EL TIEMPO DEL FIN – 2ª parte

Dios estableció un tiempo específico para el comienzo del juicio (Hechos 17:31). Daniel nos dice que hay un tiempo señalado en el fin (Daniel 8:17, 19). La visión de Daniel nos conduce a la discusión de la “purificación del santuario” (Daniel 8:14), que ya descubrimos que es una referencia al Día de la Expiación, una fiesta anual especial que los israelitas consideraban como un día de juicio. El ángel Gabriel le dijo a Daniel que la “purificación del santuario” iba a ocurrir al cabo de 2.300 días, que en la profecía bíblica representan 2.300 años (Ezequiel 4:6; Números 14:34).

En Exodo 25:8, 9 Dios le dio instrucciones a Moisés para que construyera el santuario terrenal siguiendo el plano que se le mostró (Véase también Hechos 7:44 y Hebreos 8:5). Ese plano era el calco del santuario en el cielo. El antiguo santuario israelita era un “tipo” o sombra del ministerio de nuestro Sumo Sacerdote Celestial (Jesucristo) en el Santuario celestial (Hebreos 8:1,2). Todo lo que pasaba en el santuario terrenal prefiguraba algún aspecto del ministerio de Cristo en favor de nuestro mundo pecador. Hasta los muebles y el diseño (véase Hebreos 9:1-6) señalaban a Cristo.

El santuario estaba dividido en dos compartimentos: el Lugar Santo y el Lugar Santísimo. En el Lugar Santo, estaba el candelabro de oro (que señalaba a la “Luz del Mundo” Juan 8:12), la mesa de panes sin levadura (que señalaba al “Pan de Vida” Juan 6:35, 51), y el altar del incienso (que representaba las oraciones de los santos que ascendían hasta Dios,Apocalipsis 8:4). En el Lugar Santísimo estaba el Arca de la Alianza, con dos ángeles posados en la cubierta que representaba el trono de Dios. Era el lugar donde la presencia de Dios descansaba literalmente cuando estaba en el santuario (véase, por ejemplo, Exodo 25:22; Exodo 40:34-38; 1 Reyes 8:6-13 y Salmo 99:1). En el interior del arca estaban los Diez Mandamientos de la ley moral de Dios, representando el hecho de que el gobierno de Dios se basa en las normas de la ley. A la cubierta del arca también se la denominaba trono de la gracia. Nuestro Dios no sólo es perfectamente justo, sino que también es perfectamente misericordioso. (En Apocalipsis 11:19, el “templo de Dios” se abre en el cielo, y se le da a Juan una vislumbre del arca, o “trono de Dios”.)

Los sacerdotes terrenales entraban al Lugar Santo todos los días. La sangre de los animales sacrificados (que señalaban nuestra necesidad de la sangre de Cristo) era asperjada sobre el velo. Únicamente el Sumo Sacerdote podía entrar en el Lugar Santísimo, y sólo una vez al año (Hebreos 9:7). Eso sucedía el Día de la Expiación, cuando el santuario era purificado de todos los pecados que se habían transferido simbólicamente a su interior. Según Levítico 16:7-10, 15, 16, se seleccionaban dos machos cabríos. Uno iba a ser el macho cabrío del Señor; el otro iba a ser el chivo expiatorio. Aarón, elSumo Sacerdote, sacrificaba el macho cabrío del Señor y asperjaba su sangre siete veces ante el trono de la misericordia, en el Arca del Pacto o de la Alianza. Así el santuario era purificado. El pecado era erradicado simbólicamente por la sangre de Cristo. Levítico 16:20-22 nos dice que los pecados del santuario eran colocados simbólicamente sobre el chivo expiatorio, el cual era conducido al desierto para que muriese. Este sistema de purificación del santuario se practicó año tras año durante siglos. Pero cuando llegó Cristo y murió en la cruz del Calvario, este sistema de sacrificios ya no fue necesario porque el Cordero de Dios (al que señalaban todos los animales sacrificiales) había sido inmolado por nuestros pecados una vez y para siempre (Hebreos 10:10). El velo del templo se rajó en dos partes en el momento de la muerte de Cristo, significando que el sistema de sacrificios en el santuario terrenal había llegado a su final (Mateo 27:51).

Según Hebreos 9:24, cuando Jesús regresó al cielo, fue al Santuario Celestial a ministrar como nuestro Sumo Sacerdote. 1 Juan 2:1 nos recuerda que está oficiando como nuestro Abogado. Sin embargo, el pecado no tendrá vía libre para siempre. En Hebreos 9:26-28 se nos dice que Cristo “aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (Hebreos 9:28). La profecía de Daniel 8:14 apunta hacia nuestra época. Es la profecía de tiempo más larga que hay en toda la Biblia: 2.300 años hasta que el santuario sea purificado, o que el juicio celestial se inicie. Para ayudarlo a Daniel a entender, Gabriel apareció en otra visión por la cual Daniel podría comprender y calcular la primera (Daniel 9:25-27). Se le dijo a Daniel que setenta semanas habían sido “determinadas” (o literalmente, “cortadas” de la profecía de 2.300 años) para su pueblo. ¿Quiénes eran el pueblo de Daniel. Los judíos. La profecía de los 2.300 años está dividida en dos partes para hacerla más simple: las primeras setenta semanas (70 x 7 = 490 años) son para el pueblo judío. El resto de los 1.810 años nos llevan hasta el tiempo del juicio.

En Daniel 9:25, aprendemos que la fecha que señala el comienzo de ambos períodos (el de los 490 años para los judíos y el de los 2.300 años hasta el juicio), es la promulgación de la orden para reconstruir a Jerusalén. En 457 a. C., el rey persa Artajerjes envió a los judíos de regreso a Jerusalén, junto con todos los elementos que pudieran necesitar para reconstruir la ciudad (Esdras 7:13, 20, 23, 27). Si le agregas 490 años al año 457 a. C., llegas a 34 d. C. (Recuerda que debes agregar un año cuando cruzas la línea entre del antes y el después de Cristo). El 34 d. C. es justamente el año en el que fue apedreado Esteban, y el evangelio fue llevado a el mundo gentil. Daniel 9:25 nos dice que el Mesías aparecería después de “siete semanas, y sesenta y dos semanas”. Eso nos da un total de 69 semanas, o 483 años. Nos lleva hasta el año 27 d. C., el mismo año en que Jesús fue bautizado y comenzó su ministerio como Mesías. (Lucas 3:1 nos dice que fue bautizado en el año décimo quinto de Tiberio César.) Daniel 9:26 nos dice que algún tiempo después del año 27 Jesús sería “cortado” y que luego, el santuario y la ciudad serían destruidas. (Compárese con Mateo 23:37-39; 24:2). En armonía con la palabra de Dios, Jerusalén fue asolada por Tito, el general romano, en 70 d. C. Entonces en Daniel 9:27 se nos dice que Jesús confirmaría el pacto con los judíos por una semana, o siete años. Ese es precisamente el período que va de 27 d. C. (subautismo) hasta 34 d. C. (cuando el evangelio fue a los gentiles). En la mitad de este período, Jesús fue “cortado” (compárese con Isaías 53:8) por nuestros pecados. Eso ocurrió en la primavera de 31 d. C., ¡justo como estaba agendado! En ese momento, el sistema de sacrificios llegó a su final. El velo del templo se rompió en dos partes. Sabemos que los 490 años comenzaron en 457 a. C. Si contamos 2.300 años desde 457 a. C. llegamos hasta 1844. Eso significa que en 1844 comenzó la escena del juicio que se describe en Daniel 7:9, 10.

El juicio continúa desarrollándose en la actualidad. Esto está en armonía con el espectacular mensaje de advertencia que se le da al mundo justo antes del regreso de Jesús; en Apocalipsis 14:6, 7, un mensaje universal afirma que la “hora de su juicio ha llegado”. Apocalipsis 3:5 nos dice que Jesús estará de nuestro lado en el juicio, si se lo permitimos. 1 Juan 2:1 nos dice que Cristo está deseoso de representarnos ante el Padre. Todo depende de ti.

Fuente: http://www.estaescrito.org

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