ONU y aborto: ¿Un problema de salud pública o un derecho humano?

aborto

Hace algunos días atrás hicieron noticia las declaraciones de Frances Raday, directora del Grupo de Trabajo sobre la Discriminación Contra la Mujer del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, en medio de su visita a nuestro país.

La funcionaria de la ONU planteó públicamente que como expertas recomiendan “la despenalización del aborto para niñas menores de 18 años como un tema de salud fisiológica y mental”. Tal como era de esperar, los argumentos principales para sostener esa aseveración eran los dos más comunes: la existencia de un alto número de abortos ilegales en Chile debido a su prohibición (los sitúan en aproximadamente 70 mil), y en segundo lugar, evitar el elevado riesgo en que se encontraría la vida y la salud de la mujer en el contexto de interrupciones clandestinas del embarazo.

Ambos fundamentos no se sostienen si se contrastan con los datos duros de la realidad sanitaria local.

Actualmente en nuestro país nacen alrededor de 250 mil niños cada año. Si se produjeran 70 mil abortos extrahospitalarios, significa que habría tantos como 1 aborto cada 3 a 4 recién nacidos vivos, lo que en principio parece una cifra desproporcionada. Confirmando esa impresión, estudios recientes del Dr. Elard Koch, epidemiólogo chileno y director de Melisa Institute, muestran que el número actual de abortos clandestinos, basándose en las estadísticas del Ministerio de Salud, podría ser tan bajo como 8 mil y nunca superior a los 21 mil.

Por otro lado, si el número de abortos ilegales fuera tan alto como lo plantean las especialistas de Naciones Unidas, sin duda que provocaría efectos significativos en nuestras tasas de mortalidad materna, elevándola muy por sobre el promedio regional. Por el contrario, Chile tiene la cifra más baja de toda Sudamérica y es sólo superado por Canadá en el resto del continente.

Ahora bien, habiendo mostrado que el aborto no es un problema de salud pública, queda por ver si es lícito plantear que posee un reconocido carácter de derecho humano en el concierto internacional, en cuyo caso no sólo debiese ser despenalizado, sino promovido, más aún si se considera que es impulsado tan enérgicamente por organismos de la ONU.

Si se analizan los tratados sobre derechos humanos firmados y ratificados por los Estados miembros de Naciones Unidas, ninguno menciona al aborto. De hecho, sólo uno (referente a los derechos de las personas con discapacidad) habla de salud reproductiva, pero no define el término.

No obstante, en 1994, luego de la realización de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (CIPD) en El Cairo, surge el Programa de Acción CIPD donde sí se definió la salud reproductiva, en la línea de la descripción de salud de la OMS (máximo bienestar físico, mental y social, esta vez relacionado con el sistema reproductivo). Aquí nuevamente no se incluyó al aborto dentro de la definición de salud sexual y reproductiva. Es más, se consideró como indeseable, limitándolo sólo a aquellos lugares donde ya era legal, y sosteniendo que “los gobiernos deberían tomar medidas oportunas para ayudar a las mujeres a evitar el aborto, que en ningún caso debería promoverse como método de planificación de la familia.”

En definitiva, si bien el derecho internacional consuetudinario (de costumbre) definió la salud reproductiva, siempre quedó expreso que no incluye al aborto como un componente. Las reservas de muchos Estados miembros sobre aquel punto reforzaron este hecho.

No obstante aquello, organismos dependientes de la ONU, que en principio estaban diseñados para vigilar el cumplimiento de los tratados y supervisar la ejecución de los mismos, han ido mucho más allá de lo determinado en dichos consensos y con frecuencia recomiendan a los Estados miembros que liberalicen las leyes sobre aborto, aunque dichas sugerencias no sean vinculantes ni puedan crear derecho internacional (Ejemplo de recomendaciones en ese sentido se realizaron a Polonia en 2004 y a Kenia e Irlanda en 2008).

Este tipo de hechos de presión indebida, incluida la intensa semana de lobby del Grupo de Trabajo que estuvo en Chile, se opone notoriamente con lo descrito en el propio Plan de Acción de la CIPD, que en el párrafo 8.25 establece que ningún Estado puede ser forzado a cambiar sus leyes sobre el aborto. Esa contradicción debiese resonar en la orgánica de dichas instituciones.

¿Es el aborto un problema de salud pública o un derecho humano? Ni lo uno ni lo otro. Más parece ser fruto de una ideología que, como tal, desconoce la realidad e impone sus dogmas al interior de las organizaciones, pervirtiendo su ideario original y transformando -lamentablemente- los derechos de todos en los privilegios de unos pocos: el derecho a la vida de todos se convierte en el respeto irrestricto a la vida, pero sólo de aquellos privilegiados, ya nacidos.

Fuente: http://voces.latercera.com/2014/09/23/jorge-acosta/onu-y-aborto-un-problema-de-salud-publica-o-un-derecho-humano/

HOMOVOX: Homosexuales en contra del matrimonio homosexual

Contra todo pronóstico, agrupación ciudadana busca darle voz a los homosexuales que están en contra del llamado “matrimonio igualitario”.

Nathalie de Williencourt (a la derecha) comenzó con HOMOVOX.

Nathalie de Williencourt (a la derecha) comenzó con HOMOVOX.

En noviembre de 2012, Nathalie de Williencourt decidió fundar una agrupación ciudadana para darle voz a los homosexuales franceses que están en contra del matrimonio homosexual y de la adopción que el proyecto de ley supone. Ésto porque, desde su punto de vista, las reivindicaciones de los lobbistas homosexuales no representan necesariamente a la mayoría de los gays de su país. Williencourt se percató, por ejemplo, de que ninguno de sus amigos estaban de acuerdo con “el matrimonio para todos”.

Al principio pensó en escribir un libro, pero optó por grabar un video con su testimonio. Hoy la página web de la agrupación (www.homovox.comreúne el testimonio de aquellos homosexuales en contra de este proyecto de ley, quienes no tendrían espacios suficientes para expresarse en contra de los que se han convertido en los portavoces del movimiento homosexual.

Muchos de los testimonios que ahí aparecen argumentan en contra del matrimonio homosexual porque se trataría de una ilusión, de una falsa reivindicación de la fecundidad entre dos personas del mismo sexo porque saben que no pueden dar origen a la vida y creen en la necesidad de un niño de tener un padre y una madre.

Se desconoce el número exacto de adherentes que tiene este movimiento aunque se estima que, el 13 de enero de 2013, más de un millón de personas marcharon en París junto a HOMOVOX en defensa del “auténtico matrimonio”.

Aquí les dejamos algunas de las frases destacadas de estos opositores al matrimonio homosexual y el link de los videos en francés.

Seguir leyendohttp://www.chileb.cl/noticias/homovox-homosexuales-franceses-se-agrupan-en-contra-del-matrimonio-homosexual-nota/

Estudio explica qué pasaría con la Tierra después de una guerra nuclear

Estudio explica qué pasaría con la Tierra después de una guerra nuclear.

Estudio explica qué pasaría con la Tierra después de una guerra nuclear.

Tan sólo en la segunda década posterior al evento, la temperatura en la superficie del planeta habría disminuido y aumentaría estrepitosamente.

Contrario a lo que se pensaba del “invierno nuclear” como consecuencia de ataques con ojivas nucleares, un antiguo estudio realizado en 1983 por un equipo de investigadores, aseguraba que el remanente de las explosiones provocaría un efecto de capa protectora de luz, dando lugar a una temporada fría por décadas. Sin embargo, en un modelo de computadora basado en el estudio desarrollado por cuatro científicos medioambientales de EE.UU, las consecuencias son más bien ‘ardientes‘ a largo plazo; por consiguiente, mayor problemática.

Para el modelado, los expertos eligieron a Pakistán e India para virtualizar una confrontación desmedida con el uso de 100 armas nucleares, cada una del tamaño de la que fue lanzada por EE.UU en Hiroshima, Japón. En la actualidad, las mayores potencias nucleares cuentan con ojivas de mayor capacidad explosiva, por lo que las consecuencias de un ataque entre países desarrollados serían mucho más catastróficas. Por ahora, nos enfocaremos en las de menor potencia.

Después del evento nuclear

Al finalizar la guerra entre ambas naciones, las consecuencias no parecen tan terribles a corto plazo, aunque luego de una década comenzaremos a percibirlo de otro modo. Considerando que fue una guerra regional y no entre hemisferios, el destino de los sobrevivientes al ataque, cerca y lejos de ese lugar, será terrible.

El remanente de las explosiones y la quema que dejaron a su paso concentraría cinco megatones de carbon negro en la atmósfera, lo cual absorbería la luz del Sol antes de llegar a la superficie del planeta. Efectivamente, en un año disminuiría 17° celsius la temperatura, en promedio, alcanzando la temperatura más fría en mil años. Después de cinco años, la temperatura disminuye a 16° celsius; la lluvia se reduciría en un 9%. Tendríamos que esperar cerca de 20 años para que, desgraciadamente, el planeta sea 17° celsius más caliente que antes del conflicto nuclear y la lluvia reduzca a 4.6% de lo que solía aparecer antes del evento, con todo y la contaminación en el ambiente.

Las reacciones químicas en la atmósfera de la Tierra comenzarán a dañar la capa de ozono, la cual nos sirve como capa protectora de la radiación ultravioleta. En cinco años, la capa será de 20% a 25% menos resistente, en promedio. Después de 10 años, se habría recuperado hasta reducir al 8% su incapacidad de resistencia. El aumento de la radiación provocaría cambios en el ADN vegetal, cáncer en la piel y quemaduras en los humanos.

En el transcurso de los dos primeros años, hasta los seis, la temporada adecuada para el cultivo se reduciría de 10 a 40 días, dependiendo de la región. En un estudio publicado en 2013, investigadores estimaron cerca de 2 mil millones de muertes, tan sólo por hambruna, tomando en cuenta la misma cantidad de ojivas intercambiadas en un conflicto nuclear.

De la ficción a la realidad

Es obvio que alguno de estos argumentos no haya podido ser comprobado, aunque también resulta satisfactorio y de vital importancia terminar con la fabricación de armamento nuclear. Los científicos estiman cerca de 17.000 armas de distinta potencia, pero que debido al gran avance de la tecnología, su capacidad rebasa las estimaciones del promedio.

Si en algo concuerdan los estudios de antaño respecto a los nuevos y mejorados diseños por computadora es, que a largo plazo, las consecuencias se acercan a la extinción de todo lo que conocemos en el planeta como “ser vivo,” temiendo al uso inevitable de este armamento para defender los intereses de las naciones. Estas investigaciones son de carácter medioambiental y pretenden instruir a los gobiernos para que procedan a la destrucción del armamento nuclear.

Fuente: http://www.fayerwayer.com/2014/07/estudio-explica-que-pasaria-con-la-tierra-despues-de-una-guerra-nuclear/?utm_content=buffer260f8&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer