Es una visión increíble: cuatro crípticos jinetes galopan en medio del cielo. ¿Cuál es el significado?

Apocalipsis 6:2, 3. El primer caballo es blanco, símbolo bíblico de pureza (véase, por ejemplo, Isaías 1:18; Salmo 51:7).Este caballo representa a la iglesia cristiana primitiva en su pureza original. Los primeros cristianos, libres de muchos de los problemas que habrían de minar a la iglesia en los años por venir, se propusieron conquistar los corazones del mundo con el evangelio de Jesucristo. Alrededor de 62 d. C., el apóstol Pablo pudo decir que el evangelio había sido predicado “a toda generación que está debajo del cielo” (Colosenses 1:23). Se ha estimado que, en el lapso de una generación, una de cada tres personas en el imperio romano profesaban alguna forma de cristianismo.

Apocalipsis 6:4, 5. El segundo caballo es rojo, símbolo del derramamiento de sangre, la persecución y la destrucción. Al principio, la iglesia cristiana primitiva no fue tolerada por el Imperio Romano pagano, y enfrentó períodos de severa persecución en los cuales Roma trató de eliminarla de la faz de la tierra. Sin embargo, esa estrategia fracasó. Cuando la persecución se intensificó sólo sirvió para que los cristianos se envalentonaran más. Tertuliano, uno de los padres de laiglesia primitiva dijo: “La sangre de los mártires es la semilla de la iglesia”.

Apocalipsis 6:5, 6. Cuando la persecución fracasó en su intento de destruir el cristianismo, el diablo intentó con una nueva táctica. “Si no puedes vencerlos —reflexionó— entonces únete a ellos”. El caballo negro representa el período de la historia de la iglesia durante el cual el cristianismo se convirtió en la religión oficial del estado del Emperador Romano, después de la conversión de Constantino a la fe cristiana. Constantino, justo antes de una importante batalla que le aseguraría el control del Imperio Romano, recibió una supuesta visión en la que se le decía que no lo conquistara en nombre de sus dioses paganos, sino en nombre de la cruz. Constantino se convenció de que su victoria en la batalla del puente Milviano fue una señal de que debía convertir el Imperio Romano al cristianismo. Bautizó a su ejército y los hizo cristianos. Lamentablemente, el cristianismo no funciona de esa manera. No se puede tomar una decisión por Cristo en lugar de otra persona. Constantino sólo logró cristianizar el paganismo. Cuando el cristianismo se convirtió en la religión favorecida por el imperio, los paganos se unieron a la iglesia cristiana por millares sin abandonar sus creencias paganas. El resultado fue desastroso para la iglesia. La intriga política y el control del gobierno romano se unieron con las creencias cristianas, y las prácticas paganas ingresaron en el cristianismo. El matrimonio de la iglesia y el estado llevó a prácticas contrarias al cristianismo bíblico tales como la religión como negocio y la persecución de los no creyentes.

Apocalipsis 6:7, 8. El último caballo es amarillo, el color de la muerte. Cuando el cristianismo se hizo popular y se encontró cómodo, ingresó en un período de la historia en el que perdió el amor y fervor por esparcir el evangelio. Se volvió ritualista y hasta perdió su significación a medida que la tradición comenzaba a suplantar a las Escrituras como fundamento de la práctica cristiana. Quizá lo más trágico fue que la iglesia comenzó también a exigir la estricta conformidad con los gobiernos seculares. Los cristianos no solo perseguían a los que no lo eran, sino que también perseguían a otros cristianos que decidían vivir sus vidas de acuerdo con la Biblia y no con las tradiciones de la iglesia.

Apocalipsis 6:9-11. La persecución alcanzó su pico máximo durante la Edad Media, y aquí se le muestra a Juan a los que perdieron sus vidas por cuestiones de conciencia. Así como la sangre de Abel clamaba a Dios, Dios tiene en cuenta lo que le ha sucedido a sus hijos que sufrieron por su causa. ¿Hasta cuándo seguirá sucediendo? No por mucho tiempo. Luego Dios nos da algunas pistas sorprendentes sobre el final de la tribulación de la Edad Media y el ingreso del mundo en la hora de su juicio final.

Apocalipsis 6:12-13. Juan nos da tres señales principales a las que debemos estar atentos al final de la Edad Media:

Un gran terremoto. Esto ocurrió tal como fue señalado, cuando el terremoto de Lisboa del 1 de noviembre de 1755 acaparó la atención del mundo entero. Aún se lo considera como uno de los terremotos de mayores proporciones de todos los tiempos. Sus efectos se sintieron desde el norte de Escandinavia hasta el sur de Africa; desde Europa hasta el Caribe e incluso Groenlandia.

El sol se oscurece y la luna se convierte en sangre. El gran Día Oscuro de mayo de 1780, conmocionó a los que lo presenciaron. De pronto el cielo se puso negro en mitad del día, y estaba tan oscuro que los animales se dirigieron a sus guaridas y las personas se vieron obligadas a suspender sus tareas habituales. Muchos que habían leído sobre esas cosas en la profecía de la Biblia, temieron que el día del Señor estuviera a las puertas. La historia registra que la luna apareció roja como la sangre la noche siguiente.

Las estrellas caen del cielo. La lluvia de meteoros de Leonidas hizo su aparición más espectacular el 13 de noviembre de 1833. Los astrónomos contemporáneos compararon la frecuencia de la caída de las estrellas fugaces con la caída de la nieve en una tormenta terrible. Cerca de 200.000 estrellas fugaces por hora invadieron el cielo, creando una luminosidad tan tremenda que, a las 2 de la madrugada, las personas se levantaban de sus camas para mirar de dónde procedía tanta luz. Hasta el criado de Abraham Lincoln despertó a su amo para anunciarle que había llegado el día del juicio.

Estos tres acontecimientos son muy importantes por varias razones. En primer lugar, fueron de magnitud tan grande que llamaron poderosamente la atención. Causaron una profunda impresión en los que los contemplaron, y hasta provocaron muchas conversiones. En segundo lugar, sucedieron exactamente en el lugar en el cual la gente podría evaluarlos como las señales de la Biblia: en Europa y Norteamérica. Era en esos lugares donde las personas habían comenzado a estudiar las profecías bíblicas con fervor en las postrimerías de la Edad Media, cuando el comienzo de una nueva era de libertad religiosa estaba en camino. Si esos sucesos hubieran ocurrido en cualquier otro lugar, su significación se hubiera perdido ante las personas que no estudiaban las escrituras. En tercer lugar, esos eventos ocurrieron en el preciso momento y en el mismo orden en que se los menciona en la profecía bíblica. Primero un terremoto, luego el día oscuro, luego la luna como sangre, y finalmente la caída de las estrellas.

Esos acontecimientos fueron el modo que Dios empleó para confirmarnos que la historia está desarrollándose de acuerdo con su plan. El próximo acontecimiento que debemos esperar, según la lista que se nos da en Apocalipsis 6, es el día del Señor, y el regreso de Cristo Jesús. Vivimos ahora entre los versículos 13 y 14 de esta increíble profecía.

Apocalipsis 6:14-17; 8:1. No debemos confundirnos al respecto. Jesús regresará. Un día el cielo quedará en silencio mientras Jesús regresa con todos sus ángeles (compare con Mateo 25:31). Ese día, sólo importará una cosa: “¿Quién podrá sostenerse en pie?” Tú puedes elegir. Nadie tiene por qué ser sorprendido sin preparación cuando Cristo venga. No tienes por qué temer al día de su regreso. Puedes estar preparado; puedes saludarlo como quien saluda a un viejo amigo. Todo lo que tienes que hacer es comenzar a desarrollar esa amistad ahora mismo.

Fuente: http://www.estaescrito.org

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