La ciencia detrás de los pensamientos curativos

La periodista Jo Marchant explora sorprendentes nuevas investigaciones sobre cómo curar el cuerpo usando la mente.

La periodista científica Jo Marchant acerca su ojo crítico a este fascinante nuevo terreno, compartiendo los descubrimientos de gente que han sido ayudadas por curas enfocadas tanto al cuerpo como a la mente.

La periodista científica Jo Marchant acerca su ojo crítico a este fascinante nuevo terreno, compartiendo los descubrimientos de gente que han sido ayudadas por curas enfocadas tanto al cuerpo como a la mente.

Durante siglos, la idea de “pensamientos curativos” ha tenido gran influencia sobre sus creyentes. En las últimas décadas, ha fascinado a los seguidores de todo tipo de movimientos de autoayuda, incluyendo a aquellos cuyo mayor objetivo parece ser el de separar a los enfermos de su dinero. Ahora, sin embargo, un número creciente de investigaciones científicas sugieren que nuestra mente puede jugar un papel importante en la curación del cuerpo, o incluso en mantenerse sano. En el libro Cure, la veterana periodista científica Jo Marchant acerca su ojo crítico a este fascinante nuevo terreno, compartiendo los últimos descubrimientos y explicando las historias de gente, veteranos de la guerra de Iraq incluidos, quienes han sido asistidos por curas enfocadas tanto en el cuerpo como en la mente. Marchant contestó a las preguntas del editor de Mind Matters, Gareth Cook.

Usted se está adentrando en un tema que, históricamente, ha estado marcado por la charlatanería. ¿Qué la convenció de que había una irresistible historia científica que contar?

Los malentendidos y falsas afirmaciones fueron algunos de los elementos que me atrajeron en primer lugar al tema de la medicina mente-cuerpo. La mente influencia a la fisiología de tantas maneras —desde el estrés a la excitación sexual—, así que siempre me ha parecido razonable que pueda impactar en la salud. Aun así, la cuestión se ha polarizado: defensores de la medicina alternativa aseguran que existen curas milagrosas, mientras que científicos convencionales y médicos insisten en que cualquier sugerencia de “pensamientos curativos” es errónea.

Me interesé por esas filosofías enfrentadas: quería ver porqué es tan difícil tener una debate razonable sobre el tema. ¿Qué lleva a tanta gente a creer en las afirmaciones pseudocientíficas de terapias alternativas y por qué son los escépticos tan reticentes a cualquier sugerencia de que la mente puede influenciar la salud?

Al mismo tiempo, quería examinar la investigación científica para hallar qué dice realmente la evidencia sobre el efecto de la mente sobre el cuerpo. Eso me llevó a recorrer el mundo, entrevistando a científicos que están investigando el tema (muchas veces luchando por obtener financiamiento o arriesgando su reputación por ello) y sus resultados me persuadieron de que, además de ser una historia interesante a nivel sociológico o filosófico, era una historia científica convincente.

Los ejemplos incluyen ensayos que demuestran que la hipnoterapia es un tratamiento muy efectivo para pacientes con síndrome de intestino irritable (SII) y estudios que muestran que el estrés percibido está relacionado con la longitud de los telómeros en las células. Pero lo que personalmente encontré más convincente fueron los estudios que sugerían que había una razón evolutiva para la influencia de la mente sobre la salud.

En estos momentos hay muchas líneas de investigación que sugieren que nuestra percepción mental del mundo informa y guía de manera constante a nuestro sistema inmunitario de un modo que nos hace más capaces de responder a futuras amenazas. Esa fue una especie de revelación para mí. De repente, la idea de mente y cuerpo entrelazados comenzó a cobrar más sentido científicamente hablando, que la noción de una consciencia efímera separada de algún modo de nuestro ser físico.

¿Qué se sabe sobre lo que realmente es el efecto placebo y cuáles cree usted que son las interrogantes más importantes?

“Efecto placebo” puede ser un término confuso, porque tiene muchos significados distintos. A veces se emplea para amparar a cualquiera que se sienta mejor tras recibir un tratamiento placebo (o falso), lo que por supuesto incluye a todas aquellas personas que hubiesen mejorado de todos modos. Pero los investigadores están descubriendo que tomar un placebo también puede tener efectos específicos y medibles en el cerebro y el cuerpo.

Tal y como lo expresa Fabrizio Benedetti, uno de los pioneros en la investigación del placebo, no hay un solo efecto placebo sino varios. Los analgésicos placebo pueden provocar la liberación de analgésicos naturales llamados endorfinas. Los pacientes con mal de Parkinson responden al placebo con una oleada de dopamina. Oxígeno falso, administrado a alguien en alturas elevadas, ha disminuido los niveles de neurotransmisores llamados prostaglandinas (que, entre otras cosas, dilatan los vasos sanguíneos y son responsables de muchos de los síntomas del mal de altura).

Ninguno de estos efectos biológicos es causado por los propios placebos, que por definición son inertes. [Los efectos] son desencadenados por nuestra respuesta fisiológica a esos falsos tratamientos. Las sustancias activas son complejas y no se comprenden del todo, pero incluyen nuestras expectativas de encontrarnos mejor (lo que a su vez se ve afectado por un montón de factores como nuestras experiencias previas al tratamiento, qué tan impresionante o invasivo es el tratamiento, y si somos personas optimistas) y sentir que nos escuchan y nos atienden.

Otro elemento es el condicionamiento, en el que si aprendemos a asociar un tratamiento en particular, por ejemplo tomar una pastilla, con una cierta respuesta biológica, experimentaremos la misma respuesta cuando tomemos la misma pastilla en el futuro, incluso si se trata de un placebo. Esto influencia funciones fisiológicas como niveles hormonales y respuestas inmunes, y funciona independientemente de nuestras creencias.

Interrogantes futuras incluyen descubrir los factores psicológicos que moldean la respuesta al placebo e investigar porque placebos honestos (cuando alguien sabe que está tomando un placebo) parecen funcionar. Esta investigación apenas está comenzando. Los científicos también quieren determinar exactamente en qué condiciones funcionan los placebos (la mayor parte de la investigación hasta la fecha se ha desarrollado en un puñado de sistemas modelo, como el dolor, la depresión y la enfermedad de Parkinson), y para quién trabajan (tanto los genes como la personalidad parecen jugar un rol específico). Y por supuesto está la cuestión de cómo podemos maximizar estas respuestas, e integrarlas en tratamientos clínicos rutinarios de una manera honesta.

¿Ha experimentado alguno de estos efectos mente-cuerpo usted misma?

Me tomé una pastilla placebo que compré por internet y me ayudó a deshacerme de un terrible dolor de cabeza tras 20 minutos, pero claro, eso no es un ensayo científico. Quizá mi dolor de cabeza se hubiera disipado de todos modos. También experimenté el valor del apoyo social al dar a luz a mis dos hijos. Tuve resultados dramáticamente distintos cuando estuve apoyada por parteras a las que conocía y en las que confiaba en comparación con desconocidas. De nuevo, mi caso no demuestra nada por si solo pero este efecto se confirma en ensayos con miles de mujeres: apoyo continuo e personalizado es una de las pocas intervenciones conocidas por reducir el riesgo de cirugía durante el parto.

Pero en general, experimenté los efectos que describo en el libro mediante entrevistas a personas que fueron tratados con alguno de estos métodos, a menudo participantes de ensayos clínicos. [Los tratamientos] incluyen un paciente de trasplante de riñón que bebía leche con sabor a lavanda para calmar su sistema inmune hostil; gente que había padecido depresión recurrente durante décadas y ahora se sentían bien por entrenamientos de “mindfulness” (también llamado “conciencia plena” en español); y peregrinos que buscaban sanación en el santuario religioso de Lourdes en Francia. Conocer a esta gente hizo de esto algo más allá de un proyecto intelectual para mí. Me mostraron como los hallazgos científicos no son sólo estadísticas en una hoja sino que tienen el poder de transformar vidas.

Usted escribe sobre víctimas de quemaduras que están siendo tratadas, en parte, con realidad virtual. ¿Puede explicar este método y qué lecciones cree que alberga?

Esta es otra terapia que pude probar. Investigadores en Seattle han desarrollado un paisaje de realidad virtual llamado Mundo de Nieve. Vuelas por un desfiladero helado y disparas bolas de hielo a personajes dentro del juego, como pingüinos y hombres de nieve. Está diseñado para funcionar como un analgésico: la idea es que el cerebro tiene una capacidad de atención limitada, por lo que si el desfiladero helado retiene esta atención, hay una menor capacidad sobrante para experimentar dolor. Cuando probé Mundo de Nieve, los investigadores usaron una caja caliente para simular una quemadura en mi pie, era bastante doloroso fuera del juego, pero una vez inmersa [en el juego], me lo pasaba tan bien que apenas notaba [el dolor].

Esta técnica fue desarrollada para ayudar a las víctimas de quemaduras, que deben pasar por agonizantes sesiones de curas y fisioterapia. Incluso cuando reciben la máxima dosis segura posible de analgésicos, estos pacientes siguen padeciendo un dolor terrible. Los ensayos demuestran que realizar estas sesiones mientras [están] inmersos en Mundo de Nieve, reduce su dolor entre un 15% y 40% adicional por encima del alivio que pueden conseguir con los medicamentos.

Esta es justo una de las muchas líneas de investigación que nos dice que el cerebro juega un papel destacado en determinar el nivel de dolor que sentimos. Por supuesto cualquier daño físico es importante, pero no es [motivo] suficiente ni necesario para que nosotros sintamos dolor. Así que creo que tenemos un punto de vista erróneo sobre el dolor. Nuestro enfoque es casi exclusivamente eliminarlo mediante medicación, lo que es increíblemente caro y causa enormes problemas debido a efectos secundarios y adicción. Investigaciones como Mundo de Nieve demuestran el potencial de las estrategias psicológicas para el tratamiento del dolor en ambos casos: maximizar la efectividad de los medicamentos y quizá, en algunos situaciones, sustituirlos.

Fuente: http://www.scientificamerican.com/espanol/noticias/la-ciencia-detras-de-los-pensamientos-curativos/

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