Nabuconodosor

¿Qué sucedió ‘en las edades que nos han precedido’, al extremo que no hay ‘memoria’ de lo ‘primero’? Lo que ocurrió en aquellos lejanos albores le ha sido ocultado a la humanidad desde dos diferentes lugares. Desde la posición del Altísimo, este secreto o misterio se le había mantenido oculto al mundo contaminado por la rebelión por causa de los desafortunados resultados de esa insurrección, y desde la otra posición, la de Satán, esta realidad le es ocultada al género pensante para sumirlo cada día más en la ignorancia más extrema y así aprovecharse de esa coyuntura para esclavizarlo en su máxima expresión. Lo poco que al respecto algunos saben lo visualizan desde ópticas religiosas o místicas, por tanto imprecisas.

“Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días.”, explicó el profeta israelita, Daniel, al rey de Babilonia (Dan.2:28). Para los ‘últimos días está previsto que no quede oculto nada entre cielo y tierra (Mt. 10:26; Mr. 4:22; Lc. 8:17). En esa perspectiva, ¿qué es lo que Dios hizo saber al rey de Babilonia acerca de lo que ha de acontecer en los ‘postreros días’?

Estando el rey en su cama, le vinieron pensamientos por saber lo que había de ser en lo por venir; y el que revela los misterios le mostró lo que ha de acontecer. A Daniel le fue revelado este misterio, no porque en él hubo más sabiduría que en todos los vivientes, sino para que le diera a conocer al rey la interpretación, y para que ese monarca entendiera los pensamientos de su corazón (Dan.2:29-30).

El rey de Babilonia mientras dormía vio una imagen. Estaba en pie delante del rey y su aspecto llamaba la atención. “La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce; sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido.” El rey estaba mirando espantado esa visión “hasta que una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra.” Ese fue el sueño y su interpretación le correspondió a Daniel.

“Tú, oh rey, eres rey de reyes; porque el Dios del cielo te ha dado reino, poder, fuerza y majestad. Y dondequiera que habitan hijos de hombres, bestias del campo y aves del cielo, él los ha entregado en tu mano, y te ha dado el dominio sobre todo; tú eres aquella cabeza de oro. Y después de ti se levantará otro reino inferior al tuyo; y luego un tercer reino de bronce, el cual dominará sobre toda la tierra. Y el cuarto reino será fuerte como hierro; y como el hierro desmenuza y rompe todas las cosas, desmenuzará y quebrantará todo. Y lo que viste de los pies y los dedos, en parte de barro cocido de alfarero y en parte de hierro, será un reino dividido; mas habrá en él algo de la fuerza del hierro, así como viste hierro mezclado con barro cocido. Y por ser los dedos de los pies en parte de hierro y en parte de barro cocido, el reino será en parte fuerte, y en parte frágil. Así como viste el hierro mezclado con barro, se mezclarán por medio de alianzas humanas; pero no se unirán el uno con el otro, como el hierro no se mezcla con el barro. Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre, de la manera que viste que del monte fue cortada una piedra, no con mano, la cual desmenuzó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro. El gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo por venir; y el sueño es verdadero, y fiel su interpretación” (Daniel 2:31-45).

Aparentemente Daniel explicó al rey que esos reinos seguirían al de Babilonia. Con base en esa interpretación la mayoría de los eruditos bíblicos creen que esos reinos fueron los Medo-Persia, Grecia y Roma. Como Roma fue el último en la sucesión de esos poderosos imperios, se ha interpretado que la destrucción de la imagen representa la decadencia de las naciones que emergieron después de la desmembración de Roma, pero los doctos no se han detenido a evaluar esta porción de esa profecía: “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre, de la manera que viste que del monte fue cortada una piedra, no con mano, la cual desmenuzó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro.”. Ese fragmento deja sin piso esas tradicionales interpretaciones, simplemente porque la profecía es tajante cuando advierte que solamente “en los días de esos reyes”, que existan, que se hayan ‘levantado’ en los ‘últimos días’ profetizados, es cuando “el Dios del cielo levantará ese reino que jamás será destruido”.

Es un hecho irrefutable que Dios no levantó en aquellos tiempos cuando existieron los reinos Medo-Persia, Grecia y el romano ese reino que jamás será destruido. Hasta nuestros días mucha agua ha corrido y aun el reino de Dios no se ‘levantado’. Desde luego que ese último reino es el que ‘levantará’ Jesucristo, en nombre de su Padre, el “Dios del cielo”. Ese reino no “será dejado a otro pueblo” diferente del pueblo de Israel, toda vez que Jesús es –precisamente el Ungido (Mesías) de esa nación. El reino de ‘El Mesías de Israel’, al imponerse en donde la rebelión hizo cuanto le plació, lo hará ‘con vara de hierro’ durante los mil años siguientes a su descenso. Entonces “desmenuzará y consumirá a todos esos reinos” advertidos en la profecía. En otras palabras, ese reino mesiánico hará polvo a esos reinos que se ‘levantarán’ en estos venideros días, gobiernos que se han de manifestar después del ‘reino inferior’ que siguió al de Nabuconodosor, el de su hijo, reino eliminado por el rey persa, Ciro el Grande.

La historia nos indica que con la conclusión de ese ‘reino inferior’ terminó el imperio de Babilonia (2Cr. 36:22). Desde esos días, aparte de esos reinos, el Medo-Persia, el griego y el romano, otros imperios han respirado y desaparecido, pero el reino de Dios no se ‘levantó.’ Esos gobiernos profetizados se ‘levantarán’ solamente en los ‘últimos días’. Eso significa que en los tiempos cercanos aparecerá en la escena mundial ese ‘tercer reino de bronce, el cual dominará sobre toda la tierra’ y que con este gobierno se erigirá ese ‘cuarto reino’ que ‘será fuerte como el hierro’. A la par el quinto ‘reino’ también estará presente. Ese es el que el rey vio “de los pies y los dedos, en parte de barro cocido de alfarero y en parte de hierro”. Será un gobierno dividido que se caracterizará porque estará respaldado por “la fuerza del hierro”, aunque “mezclado con barro cocido.” Ese régimen “será en parte fuerte, y en parte frágil.” Estará gobernando en el mundo por corto tiempo, apenas tres años y medio, y lo logrará “por medio de alianzas humanas; pero no se unirán el uno con el otro, como el hierro no se mezcla con el barro.”

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