecidas. Sin embargo, las personas que recurrían a ellas creían que eran las técnicas correctas, del mismo modo que, hasta mediados del siglo pasado [XIX], los médicos creían que la afluencia de sangre curaba varias enfermedades. […]. Resulta confusa la calificación de las acciones de otros como irracionales para aludir a personas cuyos conocimientos están menos perfeccionados respecto de quien hace la descripción”. Esta confusa terminología nos convertiría a todos en irracionales, dado que el conocimiento siempre será incompleto e imperfecto. Distinta es la afirmación que indica que se está usando mal la razón en el sentido de que no se siguen las reglas de la lógica, para lo cual es mejor recurrir a la expresión ilógico o, en su caso, que no se la está utilizando con propiedad para apuntar a la verdad ontológica al efecto de señalar la falsedad de una proposición, o cuando las conductas se estiman reprobables, pero, cualquiera sea la situación, el término irracional no ayuda a clarificar el problema.

Aunque no resulte novedoso, conviene recordar lo que se conoce desde el siglo VII aC como “la trampa de Epiménides”, a saber que dado que el relativista sostiene que todo es relativo, esa aseveración también se transforma en relativa y, por ende, se convierte en una postura autodestructiva. Si el relativista afirmara que todo es relativo menos esta aseveración, habría que señalar que para fundamentar la razón de esta excepción, debe contarse con un criterio de verdad, lo cual, a su turno, pone de relieve la necesidad de sustentarse en juicios que mantengan correspondencia con el objeto juzgado. Por otra parte, deberían explicar también por qué no recurren a criterios de verdad para todo lo demás que quedaría excluido del conocimiento. A su vez, cualquier afirmación que se haga en dirección a explicar por qué el criterio de verdad puede ser solamente utilizado para revelar las razones por las que “todo es relativo” y excluir este criterio  todo lo demás, se daría como otro criterio de verdad.

Para incorporar conocimientos se debe recurrir al rigor lógico (a la lógica formal) para que tenga validez el razonamiento, esto es, la verificación de los silogismos, lo cual implica que la concatenación de las proposiciones sean consistentes y, al mismo tiempo, recurrir a los procedimientos de la lógica material para que las proposiciones resulten verdaderas (los argumentos son válidos o inválidos, sólo las proposiciones resultan verdaderas o falsas). El relativista posmoderno puede sustituir la expresión “verdad”  por “conveniencia o inconveniencia circunstancial” pero sólo recurriendo a las ideas de verdad o falsedad es que se puede explicar el porqué de la referida “conveniencia”. Malcom W. Browne da cuenta de una reunión en la New York Academy of Sciences que congregó a más de doscientos científicos de las ciencias sociales y de las ciencias naturales de diferentes partes del mundo que, alarmados, contraargumentaron la “crítica ‘posmoderna’ a la ciencia que sostiene que la verdad depende del punto de vista de cada uno”. Para recurrir a un ejemplo un tanto pedestre, a un tigre hambriento se lo podrá interpretar como una rosa, pero quien ensaye el acercarse a oler la rosa (en verdad al tigre) difícilmente podrá escapar de las fauces del felino. Semejante experimento pondrá en evidencia que, sencillamente, un tigre es un tigre y una rosa es una rosa. Claro que, como dice Mariano Artigas, “la verdad de un enunciado no implica una semejanza material entre el enunciado y la realidad, puesto que los enunciados se componen de signos, y la realidad está compuesta por entidades, propiedades y procesos. La verdad existe cuando lo que afirmamos corresponde a la realidad, pero esa correspondencia debe valorarse teniendo en cuenta el significado de los signos lingüísticos que utilizamos”.

El lenguaje, un instrumento esencial para pensar y trasmitir pensamientos, es el resultado de un orden espontáneo, no es el resultado de ningún diseño, se trata de un proceso evolutivo. Los diccionarios son libros de historia, son un ex post facto. Cuando se ha diseñado una lengua como el esperanto, no ha servido a sus propósitos. La lengua integra un proceso ininterrumpido de convenciones, pero de allí no se sigue que se pueda interpretar de cualquier modo una palabra, lo cual imposibilitaría la comunicación y significaría la destrucción del lenguaje. No se trata entonces de interpretaciones frívolas según la moda del momento. De la antes mencionada convención no se sigue que pueda impunemente desarticularse o disociarse la definición de una palabra con su correspondencia con la realidad sin caer en el sin-sentido. He aquí el meollo del posmodernismo.

Vía https://www.elcato.org/que-es-la-posmodernidad